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El debate de las razones de Rajoy

jueves 21 de febrero de 2013, 09:25h
El Debate sobre el estado de la Nación ofreció ayer una imagen fidedigna de lo que son Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba: el Presidente, todo argumentos solventes, sobrantes de tedio y carentes de contundencia; y el líder de la oposición, con demagogia y una gravosa herencia tras su carcasa de oratoria ágil. El primero de dichos argumentos fue el anteponer los seis millones de parados al resto de asuntos a tratar; un acierto por parte de Rajoy. También lo fue el apelar a la herencia recibida de José Luis Rodríguez Zapatero, a causa de la cual se han tenido que implementar todos los ajustes llevados a cabo hasta ahora. De haberse hecho en su momento y explicado como es debido, la situación sería ahora sensiblemente mejor.

Por otra parte, Rajoy salió bastante airoso del cara a cara en materia de corrupción. Y ello a pesar de que Rubalcaba intentó erosionarle con los papeles de Bárcenas, sin conseguir demasiado su objetivo, por más que motivos no faltaran. Ocurre que, en esta faceta, ambos partidos tienen muchas vergüenzas que tapar; de ahí que salvo buenos propósitos y la estrategia del “y tú más” no pudiera sacarse mucho en claro. Y es lamentable porque, al parecer, la mayoría de los políticos españoles siguen instalados en dar la espalda a la realidad, evitando afrontar con sinceridad y valentía el sistema de financiación de los partidos. También estuvo bien el Presidente al defender la necesidad de una reforma educativa en profundidad, que ataque de raíz los malos resultados de nuestro país en esta materia.

Pero donde se echó de menos una mayor contundencia fue en la respuesta al portavoz de CIU, Duran Lleida, y el desafío nacionalista. Rajoy optó por una respuesta aseada, aunque de perfil bajo, cuando la gravedad del tema requería mucho más empaque. El órdago rupturista no puede despacharse como una cuestión baladí, por más que a Rajoy le resulte incómodo. Claro que aquí le vendría muy bien contar con el apoyo socialista, aunque eso es algo impensable a día de hoy. Resulta tan paradigmático como absurdo que casi a la misma hora que Rubalcaba tomaba la palabra en el Congreso, el líder del PSC, Pere Navarro, pidiese la abdicación del Rey.
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