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Tiempos de cambio y madurez (II)

David Ortega Gutiérrez
martes 05 de febrero de 2013, 20:47h
Vive España un tiempo raro y convulso, de desilusión y desorientación. Hay en el ambiente cierto pesimismo y hartazgo, sin duda en parte justificado por la realidad política y económica que vivimos como Nación. Sin embargo, y a pesar de la dureza de los tiempos, especialmente para los parados, el lamento y la protesta sin más, poco o nada aportan. La historia nos enseña que en los tiempos de crisis es el momento de ir a la raíz de los problemas, de poner pilares sólidos de reconstrucción social, de que una Nación se demuestre a sí misma de lo que es -o no- capaz de hacer. Creo que algunas reflexiones nos pueden ser de utilidad.

De entrada parece que se sabe lo que no se quiere, lo cual no es poco. El pueblo español está cansado de la corrupción, el despilfarro y de la gestión ineficaz e irresponsable de la cosa pública. Quiere una clase política honrada y cualificada, que trabaje por el bien común. Se necesitan buenos referentes y modelos en la vida pública, no todo puede ser el triunfo de lo material y del dinero. Una sociedad sana humanamente hablando no se construye sólo sobre el dinero, como única referencia del éxito y el triunfo. Eso nos lleva al desastre.

Es también el momento de la responsabilidad individual y del compromiso personal. No vale con mirar alrededor para ver quién tira del carro. Del carro tenemos que tirar todos, el fracaso es colectivo, no sólo de la clase política o de los bancos. Ha llegado la hora de hablar claro, de decir a la gente la verdad y de que cada cual afronte su responsabilidad. Es el pueblo español el que ha tolerado cierta clase política -no toda, pero sí principalmente sus cúpulas directivas- y financiera que no ha jugado limpio con este país. No podemos seguir jugando al juego de los dos bloques políticos de izquierda y derecha, PSOE/PP, es evidente que no han funcionado como se esperaba y que son los principales responsables de la crisis institucional y económica que todos sufrimos -unos más que otros.

Es momento de prudencia y sensatez, de claridad y decisión, de evitar los Berlusconi o Ruiz Mateos de turno para la política. Pero no podemos seguir con los partidos políticos tradicionales tal y como los conocemos. Es evidente que si a uno no le gusta lo que hay, tiene que crear algo nuevo y distinto. No estamos condenados al PP o al PSOE. Estamos en un momento histórico de cambio y siempre son complicados, pues lo viejo está cayendo y desmoronándose, pero aún no ha nacido con fuerza lo nuevo que tiene que reemplazarlo. Hay una profunda crisis de representatividad política en España, de una manifiesta orfandad democrática, el pueblo español ha perdido la confianza en sus políticos, y eso es un grave problema que sólo se puede solucionar con trabajo, esfuerzo y el valor del ejemplo.

Ha llegado el momento de que el pueblo español demuestre su mayoría de edad democrática. Los alemanes, franceses o ingleses no van a venir a hacernos los deberes. Cuando murió Franco recuperamos nuestra libertad para organizarnos como Nación. Casi cuarenta años después debemos pensar lo conseguido, evaluar cómo es nuestra vida pública, qué objetivos comunes buscamos y qué tipo de sociedad y entramado político hemos creado. Hay que madurar, pensar y ejercer la libertad conquistada.

En 1784 publicaba Kant un importante artículo titulado “¿Qué es la ilustración?”. En él hay algunas frases interesantes que hablan de esa necesaria mayoría de edad de las personas, de la responsabilidad individual, del necesario compromiso con nuestra vida pública: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad…, de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude!... La pereza y la cobardía son causa de que una gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo”.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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