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PASO CAMBIADO

¿Hay alternativa al PP y al PSOE?

viernes 01 de marzo de 2013, 08:27h
A la vista de la desafección ciudadana a los partidos, especialmente a los grandes, y cuando la política española es, como la italiana, una jaula de Grillos (afortunado apellido del antisistema italiano dispuesto a dominar el sistema) hay que preguntarse cuál es la salida para la situación.

No hace falta ser un genio para saber que el PSOE está metido hasta la cabeza en las arenas movedizas de su propia crisis de identidad. Producto de su mala gestión del poder y de su lastrado despiste en la oposición, pero también de su crisis territorial, de su precariedad de cuadros y de su debilidad en el liderazgo.

El PSOE no sabe qué hacer con su presente, y da palos de ciego sobre su futuro. No puede aclarar su posición ante el Estado, porque está lleno de contradicciones internas sobre el modelo que debe perseguir. Tiene que conciliar la tendencia de un sector por mimetizarse con los nacionalismos, mientras pretende hacer marketing político sobre imaginativos formatos federales, a la vez que se basa en sus barones históricos que saben que perder la E de España sería un suicidio.

En el PP, la cuestión es diferente. No tiene problemas de solidez ni de liderazgo, pero está en el ojo del huracán por ser el gestor de la crisis, con sus ajustes y descontento social, a la vez que ha mostrado el flanco más débil en el caso del tesorero Bárcenas.

El PP tiene cuadros más preparados y no tiene problemas territoriales, aunque sí es cierto que hay descontento en un sector de sus bases sobre cómo actúan los populares en el País Vasco. Pero es, en todo caso, una cuestión menor, en comparación con la fractura interna que vive su opositor socialista. Ante el PSOE, el PP de Rajoy sería el colmo de la estabilidad, especialmente si al final de la legislatura se puede permitir el lujo de aflojar el dogal económico del cuello de los sufridos ciudadanos.

Pero, naturalmente, queda el problema de su financiación y del chantaje de Bárcenas que, tenga fundamento o no, ha minado la credibilidad del partido de Rajoy. De ahí que, en plena angustia por la crisis, el PP haya entrado en la lista de “todos los políticos” que “son iguales”, que “nos roban” y “son corruptos” sin defensa alguna.

La petición desesperada de Rajoy a la ciudadanía de que crean en el sistema y que la corrupción no es masiva ni endémica, sino puntual, no ha sido aceptada, porque la gente sangra por todas las heridas y no está para matices. Y, además, también está dispuesta a creerse toda la carnaza que le están suministrando aquellos que, precisamente, han percibido que la actual potencia política del PP no se puede erosionar si no es haciéndolo con su fama.
Nos quedamos, pues, en el peor de los escenarios, sin el PP ni el PSOE. ¿Cuál es la alternativa?

La lección italiana nos da pistas. La hipótesis europea de sustituir a los partidos tradicionales por un tecnócrata tipo Monti ha quedado suficientemente desestimada. Si los ciudadanos buscan otras fórmulas, pueden acudir a una opción estrafalaria, de voto protesta, como el cómico Beppe Grillo, que, por cierto, no tiene equivalente, por el momento, en España (y mira que tenemos actores con más o con menos ceja). Pero, lógicamente, que uno vote a un actor antisistema queda divertido, salvo que gane y sea él quien tenga que administrar los recursos del Estado, lleve la cartera de Economía o garantice que no huyan en masa los capitales.

La ciudadanía italiana ha hecho gala de libertad, que, sin embargo, se parece a una noche de borrachera de la que se despierta con terrible resaca. ¿Nos vamos de copas en España también?

Se me podrá decir que hay otros partidos además del PP y del PSOE. Descontando los nacionalistas, que no quieren gobernar España sino destrozarla, están UPyD e IU. Ambos están recogiendo votos del descontento, y parecen vírgenes en el Sistema, pero no son inmunes al desgaste. Sólo ha habido que ver las reacciones, desmesuradas por cierto, a un comentario mejor intencionado que expresado de Toni Cantó, del partido de Rosa Díez. Un comentario que, con las reglas de exigencia ética de la lideresa de UPyD le hubiera llevado a dimitir… si Cantó hubiera sido del PP. Pero no ha sido el caso, porque Cantó es de los pocos que tiene Díez, tan pocos que, si gobernara, hasta sería ministro de Cultura.

De IU, marca civilizada del Partido Comunista, qué decir. Si tuviera responsabilidad de Gobierno, el futuro de España sería realmente interesante, en el sentido del dicho de que Dios nos libre de los tiempos interesantes. Aunque no niego que resultaría divertido ver a Cayo Lara negociando la inversión extranjera en un foro del Financial Times.

Sólo hay una salida realista a la crisis política e institucional solapada ahora a la crisis económica. Los partidos principales, especialmente el que está en el poder, deben darse golpes en el pecho que resuenen tanto que permitan que la ira ciudadana se transforme en simple y saludable desconfianza. Deben dejar algunos chivos expiatorios en el camino. Deben dar una coartada moral a los votantes. Pero éstos, los ciudadanos, también deben dar una salida a los políticos acorralados, aunque sólo sea por un examen de conciencia de cada uno para saber que los políticos son estadísticamente iguales a sus representados.

Hace falta una tregua. Y después, pero sólo después, se pueden plantear muchas cosas imprescindibles para el futuro. Reformas constitucionales, electorales o cuantas sean menester. Pero antes España debe respirar, pensar que la ciénaga tiene orilla.

Si la política española está sumida en el patetismo, lo único que falta es que cada uno de sus ciudadanos sea tan patético como los millones de italianos que han votado al cómico Grillo. Y sé que la gente se habrá llevado un gran desengaño por enterarse de que los dirigentes políticos no son ángeles, arcángeles, virtudes y potestades. Pero alguno puede ya empezar a pensar que sin políticos y sin partidos fuertes la comedia italiana puede terminar en tragedia griega.