PROGRAMA THINK BIG DE LA FUNDACIÓN TELEFÓNICA
120 cerebros que se quedan en España
viernes 01 de febrero de 2013, 22:31h
La Fundación Telefónica apoya a 120 jóvenes en sus proyectos a través del programa Think Big, un medio de financiación y ‘coaching’ para el desarrollo de ideas que “mejoren el entorno social” al tiempo que mitigan la tristemente aceptada fuga de cerebros.
Que el paro juvenil está alcanzando en España cifras preocupantes y que la famosa fuga de cerebros ya no nos recuerda tanto a una película cómica española como a un peligro acuciante para el futuro de toda una generación –esa de la que se dice que es “la más preparada”-, son hechos. Que entre el pesimismo generalizado nos cuesta percatarnos de las notas positivas, también. Pero haberlas, las hay.
Este viernes se ha dado en Madrid el pistoletazo de salida al proyecto Think Big, un programa dirigido a emprendedores creado por la Fundación Telefónica que financiará y orientará los proyectos de 120 jóvenes de toda España.
Think Big, que lleva funcionando dos años en los cinco países europeos en los que opera la compañía de telefonía –Reino Unido, Irlanda, Alemania, República Checa y Eslovaquia-, arrancó su convocatoria española en el verano de 2012, a la que se presentaron 480 ideas procedentes de todos los puntos del país y orientadas a proyectos “que tenga que ver con mejorar el entorno social”, según explica a este periódico la directora de proyectos sociales de la Fundación Telefónica, Carmen de la Serna.
La mitad de los proyectos llegaron a la Fundación a través de una convocatoria pública dirigida a cualquier joven de entre 15 y 25 años, mientras que la otra mitad proviene de la red de ONG’s con la que trabaja Telefónica. “Queríamos asegurarnos de que una parte del proyecto favoreciera a los chicos en riesgo de exclusión con los que trabajan esas organizaciones”, señala De la Serna.
Los 120 jóvenes cuyos proyectos han sido seleccionados se han dado cita este viernes en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid para inaugurar oficialmente el Think Big España con un fin de semana de formación que dará inicio a la primera fase del programa: una financiación de 400 euros para cada idea y un ‘coach’ personal, trabajador o voluntario de Telefónica, que ayude en la orientación efectiva de los proyectos. Tras unos meses preparatorios, 40 de los chavales recibirán los 2.500 euros de la segunda fase y, según ha adelantado la directora de proyectos sociales de la Fundación, en marzo o abril se abrirá la convocatoria de una segunda “ola Think Big”, que nace con “absoluta vocación de continuidad” en nuestro país.
Desde la Fundación Telefónica aseguran apostar por fomentar la “iniciativa personal” y animar a los jóvenes a “emprender por cuenta propia” en un momento en el que “no se ve un futuro claro para los jóvenes ni en la empresa pública ni en la privada”.
Entre los 120 proyectos que este viernes han comenzado oficialmente su andadura se intuyen las fortalezas y debilidades del hoy más actual: la crisis y el paro de un lado y los increíbles horizontes semiabiertos en el desarrollo científico, las nuevas tecnologías o la conciencia medioambiental en el otro brazo de la balanza.
En lo que coinciden buena parte de estos jóvenes es que la situación económica actual dificulta las cosas, sí, pero no las neutraliza por completo.
Cristina Balbás tiene 25 años, es de Burgos y está desarrollando su doctorado en Madrid, en el Centro Nacional de Investigación Oncológica (CNIO). El objetivo último del proyecto que desarrolla junto a algunos de sus compañeros dentro del programa Think Big es tan simple como ambicioso: transmitir el mensaje de que se puede vivir de la ciencia en España y que, además, es divertido.
Cuando se hizo pública la convocatoria del programa de la Fundación Telefónica, Balbás acababa de arrancar junto a otros estudiantes de doctorado e investigadores postdoctorales un grupo de divulgación y comunicación científica con el objetivo de acercar su trabajo al público general. “Conociendo la iniciativa de Think Big, presentamos un subproyecto que trata de acercar la investigación sobre el cáncer a los estudiantes de primaria con un triple objetivo”, explica la estudiante a este periódico para desglosar las intenciones de su iniciativa: “educar, despertar vocación e incrementar la visibilidad de los investigadores”.
Por un lado, este grupo de divulgación del CNIO pretender enseñar a los alumnos en qué consiste exactamente el cáncer, una enfermedad que, como señala Balbás, es muy familiar para casi todo el mundo, pero muchas veces “no se sabe muy bien de qué va”, al tiempo que quieren educar en hábitos de vida saludable “que pueden ayudar a prevenir el desarrollo del cáncer”. Por otra parte, el público objetivo al que se dirige el proyecto es muy concreto: alumnos de último ciclo de primaria “que aún no se enfrentan a las optativas de secundaria pero que ya conocen lo básico a nivel de biología para que entiendan lo que se les cuenta”, esos en los que se puede “despertar vocación” hacia la investigación.
Por último, Balbás considera “paradójico” que siendo los investigadores “un colectivo con mucho aprecio social, muy bien enfocado”, la gente no conoce realmente su “día a día”. En este sentido, la estudiante y emprendedora percibe una falta de percepción real de lo que significan, por ejemplo, los recortes en investigación. “Nos afectan mucho más de lo que la gente piensa porque desarrollamos un trabajo muy de fondo, muy a largo plazo”, explica Balbás, quien espera con este trabajo “desde la infancia” se haga de altavoz hacia los adultos “cuando los niños lleguen a casa y cuenten a sus padres lo que hacen en el cole”.
El proyecto de estos jóvenes científicos del CNIO plantea una serie de visitas a colegios públicos, incluyendo muchos de los bilingües dado que muchos de sus investigadores proceden de otros países, que se desarrolle en tres partes: una introducción teórica sobre la enfermedad, un vídeo autoproducido sobre el día a día de un trabajador o estudiante del CNIO y un pequeño experimento “para que se metan de lleno en la faena”.
Tras estudiar la carrera en Estados Unidos, Balbás volvió a España para realizar su doctorado y con la intención de desarrollar su carrera profesional en su país. “Es cierto que todo el mundo habla de la fuga de cerebros y, en realidad, es parte de la carrera científica de un investigador formarse fuera, pero lo que nos interesa es que luego la gente vuelva a través de buenos programas de retorno”, señala. “Lo ideal es irte fuera, extraer lo mejor que puedas de esa formación y luego intentar aplicarlo en tu país. Al final se ha invertido mucho en nosotros y no queremos que esa se pierda, no lo quiere ningún gobierno ni lo quiere la ciencia española como colectivo”, afirma Balbás.
Pero, ¿es posible en la situación actual? “De la ciencia se puede vivir, no es el mejor momento, pero precisamente por eso tenemos que redoblar nuestros esfuerzos, porque lo que se recorte o se invierta ahora va a tener repercusión de aquí a diez, quince o veinte años”, opina la joven investigadora.
Ossian de Leyva también ha traído de vuelta su cerebro a España mientras la fuga continúa. Licenciado en ciencias ambientales y estudiante de un máster de restauración de ecosistemas, este alcarreño de 25 años estaba en Letonia con una beca Erasmus cuando las noticias que le llegaban de la crisis en España le hicieron volver. “Antes que dar mi conocimiento fuera quería intentarlo aquí y demostrar que sí se puede, lo sentía como una responsabilidad social: la sociedad ha invertido mucho tiempo y dinero en mi formación, así que no puedo irme fuera sin ni siquiera intentarlo aquí”, explica De Leyva a El Imparcial.
Su deseo de “intentarlo aquí” no puede ser más local, más cercano a su entorno. De Leyva está desarrollando dentro del programa de la Fundación Telefónica un catálogo digital de árboles de la comarca de Molina de Aragón (Guadalajara) que, por sus características científicas, paisajísticas, morfológicas o, incluso, sociales se consideran singulares.
Además de preservar y difundir el valor ecológico de la zona, el joven emprendedor orienta su proyecto a convertirse en un complemento más para el turismo. “La comarca es una de las zonas más deprimidas socioeconómicamente de España, los chavales se van, la gente es muy mayor y hay un gran despoblamiento, es el mayor desierto de España y uno de los mayores de Europa”, justifica.
Nuevas tecnologías
Como no podía ser de otra manera, Internet es la base de muchos de los proyectos de este primer Think Big español. El coruñés Sergio López, de 23 años, ha aunado agricultura con gran ciudad y nuevas tecnologías en su propuesta de alquileres de huertos urbanos para dar salida a terrenos en estado de abandono.
“Unimos dos ideas”, explica López, “el tema de la agricultura ecológica que está muy de moda y el deseo cada vez más extendido de cultivar tus propios productos con la realidad de muchos terrenos en el entorno semi-urbano que por su tamaño o por su calificación urbanística no tenían ninguna utilidad y en general se encuentran en estado de abandono sin producir ningún tipo de beneficio”.
“La idea es crear una web para aglutinar a esa gente que tiene esos terrenos y no sabe qué hacer con ellos y ponerlos en contacto con la gente que está interesada en tener estos huertos”, señala el joven, que responde a un perfil muy común en estos días: diplomado – en Ingeniería Técnica de Obras Públicas-, estudiante de máster y sin haber tenido aún la oportunidad de trabajar en su sector.
No es el único. “Hay más de un 20% de paro y eso es una burrada”, espeta Alejandro López, almeriense de 24 años. El adjetivo de emprendedor se le quedó casi pequeño a este licenciado en Periodismo y Publicidad cuando hace dos meses dejó su empleo en una agencia de publicidad para dedicarse en cuerpo y alma al proyecto que hoy financia el Think Big de Telefónica: un portal de empleo orientado al videocurrículum.
“Un papel no refleja con la misma fidelidad que un video lo que es una persona en esencia; no es lo mismo que pongas que sabes hablar inglés a que en un video digas lo que has hecho durante ese día en inglés, el lenguaje no verbal, los gestos, la voz… todo eso transmite y través de un currículum convencional no se puede ver”, defiende, y adelanta que el diseño y puesta en marcha de la web está en proceso pero que la iniciativa ya puede seguirse en la red social Twitter (@filmijob).
“Esto surge de la necesidad, ante la situación que tenemos hay que hacer algo y desarrollar una idea para facilitarle a la gente el encontrar un trabajo parece una buena opción”, sugiere López.
El compromiso del arte
Cultura, ocio y conciencia social se funden en el proyecto propuesto por la madrileña compañía de teatro Kadai formada por doce chicos y chicas de entre 19 y 20 años. Con cinco años de representaciones a sus espaldas han ido focalizando su público hacia personas con problemas de percepción. Con el objetivo de “llevar el teatro a todo el mundo”, empezaron a desarrollar pequeñas funciones en centros de mayores y colegios. “Hemos visto que no todas las personas tienen la capacidad de entender lo que estamos contando”, explica Cristina, una de las integrantes de Kadai. Por eso, se han propuesto especializarse en teatro para el colectivo sordomudo y ya han representado obras infantiles en lengua de signos. Esta primera ayuda económica del programa Think Big les servirá para terminar de formarse en el lenguaje y conseguir “ser más autónomos, intentar hacer obras cada vez mejores y llevarlas, no sólo a niños sino a todo tipo de gente”.
También con un objetivo social y dentro del mundo de las artes se mueve el proyecto de uno de los más jóvenes de estos 120 neo emprendedores, David García, madrileño de 16 años. Estudiante de edición y producción y amante de cualquier vector implicado en una obra audiovisual, García está desarrollando el guión de un cortometraje acerca de la anorexia. “Quiero intentar acercarme lo máximo posible a la enfermedad reflejándola en tres fases: cómo empieza, cómo evoluciona y cómo se puede salir, para que la gente que pueda sentirse identificada o que pueda necesitar este tipo de ayuda se dé cuenta de que hay más personas en su situación y vea cómo puede afrontarlo”, explica García a este periódico.