El primer análisis es de Goldman Sachs, recogido por
Business Insider. Ofrece tres razones para la próxima caída del gasto. La primera es lo que se conoce como “sequester”, y que es el fin automático de varios proyectos de gasto. Es una de las dos hojas de la tijera que llamamos “precipicio fiscal”. La otra hoja son reducciones de impuestos que también tienen un final. El “sequester” va a contribuir efectivamente a una corrección del gasto. Pero GS ofrece dos razones más.
La primera de ellas son los límites de gasto. La Ley de Control del Presupuesto de 2011 estableció límites de gasto que están surtiendo efecto. Según el informe de GS, “se espera que reduzcan el crecimiento real del gasto anualmente en 20.000 millones de dólares en 2013 y otros 10.000 millones en 2014”. Estos límites de gasto imponen que cualquier gasto que los supere fuercen automáticamente recortes generalizados de la misma cuantía.
La segunda razón es la previsible caída en el gasto militar. El Estado Federal destinó 160.000 millones de dólares a los esfuerzos de guerra en el exterior en 2010 y en 2011. Las previsiones para este año son de 100.000 millones de dólares, pero podría reducirse en otros 30.000 millones este año, para luego volver a reducirse en 2014 en otros 30.000 a 40.000 millones en 2014.
De este modo, según los cálculos de GS, “los recortes automáticos, los techos de gasto y el menor gasto militar reducirán el consumo y la inversión bruta federal real en un 11 por ciento los dos próximos años”. Como recuerda el informe del banco estadounidense, esto ya ha ocurrido en las últimas décadas. Tuvo lugar en los años 70’ tras la retirada de Vietnam, y de nuevo en los años 90’ tras el fracaso histórico del socialismo.
Desde un punto de vista diferente, el analista Gordon Long,
en Safehaven, también considera que los Estados Unidos van a entrar en una era de corrección del gasto público federal. Long señala que el gasto público, desde los años 50, ha crecido más rápidamente que la economía privada. Con dos excepciones: la burbuja de las punto com y la burbuja inmobiliaria de los años 90’ y 2000.
¿Qué situación se da ahora que puede detener esa carrera meteórica de gasto público? En un lenguaje un tanto exagerado dice que “la bestia expansionista del Estado” se muere “cuando la deuda alcanza un nivel de saturación crítico. Es el punto en el cual el endeudamiento público es tan perverso” que el crecimiento del mismo supone un creciente apalancamiento sobre el crecimiento de la economía. Esa carrera en la que la deuda alcanza y supera al crecimiento, se producen déficit estructurales, ya que los ingresos fiscales no son capaces de seguir el ritmo del gasto.
En ese momento es cuando tiene que plantearse si puede seguir adelante, con el riesgo de crear un colapso financiero, o se ve obligado a echarse atrás. El autor recuerda que el Estado no crea riqueza por sí mismo, sino que utiliza y consume la que produce la economía privada (que, en este sentido, es la economía “real”), y depende de esa economía privada para cumplir sus promesas. Cuando no puede ir hacia adelante porque lo pone todo en riesgo, modera su crecimiento, deja de crecer, e incluso da algún paso atrás.