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encuentro con el ex futbolista y entrenador del Leganés

Pablo Alfaro: “Con el dopaje es muy importante definir si queremos espectáculo o salud en el deporte”

domingo 10 de febrero de 2013, 19:13h
Actualizado el: 03 de diciembre de 2014, 20:10h
Pablo Alfaro (Zaragoza, 1969) permanece en la retina del aficionado como capitán del Sevilla que empezaba a discutir la hegemonía a los gigantes del fútbol español y como uno de los defensores más duros de las últimas décadas. Pero, además de eso, completó su licenciatura de Medicina a medida que desarrollaba sus 18 años de carrera en la élite del balompié patrio y posee las licencias de entrenador profesional y director deportivo. EL IMPARCIAL le visita en su nuevo proyecto como técnico del Leganés para repasar el pasado y el presente de nuestro fútbol, el fantasma del dopaje, la violencia y los reflejos que el deporte desprende de la sociedad.


En julio de 1992, el Fútbol Club Barcelona, campeón de su primera Copa de Europa, presentó en el Camp Nou la apuesta de Johan Cruyff para apuntalar su defensa. El técnico holandés quería en su plantilla al zaguero potente, aguerrido y de buen gusto con el balón en los pies que había destacado en el Zaragoza de Radomir Antic. Con tan solo 23 años, y tras desembarcar en la élite compartiendo habitación con gigantes como José Luis Chilavert, Pablo Alfaro llegaba al Dream Team, al mejor equipo del viejo continente. Solo jugó una temporada en Can Barça. Aquel capítulo se cerró con Liga y Supercopa de España y de Europa bajo el brazo. Sin embargo, este central de jerarquía que se apresuraba en buscar la universidad idónea para completar sus estudios de medicina en cada ciudad donde el fútbol le obligaba a desembarcar, permanece en el recuerdo del balompié patrio como el duro capitán del Sevilla que ascendió a Primera en 2001 y consolidó el equipo que terminaría por conquistar Europa.

Alfaro colgó las botas tras 18 años de combate con los delanteros que pasaron por la Liga española en este amplio intervalo temporal, con especial recuerdo -nos confiesa- a Hugo Sánchez, Butragueño, Stoichkov, Laudrup, Kiko y Dalian Atkinson, delantero inglés que recaló en la Real Sociedad en el 91. El canterano maño que enamoró a Cruyff decidió entonces avanzar en su preparación académica, especializándose en medicina deportiva, y sembrar con astucia para seguir vinculado a la pasión y el sueño que ha marcado su vida, el balompié: completó los cursos de entrenador profesional y de director deportivo que imparte la Real Federación Española de Fútbol.


El actual técnico del Leganés madrileño nos recibe en el Estadio Municipal de Butarque, el coliseo desde done nace su nuevo proyecto. Ya sobre el césped, nos explica que decidió alejarse de la élite -recibió una oferta del Racing de Santander que agonizaba en Primera- para debutar en Segunda B con el modesto Pontevedra y, de este modo, trabajarse su carrera en los banquillos desde abajo, aprendiendo en una labor alejada del foco mediático. Pasó por el Recreativo de Huelva y, ahora, guía a una plantilla muy joven hacia el ascenso a la Liga Adelante desde la tercera posición actual.

Alfaro desprende la ilusión del canterano que debutó en el primer equipo del Zaragoza el 3 de septiembre de 1989. Su amabilidad y corrección contrastan con la imagen de futbolista violento que le granjearan sus 28 expulsiones cuando ejercía de central rocoso. Reconoce que fue un defensor duro sin rehuir aquel apelativo que los medios le colgaban aunque, como en el resto de la entrevista, relativiza imponiendo la reflexión al análisis. “En algunos momentos de mi carrera parecía que iba asesinando abuelitas por las aceras y no era así”, comenta entre risas.


El aura especial que ha acompañado a este médico que nunca se planteó sustituir el olor del césped por la bata y la consulta, le convierte en uno de los jugadores icónicos de las últimas décadas del balompié nacional. La jerarquía con la que ordenaba a sus compañeros de zaga en pos de maniatar a los artistas que trataban de atacar su portería se transforma en aplomo y seguridad cuando se le pregunta por la situación actual de “su” Sevilla, la cuestionable razonabilidad de la permanencia de José María del Nido al frente del club al tiempo que se maneja como imputado en los juzgados o la presencia del dopaje en nuestro deporte. No elude ninguna cuestión.

Vivimos instalados en la sospecha permanente y nuestras leyes y normativas son laxas y muy permisivas con la duda. Dan lugar a que piensen mal de nosotros. ¿Habrá razones? Posiblemente las haya. Ahora, en el caso de Armstrong parece que hay una conexión con Gerona… ¡Narices! Siempre aparecemos. Llevamos la picaresca al grado supremo y tenemos una sensación de impunidad a través de la que parece que nunca pasa nada”.

Charlar con Pablo Alfaro representa reflexionar del pasado y del presente del fútbol español con un interlocutor que, viviendo el balompié desde dentro y en el rol protagonista en múltiples ocasiones, goza de la visión periférica del deportista que ha aprovechado el tiempo para saciar sus inquietudes intelectuales y, por ende, enriquecer su análisis del juego que tanto ama. “El fútbol es ejemplo de la situación que hay en España”, destaca al ser cuestionado por los escasos filtros que exigen los clubes antes de entregar la presidencia a inversores exóticos, al tiempo que señala que el aficionado maneja una “imagen distorsionada” del balompié patrio: “Hay muchos jugadores que pasan penurias porque no cobran, se sobrevive a duras penas, y las categorías como la nuestra, Segunda B, se vuelve muy localista porque es la coyuntura que nos toca”.

De este modo transcurrió la charla, sin regates a preguntas incómodas. Alfaro, que confiesa sentirse tratado como provinciano cuando el Sevilla venía a jugar a Madrid o Barcelona, reflexiona con este diario sobre el pasado y el presente de nuestro fútbol, el fantasma del dopaje, la violencia en el deporte y los reflejos que esta actividad desprende de la sociedad.

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