Cine de miedo en España
jueves 21 de febrero de 2013, 20:53h
George Bernard Shaw dijo en cierta ocasión: “hace tiempo que aprendí a no luchar contra un cerdo. Acabas todo sucio y, además, al cerdo le gusta”. Es lo mismo que sucede con la gala de los Goya cuando no gobierna la izquierda: la zafiedad y el sectarismo cogen el testigo del arte. Normal que luego las redes sociales echen humo con intervenciones como las de Maribel Verdú o Candela Peña. Ellas se lo han buscado.
Personalmente, creo que hay mucho talento en el cine español. No sólo las referidas Maribel Verdú o Candela Peña, hay actores, actrices y directores como la copa de un pino. El problema es que algunos de ellos se han erigido en una suerte de comisarios políticos que desdeñan todo lo que no siga sus consignas. Las últimas siete galas de los Goya bien que se callaron. Es como si durante esos siete años no hubiera habido desahucios, ni paro ni crisis. Y ahora, de repente, emergen de nuevo.
No seré yo quien exhiba a mis difuntos para airear mi inquina. Desconozco si el hospital donde murió el padre de Candela Peña está en España o en Burundi pero, la verdad, me cuesta creer que no tuvieran mantas ni agua. Y en cuanto a Maribel Verdú, la accionista de una clínica privada que anuncia hipotecas aunque luego ponga a parir a los bancos, qué decir. Forma parte de esta troupe que, como los Bardem, defienden los asaltos a supermercados y luego llevan un tren de vida que vaya por Dios. Tienen más peligro que Willy Toledo en un bar a las dos de la mañana.
“Lo imposible” fue la campeona en taquilla el pasado año. Rara avis, por cuanto no salen ni tacos ni desnudos, y los protagonistas son Naomi Watts y Ewan McGregor, en lugar del Gran Wyoming y Eva Hache. El caso de ésta última es paradigmático: ¿Qué películas ha interpretado, qué libros ha escrito, cuál ha sido su aportación a la escena española? Escasita, siendo generosos. Casi tanto como la percepción del público del cine que se hace aquí. Sí, es verdad que el pasado año casi se llega al 20 por ciento de cuota de pantalla, pero si restamos “Lo imposible”, la cifra sería bastante menor. Y sin embargo, todos los españoles seguimos subvencionando al cine por artículo 33. ¿Y porqué no a los autónomos, por ejemplo?
El estado les paga, y las televisiones tienen que destinar cerca del 5 por ciento de su presupuesto para sufragarles. Unas televisiones en las que luego queda patente cuáles son las preferencias del público; baste si no ver los índices de audiencia cuando Antena 3 o Tele 5 emiten alguna de las “joyas” del celuloide patrio de los últimos años. Según la RAE, a la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario” se le llama “miedo”. Es lo que produce última mente el cine español y lo que le rodea: miedo. Miedo a su sectarismo, a su inquina, a su falta de calidad y a sus complejos. Miedo a su cinismo. Miedo a su intolerancia. Miedo a la representatividad de los Bardenes y Verdunes entre sus compañeros de profesión, que parecen mudos -quien calla, otorga-. Cine de miedo, en suma.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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