El debate sobre el estado de la corrupción
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 21 de febrero de 2013, 21:44h
El debate sobre el estado de la nación sigue coleando en los medios y la opinión pública, que han concluido, sorprendentemente, que Rajoy le ganó la partida a Rubalcaba a pesar de los graves casos de corrupción que supuestamente acechan al partido que sostiene al Gobierno.
En los medios, destacaron titulares como "Rajoy pone en evidencia a Rubalcaba", "Rubalcaba levanta a Rajoy" o "Rajoy gana a Rubalcaba" y hasta en editoriales de medios no muy amigos de la línea ideológica del Gobierno se incidió en lo acertado que estuvo el presidente y, del mismo modo, el perfil bajo mostrado por el líder de la oposición. Por otra parte, en la red social Twitter, la opinión pública dedicó más del triple de comentarios a Rajoy que a Rubalcaba. Claro que eso no significa que los 145.394 tuits sobre el presidente tuvieran que ser necesariamente favorables a su gestión.
Y mientras, los partidos tirándose los trastos a la cabeza. Para el PP, el presidente "se comió" al secretario general del PSOE, cuya intervención no estuvo al nivel del jefe del Gobierno. Enfrente, los socialistas creen que Rubalcaba fue "cercano" a los ciudadanos, con "alternativas" y que tuvo a su rival "noqueado". Ambos se reprocharon la falta de credibilidad ante los españoles en la lucha contra la corrupción política y se echaron en cara sus respectivas miserias.
Como no podía ser de otra manera, apareció el "y tú más" de siempre y si un partido echó en cara el caso Bárcenas el otro recordó que el PSOE fue condenado por financiación ilegal. Esclarecedor estuvo al respecto el portavoz de CiU. Duran Lleida denunció el "juego sucio" entre los partidos y el Estado y lamentó que los políticos se estén destrozando sin piedad, "sin distinguir la verdad de la falsedad".
Está dicho por activa y por pasiva que a la ciudadanía le preocupa la situación económica –¡cómo no!–, pero en tiempos de ajustes, recortes y de constantes apreturas de cinturón, los casos de corrupción duelen más. Es verdad que no todos los políticos son corruptos, que sufren la mala imagen de unos pocos, que se ven irremediablemente dentro del mismo saco que las manzanas podridas. Por eso mismo sorprende que no se haya hecho nada al respecto en los últimos 20 años.
Y digo yo: de justicia es diferenciar lo verdadero de lo falso, pero ¿qué hay de malo en que se denuncie sin piedad la corrupción, como lamenta Durán Lleida? ¿Qué problema hay en que un partido –o el Estado– destroce a otro si se demuestra su descomposición política? ¿Por qué no han hecho nada en serio, de verdad, efectivo los políticos contra los corruptos sin tan mala imagen dan a esta clase privilegiada? ¿A quién está haciendo más daño el caso Bárcenas, al PP o a toda la casta política?
Vistos los resultados del debate, parece que el caso del ex tesorero millonario y viajante ha perjudicado más si cabe la imagen de todos los políticos que al propio PP. Todavía está casi todo por ver, aunque es de ley recordar que ha sido Rajoy el primero en sacar del pack putrefacto a todos los que se dedican a lo público honradamente.
En cualquier caso, las circunstancias exigen mano dura y castigo ejemplarizante ante la impunidad que disfrutan los políticos corrompidos. Hay que empezar a cumplir el dicho, pero de forma correcta. No es verdad que el político no tenga que ser bueno sino parecerlo, un político no sólo tiene que ser bueno, mejor si es muy bueno, además tiene que parecerlo y dar ejemplo.
Suscribo las propuestas de la líder de UPyD al respecto. Rosa Díez entiende que una ley anticorrupción debe prohibir que se puedan presentar en las listas electorales las personas acusadas de corrupción política y se ha mostrado partidaria de establecer un delito de financiación ilegal de los partidos políticos. Igualmente, bueno sería que se persiga por ley el delito de enriquecimiento ilícito de los cargos públicos. Bien parece que cualquier lucha contra la corrupción regule a los lobbys, los sindicatos, patronales y cualquier institución que se financie de ayudas públicas, incluida la Casa del Rey.
Y en cualquier caso, curioso resulta escuchar al ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra mostrándose partidario de un pacto anticorrupción con el matiz de que no sea sólo "a futuro", también de presente. Hace pensar que el número dos en la época de Felipe González quiere sacar con el caso Bárcenas los mismos réditos políticos que a su costa sacó el PP en el pasado.
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Periodista
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