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OPTA A DOS PREMIOS GOYA

Antonio de la Torre: "He vivido demasiado tiempo en el fracaso como para tomarme el éxito en serio"

jueves 14 de febrero de 2013, 19:00h
Su carrera tomó un impulso inesperado con el debut cinematográfico de Daniel Sánchez Arévalo, AzulOscuroCasiNegro, que le valió el Goya al mejor actor de reparto, y desde entonces se ha convertido en una de los rostros indispensables del buen cine español. Antonio de la Torre puede sumar hasta dos nuevos premios este domingo, el de mejor actor por Grupo 7 y el de mejor actor de reparto por Invasor. A este actor y periodista malagueña le vino la fama más tarde de lo que es habitual en el mundo de la interpretación y asegura que espera estar preparado para cuando este dulce momento pase. Con dos estrenos pendientes para este año (Los amantes pasajeros, de Almodóvar y La gran familia, de Sánchez Arévalo), afirma que he “vivido demasiado tiempo en el fracaso como para” tomarse “el éxito en serio”.
Veo similitudes entre los personajes que le han valido sus dos nominaciones. Tanto el ‘poli’ de Grupo 7 como el médico militar de Invasor responden a un perfil de hombre con buen fondo pero que, en determinado momento y con distintos finales, se deja hacer, se corrompe de alguna forma…
Las historias que cuentan las películas me parecen más interesantes en tanto en cuanto reflejan la vida como es. Como decía John Lennon, la vida es aquellas cosas que nos pasan mientras nosotros intentamos hacer otras. Como actor y como persona, los personajes más interesantes me parecen aquellos que tienen contradicciones. Nunca me he creído mucho a los héroes, pienso que no existen. El ser humano es capaz de lo peor y de lo mejor, y cuando te encuentras eso en un personaje se hace de lo más interesante.

Ambas películas han apostado este año por el thriller, poco común en la historia de nuestra cinematografía. ¿Se están abriendo horizontes para el cine español?
El cine no deja de ser un reflejo de la sociedad y del momento que vive la gente y, como tal, es cambiante. Se empieza a ver otra manera de contar historias y otra forma de vivirlas como actores. Yo he estado recientemente en Rumanía por motivos de casting de la última película que estoy rodando, en contacto con gente de la profesión de allí y me llegaban ecos de que en Europa se considera que en España sabemos hacer muy buen cine de género. Aunque parezca mentira, el cine español está mejor valorado fuera que dentro. Tengo la sensación de que para los españoles, el cine español es una etiqueta que lo engloba todo y fuera de España se habla de los distintos géneros que se hacen en nuestro país.

Hay cine español muy rico y muy variado. Además, en España tenemos una cosa que valoran mucho en Europa y Estados Unidos, que es lo apasionados que somos en la manera de vivir, en la manera de entender la vida y, como consecuencia, en la manera de hacer cine.

Hay quien ha dicho de Grupo 7 que es una muy buena película hasta el punto de no parecer española. ¿A qué cree que se debe esto?
No sé. A medida que me voy haciendo mayor, voy aceptando que hay cosas que no puedo controlar. No te digo que lo consiga, pero intento, por ejemplo, no pensar demasiado en lo que dicen de mí. Intento hacer aquello en lo que yo creo y tirar hacia adelante. Como decía Steve Jobs, la vida es muy corta y no puedes perder el tiempo intentando hacer lo que los demás esperan que hagas.

Siendo películas que han tendido a la comparación por su género y su estilo, Invasor y Grupo 7 han tenido desiguales resultados en taquilla y en críticas. ¿De qué cree que depende el éxito de una película?
No tengo ni idea. Por ejemplo, con Los lunes al sol costó mucho mover el proyecto porque la gente no veía el tirón de una película sobre parados, y al final fue un éxito. También me consta que con Celda 211 los productores, que son los mismos que en Invasor, estaban expectantes pero nunca se imaginaron el ‘boom’ que fue la película. A veces te sorprendes.

Recuerdo lo que me dijo un día el productor andaluz Pancho Bautista. “Tú tienes dos películas, Titanic y Pearl Habor. Las dos cuentan una historia de amor en medio de una gran tragedia, pero una es un éxito de taquilla brutal y la otra es uno de los mayores gatillazos de Hollywood. Por eso los bancos no invierten en el cine, porque no es un valor seguro”. El cine es impredecible. No sé la receta del éxito y la verdad es que intento no pensar mucho en ella porque no creo que sea mi trabajo. Mi trabajo es tratar de ser lo más honesto posible viviendo los personajes para darles el mayor alma. Si hay a gente que de repente le llega, le toca, se emociona o se identifica, ¡pues ole! Y si no, mala suerte, la próxima vez intentaré hacerlo mejor.


De la Torre en una imagen de Invasor.


En niveles muy diferentes, pero las dos películas airean los trapos sucios de determinados poderes. Muy a la orden del día, ¿no?
Sí. El poder siempre busca la manera de mantenerse y hace lo que sea para no abandonar su posición. Por eso todos los partidos políticos, sean del signo que sean, se vuelven más conservadores cuando están en el poder. Y por eso también, me imagino, la izquierda está condenada a estar siempre en la oposición. Igual forma parte del destino de la evolución humana. Tiene que haber una parte inconformista que sea la que mueva o fuerce a la parte conformista.

Las películas, sobre todo Invasor, dejan un poco la sensación de indefensión, de que los ciudadanos nos enteramos, a pesar de todo, de la mitad…
Está claro. La información es poder. Yo he estudiado periodismo también y tengo claro que el poder es para quien tiene la información, a todos los niveles. Por ejemplo, si tienes la información de lo que va a ocurrir en la Bolsa, ganarás dinero. Teniendo información, vas por delante. Por eso es tan grave para la democracia que haya 8.000 periodistas que han perdido su puesto de trabajo en los últimos cuatro años. La única manera que los ciudadanos tienen de estar en una situación de defensión con respecto al poder es estar informados.

Como periodista, ¿qué papel cree que deben de jugar los medios de comunicación en el contexto actual?
Tampoco es lo mismo los medios que los periodistas. Creo que los periodistas están actualmente en indefensión y los medios ejercen el poder. Los medios públicos actuales, mal llamados públicos, por cierto, están en manos de quienes manejan el poder, que los han usado en base a sus intereses. La consecuencia es el desmembramiento de los medios de comunicación públicos al que estamos asistiendo. Y si hablamos de los medios privados, al final son empresas cuyo objetivo es ganar dinero. Por eso, insisto, es fundamental para una sociedad libre tener unos medios de comunicación públicos fuertes e independientes.

En este sentido, y sin ser lo perfecto, uno de los pocos aciertos que tuvo el anterior Gobierno fue el Estatuto de RTVE, en el que se obligaba a un consenso bastante importante en la Cámara a la hora de nombrar al presidente de la Corporación y, en consecuencia, a un consenso también relevante en el día a día de las cadenas de radio y televisión públicas. Es fundamental para la democracia que existan medios públicos con estructuras independientes del poder de turno y una gran masa de periodistas libres para contarles a los ciudadanos lo que está ocurriendo. Tenemos que pelear por ello.

A la hora de preparar un papel, siempre se mete de lleno, desde el terreno. Para Gordos frecuentó bares de ambiente, para Grupo 7, acompañó a la Policía de Sevilla durante un tiempo… ¿No es duro a veces mantener esta implicación?
Lo veo más interesante que duro. Las dos profesiones que he elegido para mi vida y que he ejercido tienen en común que cuentan historias, el periodista lo hace en tercera persona y el actor en primera persona. Siempre tuve claro que me interesaban profesiones que me ayudaran más a entender que a juzgar. En este sentido me siento muy privilegiado. He tenido la suerte de que cada historia que he contado como periodista o como actor me ha hecho una persona más rica, me ha hecho entender más al ser humano, sus contradicciones, su dificultad… Creo que cada trabajo me enriquece como persona, y espero que efectivamente sea así.

Es uno de los actores españoles que ha interpretado papeles más dispares entre sí. ¿Qué tipo de rol le gustaría que le ofrecieran?
Siempre digo, medio en serio, medio en broma, que a mí me gustaría interpretar el personaje de Juanito, un futbolista del Real Madrid en la década de los ochenta que era de Málaga. Cuando llegué a la Universidad, me llamaban ‘el Juanito’ porque yo también era de Málaga y me daba cierto aire físicamente, no jugando al fútbol desde luego. Luego, la primera entrevista que me encargaron hacer en la Facultad se la hice a él, que estaba entonces jugando en el Málaga, y me llamó la atención porque era un futbolista muy visceral, incluso resultaba algo violento en el terreno de juego, y fuera del campo era cariñoso, generoso, buen padre… Me pareció que tenía esa contradicción y esa riqueza que busco en los personajes. Me hubiera gustado haber hecho un ‘biopic’ de su vida. Ya es difícil, porque yo tengo ya más edad de la que tenía él cuando murió en un accidente de tráfico. Salvo esto, que en su día sí pensé y que a veces todavía digo por si cae la breva, no pienso mucho en qué me gustaría hacer. Lo que tenga que venir, vendrá.

Lo que está claro es que la película en la que está inmerso en este momento le ha ofrecido un personaje que, a priori, parece un regalo. ¿Qué puede contarnos sobre Caníbal, de Martín Cuenca?
Mi personaje es un sastre con una vida muy ordenada, muy provinciana y tranquila, pero que tiene una doble cara. En su otra versión es una bestia, un cazador, un depredador. El mal está en él, pero aún no lo sabe. La película quiere cuestionarse si el amor puede llegar a ser redentor o no. Y hasta aquí puedo contar. Prefiero que la gente vaya a verla.


El doblemente nominado a los premios Goya en un fotograma de Grupo 7.


Siempre se recuerda cómo engordó y adelgazó 33 kilos para el papel de Gordos. ¿Hay algún otro personaje que, quizás de forma menos física y por lo tanto no tan perceptible, le haya hecho cambiar tanto como aquel?
El de Grupo 7, por ejemplo, fue también un personaje muy revelador. Yo soy una persona muy habladora, casi verborreica, y a este personaje tenía que contarlo solo con miradas. Tenía mucho miedo porque no sabía si iba a ser capaz de hacerlo. Me pareció un reto y creo que me sirvió para conocer una parte de mí que no sabía que existía. Parece que sí soy capaz de contar cosas con la boca cerrada.

En la última década no ha parado de trabajar, con dos y hasta tres películas por año. ¿Cómo se hace esto, sobre todo en los tiempos que corren?
Siendo un ‘workaholic’, como soy yo. Ahora en serio, no lo sé. Supongo que también he tenido suerte. Es una cuestión de suerte, de esfuerzo, de mezcla de todo… A mí el éxito me ha llegado a los cuarenta años y en esta profesión, al contrario que en el fútbol, cuanto más mayor, mejor profesional. Todo esto son cavilaciones porque en realidad no lo sé. Yo trato de disfrutarlo con humildad y de hacer mi trabajo lo mejor posible. He vivido demasiado tiempo en el fracaso como para tomarme el éxito en serio. Sé que esto pasará y trataré de estar lo mejor preparado para cuando pase.

Esta misma semana ha recibido el premio al mejor actor de los críticos de cine por su papel en Grupo 7. ¿Le dice esto algo de cara a los Goya?
Bueno, antes veía mi premio en los Goya imposible y después de los premios de la crítica lo veo casi imposible. Algo de esperanza he cogido.

¿Cuál es su apuesta para las categorías de interpretación masculina?
Sí que la tengo, pero no la voy a decir porque, desde el punto de vista de competición o del ‘fair play’, me parece feo largarle el muerto de favorito a un compañero.

¿Y en general? ¿Quién se va a llevar el protagonismo este año?
Creo que la cosa va a estar entre Blancanieves y Grupo 7. Ya veremos cómo se reparte.
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