¿Distribución del ingreso o distribución del capital?
domingo 27 de abril de 2008, 20:56h
En América Latina, durante la vigencia del “Consenso de Washington” formalizado en la década del noventa se relegaron las cuestiones distributivas, ya que el esfuerzo reformista se concentró en cuestiones de pura “eficiencia”. Probablemente haya incidido en esto la creencia que sostenía que en las etapas primeras del desarrollo económico, la reducción de la desigualdad era incompatible con el crecimiento. Esta creencia apelaba a las investigaciones que durante la década del ’50 había realizado Kuznets. Esta posición, además, aceptaba las postulaciones de Kaldor, quien también en la década del ’50 advertía acerca del riesgo que algunas redistribuciones del ingreso podrían impactar negativamente sobre la acumulación capitalista si reducían el nivel de ahorro e inversión. Nadie rechazaba abierta y frontalmente las cuestiones distributivas, pero la creencia de muchos difusores del “Consenso de Washington” era que los mercados “eficientes” aseguraban necesariamente la equidad, al menos en el largo plazo. Ahora, en esta etapa de la globalización, resulta evidente que los pobres no se benefician ineludiblemente con el crecimiento o tendrían que esperar mucho tiempo, salvo que las políticas que fortalecen los mercados “eficientes” sean acompañadas por eficaces políticas sociales. Además, el crecimiento asiático ha demostrado que las políticas igualitarias pueden ayudar al crecimiento. Pobreza más desigualdad puede incluso ser una receta eficaz para congelar el futuro ritmo de crecimiento, generando así un círculo vicioso, ya que el propio abatimiento del crecimiento impediría, además, reducir la pobreza y disminuir la desigualdad. Como el 90 por ciento de los niños pobres no concluye en América Latina el ciclo secundario, es evidente que existe un enorme despilfarro de recursos humanos, correspondiente a jóvenes potencialmente capaces y talentosos que se ven compelidos a abandonar prematuramente sus estudios. Así, no solo se consolida la exclusión social sino que, además, se dificulta el crecimiento económico.
Existe en América Latina una gran desigualdad de las oportunidades asociadas con el hecho de nacer en un hogar de determinado nivel económico. Quien nace en un hogar pobre carga sobre sí una “desventaja” sustancial que va mucho más allá de su capacidad natural e incluso del esfuerzo y empeño que pueda poner en juego para su futuro progreso. Menores posibilidades educativas, asistencia sanitaria insuficiente, inadecuada nutrición y carencia de contención familiar constituyen una carga abrumadora para quien quiera escapar de un futuro signado por la marginalidad social. A pesar de los esfuerzos de muchos países de América Latina para asegurar el acceso universal a la educación, la adquisición de capital humano esta aun muy subordinada a la dinámica intergeneracional. La consecuencia es que de hecho, el acceso a los mejores empleos, estables y bien pagos esta en gran medida y debido a la enorme segmentación educacional por clase social, aun regido en la práctica por criterios hereditarios. La equidad en la distribución del ingreso está asociada necesariamente a
la equidad en la distribución del capital humano, porque es justamente la retribución a este capital, cuyo valor depende de la incorporación de conocimientos por medio de la educación, la generación del único tipo de ingreso para quienes carecen de activos financieros o inmobiliarios.
Si se pretende mejorar las condiciones de vida de los más pobres, las propuestas no pueden agotarse meramente en la cuestión del “ingreso” de las familias. En la economía moderna el ingreso es la retribución por la utilización de alguna forma de capital, siendo el capital humano un ingrediente fundamental en esta ecuación. Para hacer más equitativa la distribución del ingreso en América Latina es ineludible por lo tanto comenzar por hacer más equitativa la distribución del capital humano, haciendo así coherente la disminución permanente de la pobreza con la expansión de la capacidad productiva de la economía. La clave consiste en generar iniciativas para que los grupos de menores ingresos puedan acumular rápidamente capital humano como vía eficaz para escapar de la pobreza. De lo que se trata es de aumentar la capacidad de los pobres para obtener mejores ingresos que sean sostenibles en el tiempo, por esta razón es hora de dejar de considerar simplemente la distribución del ingreso y concentrarse en la distribución del capital humano que es la verdadera cuestión básica si se pretende construir una sociedad más equitativa y que además sea prospera.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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