El Real Valladolid se ha asentado en la Liga BBVA como el equipo revelación del torneo, exhibiendo uno de los estilos de juego más atractivos del balompié patrio. Buena fe de su valentía ofrece la cómoda undécima plaza que ocupa el club pucelano, construido con uno de los diseños de gasto más austeros de la categoría. EL IMPARCIAL charla con su cerebro, Miroslav Djukic, sobre su proyecto castellanoleonés, su pasado en Coruña y Valencia y el ineludible trastorno que la Guerra de los Balcanes causó en la vida de cientos de futbolistas eslavos.

El
Real Valladolid perdió su primer enfrentamiento liguero ante el Atlético de Madrid por dos goles a uno. La sala de prensa del estadio Vicente Calderón acogió el discurso del contrariado técnico visitante: "
Hemos perdido merecidamente por ser unos cagones en la primera parte y soy el responsable porque no he sabido inculcarles que fueran valientes, pero no sé por qué me ha expulsado el árbitro. Sólo estaba hablando con el cuarto árbitro, transmitiéndole educadamente mis quejas, pero parece que no se puede ni hablar, pero
parece que algunos no se han dado cuenta de que Franco ha muerto". Cinco meses más tarde, el frío de Pucela acogió el gris partido de vuelta. Los pupilos del Cholo Simeone golean al equipo castellano-leonés con un rotundo cero a tres. En la comparecencia del técnico local confluyó el calor ausente en el césped del José Zorrila: ''
No podemos perder balones en la defensa, hay que ser más inteligentes porque no nos sobra nada y si nos acomodamos como estamos, somos gilipollas". Así se resume la esencia del arquitecto que ha diseñado el resurgir del Real Valladolid desde la Segunda División de nuestro fútbol hasta convertirse en uno de los equipos revelación de la Liga BBVA.
Miroslav Djukic (Sabac, Serbia, 1966) llegó al estrellato en España en su etapa como marcador central. Participó en el crecimiento del
Super Depor y reconquistó la Liga para el Valencia con Rafa Benítez, tras desestimar una apetecible oferta -100 millones de pesetas al año- del Manchester United. Ahora, tras pasar por el banquillo del Partizan de Belgrado y de la selección de Serbia sub-21 y absoluta, ha regresado al balompié ibérico para labrarse una reputación lustrosa también como técnico.
El preparador serbio se remanga para repasar su trayectoria en los terrenos de juego y su presente en los banquillos sin tapujos con EL IMPARCIAL.“El año pasado fue muy duro porque el club -Valladolid- entró en la ley concursal, los jugadores no cobraron durante seis meses y hemos tenido otros muchos problemas”, expone en el primer boceto de su estancia en el club pucelano. Su análisis avanza alejado del triunfalismo en el que se podría manejar el equipo ante su cómoda situación en la clasificación de la élite del fútbol patrio: “
Los jugadores han hecho un gran esfuerzo porque sabíamos que la única manera de ayudar al club es haciendo las cosas bien en lo deportivo y hemos conseguido ayudar al club a mejorar en lo económico para poner los cimientos del proyecto y reconducir el rumbo”.
La mano de Djukic convirtió el objetivo de alcanzar el ascenso a Primera División proyectado para ser desarrollado en tres años -expectativa enraizada en la delicada situación económica de la institución castellana- en cuestión de una sola temporada. No en vano, la mentalización que el técnico serbio inoculó a su vestuario generó la cohesión necesaria para que el Valladolid concluyera su periplo en la Liga Adelante en la tercera plaza, con el menor número de goles encajados y partidos perdidos de la categoría. El ascenso se consumó tras tumbar en la promoción ante el Córdoba y el Alcorcón.
“Hemos hecho una temporada extraordinaria ya que el club ha subido a Primera y, además, hemos creado un estilo de juego que nos está dando buenos resultados”.
Cuando el aficionado que desconoce la apuesta de juego del bloque pucelano se encuentra con alguno de sus partidos, la reacción consecuente es la sorpresa. Destaca sobremanera la vehemencia con la que los jugadores ejercen su rol en el terreno de juego, sin espacio para lo individual, y la valentía con la que el equipo presiona la creación de juego del rival ya juegue en el José Zorrilla o en cualquier coliseo del territorio nacional. Cuando se cuestiona al preparador por la identidad con la que ha querido moldear a sus pupilos, la coherencia de su discurso se extrapola al despliegue de sus futbolistas. “
Nuestros pilares son la solidez defensiva y ser un equipo que sabe a qué juega”, avanza. “Nuestra filosofía está basada en una mentalidad ganadora, por la que, tanto en casa como fuera, vamos a por el rival, intentando apretar, presionar y llevar el peso del partido”, define.
“
Queremos siempre ser intensos, que el rival no se sienta cómodo en ningún momento, pero cuando tenemos el balón queremos jugar, mandar en el partido”. Con esta idiosincrasia colectiva, seguida al pie de la letra por su joven e inexperta plantilla, el Valladolid se mantiene a 10 puntos de los puestos de descenso, ya ha arrancado 14 puntos en visitas tan complicadas como Pamplona, Sevilla o Vallecas, y ha obligado a sudar la victoria a Real Madrid, Barcelona y Atlético. Sin embargo, como en cualquier aspecto de la vida, la tendencia al análisis previo y la reflexión que desprende Djukic se traduce en la necesidad de relativizar este éxito para mantener el enfoque en el verdadero fin: “
Tenemos poca experiencia en Primera y esto a veces se nota, pero creemos que el equipo es joven y puede crecer muchísimo en los próximos años. Este año tenemos que mantenernos, el siguiente estabilizarnos en primera y más adelante pensar en cosas más importantes”.
“
La filosofía de juego es muy importante para mí”, afirma el central que trató de componer su filosofía de los entrenadores que le dirigieron en su etapa como futbolista. “
En todos los sitios he mantenido la misma filosofía, intentado llevar a la práctica que nosotros somos importantes, sin pensar en el rival, y sabiendo que es importante querer imponernos a nuestro rival con intensidad para mandar en el partido”, explica. El otrora pupilo de magos de los banquillos tan dispares como el “
Brujo de Arteixo”
Arsenio Iglesias, Rafa Benítez, John Benjamin Toschack, Héctor Cúper o el mítico Vujadin Boskov, sin embargo, confirma con la misma vehemencia con la que resalta la importancia de la propia identidad, que “hay matices, porque dependiendo de las piezas que tienes, creas el tipo de juego, pero siempre dentro de la misma mentalización”.

“
Llegamos tarde al mercado de fichajes porque subimos a través de la promoción de ascenso y no sabíamos si íbamos a estar en Primera o en Segunda, por lo que no sabíamos cuánto dinero íbamos a tener para fichar”. Sobre este labrantío gestó el diseño de una de las plantillas más jóvenes y revolucionarias del campeonato español. “
Cuando subimos tuvimos dificultades porque los equipos tenían ya futbolistas comprados y no pudimos acceder al primer mercado, por lo que fuimos al mercado de jugadores que terminan sus contratos o jóvenes que quieran crecer con nosotros”, confiesa. La astucia del equipo de trabajo liderado por Djukic consiguió aliñar su plantilla, bajo estas limitaciones de actuación, convenciendo a nombres propios desconocidos que están enamorando en la Liga BBVA.
Patrick Ebert, Antonio Rukavina, Lluís Sastre y Daniel Larsson llegaron tras finalizar sus contratos respectivos en Berlín, Munich, Huesca y Malmoe.
Omar Ramos, el extremo con mayor proyección del campeonato llegó cedido de la Sociedad Deportiva Huesca.
La conversación avanza para profundizar en el concepto que este serbio enamorado de nuestro país y del fútbol posee de la labor del entrenador y del balompié patrio.
“Es muy importante que el jugador se sienta importante dentro de la filosofía del técnico”, avanza en lo relativo a la primera cuestión. Es entonces cuando Djukic se alinea, en lo metafísico, con la apuesta que se convertiría posteriormente en la escuela liderada por César Luis Menotti: “
El rival no tiene tanta importancia”. “El entrenador tiene que crear una filosofía donde el equipo es lo importante, donde se crean con ello ciertos automatismos y medios con el fin de que el juego sea el adecuado y que la solidez defensiva alimente la ideología”, diagnostica. Sin embargo, la originalidad que desea el técnico balcánico para su propuesta le lleva a matizar el dogma:
“Siempre hay que adecuar el estilo de juego al tipo de jugador que tienes y a sus cualidades”.

“
Hay dos épocas en el fútbol español”, señala el zaguero que vivió en nuestro país 13 años de forma ininterrumpida con el fútbol como excusa sobre la segunda cuestión. “
Hay un antes y un después que ha marcado la selección española y el Barcelona, que han impuesto un estilo ganador que ha creado España ha creado esta mentalidad ganadora, algo que ha dado una evolución al futbol tremenda”, argumenta. “
El juego de toque y de elaboración ha triunfado sobre el fútbol de fuerza y de garra que había antes en España”. “
Es muy bueno que se haya creado ese estilo y que todos tendamos hacia este juego de elaboración, pero el fútbol defensivo también es necesario y conseguir el equilibrio es lo más importante”, concluye.
La reflexión con nuestro interlocutor adquiere en este punto un argumentario que excede los límites del deporte. Djukic, que afirma que “
no se puede vivir ignorando lo que pasa a tu alrededor”, considera que “
el fútbol está volviendo cada vez más a la realidad porque este deporte es una parte más de la sociedad y muchos equipos tienen problemas económicos”. “
El fútbol ha sido irracional pero se racionalizará, porque todo el mundo tendrá que ajustar sus pretensiones y
este deporte bajará a la realidad”.
“
La situación que se vivió en Yugoslavia es comparable a lo que vemos en España.
El pueblo está cada vez más empobrecido y cada día aparecen casos de corrupción. Esto es una contradicción que molesta mucho a la gente. La gente se queda sin sus casas y vemos que hay gente que maneja fortunas que no se han ganado merecidamente. El pueblo siempre reacciona para que se controle esto”.
Miroslav, que confiesa que nació en una familia pobre en la ciudad serbia de Šabac y
“a los 21 años tenía clarísimo que el fútbol constituía una oportunidad para llevar una existencia digna”, nos explica que las consecuencias erosivas que el germen de la
Guerra de los Balcanes tuvo en la sociedad y el deporte yugoslavo le empujó a hacer las maletas de forma prematura y alejarse de su patria antes del estallido del conflicto. “
La inestabilidad antes de la guerra de Serbia hizo mucho mal al pueblo e influyó en mi marcha del país a Coruña porque, aunque tenía ofertas del Partizán y del Estrella Roja, tenía claro que debía irme fuera”, señala. “
Empezó la desunión y se empobrecieron todas las naciones”, comenta con tono grave. Solo una situación tan dramática podía alejar al prometedor defensor zurdo que triunfó en el pujante
Rad de Belgrado -entre los cinco mejores de la potente liga yugoslava- de la posibilidad de jugar en el Campeón de Europa para desembarcar en Riazor a falta de cinco partidos para el final de la temporada en la Segunda División española.

Recordamos con nuestro interlocutor el hito del fútbol balcánico. El día en el que la última generación de jugadores talentosos yugoslavos que compitieron sabiéndose compatriotas, dotados de la inherente calidad técnica que exhiben también en baloncesto con ilustres adalides, tocaron la gloria europea.
El 29 de mayo de 1991 es la fecha que permanece en la retina de miles de ciudadanos en un lugar dorado de la castigada memoria reciente balcánica. El
Estrella Roja de Belgrado conquistaba la Copa de Europa tras anotar los cinco penaltis de la tanda que decidió aquella final ante el Olympique de Marsella, habiendo tumbado al todopoderoso Bayern de Munich en las semis. Allí, en el Estadio San Nicola de Bari, jugadores serbios, montenegrinos, croatas y macedonios celebraron juntos un triunfo rotundo para el deporte yugoslavo. Aquel equipo en el que destacaba la juventud y calidad de
Robert Prosinecki, Dejan Savicevic, Darko Pancev, Shinisha Mijhailovic o Vladimir Jugovic, cumplió el sueño al que aspira todo futbolista. Sin embargo, la áspera realidad deshizo aquella plantilla ganadora por urgencias de la guerra, cerrando con un sangriento portazo las esperanzas que el fútbol y baloncesto yugoslavos habían generado.
“
El pueblo estaba orgulloso del Estrella Roja por el juego que hacía y lo que conseguía en Europa y es un recuerdo extraordinario porque era un equipo hecho de todas las partes de Yugoslavia”, apunta Djukic. “
La repercusión de aquella victoria fue mucho más fuerte que lo vivido en España con el Mundial porque el Estrella Roja cuando se enfrentaba a los europeos estaba en inferioridad y aquello fue muy grande para el pueblo serbio”, resume con orgullosa nostalgia sobre el icono, aquella Estrella Roja del 91, que ha marcado a las generaciones posteriores de ciudadanos balcánicos.
Continuamos el paseo por el recuerdo colocando el foco en el
Mundial de Francia 98. En aquel torneo compitieron
Croacia y Yugoslavia por separado, dos selecciones que mantenían el extraordinario nivel técnico que apuntó aquel hito, con el poso de madurez que las brillantes trayectorias continentales imprimieron en los protagonistas eslavos del torneo galo. Entre ellos se encontraba nuestro entrevistado. Defendía los colores de la selección
plavi que, finalmente, cayó en los octavos de final ante Holanda.
Croacia, con
Suker en el rol de goleador, llegó hasta las semifinales y fue eliminada tras poner contra las cuerdas a la anfitriona y posteriormente campeona selección francesa de Zidane. En la plantilla de ambos equipos, además de los mencionados, figuraban nombres como P
edja Mijatovic, Dejan Savicevic, Dragan Stojkovic, Shinisha Mihajlovic, Robert Prosinecki, Zvonimir Boban o Robert Jarni. 
“
Si nos hubiéramos juntado Yugoslavia y Croacia en el Mundial del 98 hubiéramos tenido un potencial muy bueno. Nunca lo sabremos, pero es una verdadera pena que no se consiguiera unir aquella selección con serbios, croatas, montenegrinos y macedonios”.
Vujadin Boskov, entrenador de Serbia y Montenegro en la Eurocopa del 2000, definió la situación real de aquellos equipos aclarando, con la sinceridad que exhibe el actual preparador del Valladolid, las razones de la imposibilidad de juntar en lo deportivo a aquellos ciudadanos. “
Ahora podemos hablar pero antes no, En aquel entonces el país estaba mal y cada república tiraba por su lado. Hablábamos de cualquier cosa antes que de política. La atmósfera no era buena en el vestuario y no se permitía hablar de esos temas. La guerra de los noventa fue una tragedia. Para todos”.
¿Cómo ha sobrevivido el fútbol balcánico a la separación de las naciones eslavas? Djukic, que debutó en el papel de entrenador profesional logrando el subcampeonato europeo con la selección serbia sub 21 y el título liguero con el Partizan de Belgrado, nos explica que, en lo deportivo, “
el problema fue la organización y conseguir el espíritu de equipo, porque teníamos grandes individualidades que no lograron ganar cosas importantes por no conseguir formar un colectivo unido y por la escasa preparación táctica”. Sin embargo, el núcleo del declive reside en otro apartado estructural: “
Aquella zona pasó de tener ligas muy fuertes a tener campeonatos regionales donde uno o dos equipos destacaban sin competencia, los estadios se vaciaron y la consecuencia es que hay buenos jugadores pero no son tan competitivos”.
El capítulo final de este encuentro con el ordenador del equipo revelación de la Liga española nos lleva al desembarco de aquel central astuto en el corte y de buen trato con el balón en los pies a nuestro fútbol.
“Vine a Coruña para jugar los últimos 5 partidos de Segunda y conseguimos subir”, avanza. “
El primer año”, recuerda,
“tras mantener la categoría, conseguimos pelear los títulos con los grandes a pesar de que éramos un equipo pequeño”. Así fue. El joven zaguero serbio que se negó a jugar en el mejor equipo yugoslavo de todos los tiempos por razones existenciales se convirtió en la pieza defensiva clave del bloque que ganaría una Copa del Rey y estuvo a punto de arrebatarle la Liga al Dream Team de Johan Cruyff. “
Con el Valencia pasó algo semejante”, explica. “
Era un club que hacía mucho tiempo que no ganaba nada y nosotros conseguimos la Liga, la Copa y jugamos dos finales de Champions, por lo que cumplimos los objetivos y conseguimos cosas importantes”.
“Jugamos dos finales de Champions”, comenta. “Jugamos”, no “perdimos”. Porque Miroslav exhibe la coherencia de su discurso relativista también en aquel infausto acontecimiento. El Valencia de Héctor Cúper llegó a dos finales consecutivas de la Copa de Europa sin llevar a la ciudad levantina ningún trofeo. La última cita, para un grado mayor de dramatismo, concluyó en la lotería de los penaltis.
“
En aquella época de Valencia tuvimos una grandísima frustración los jugadores y el club. Fue una gran desilusión. Pero con el paso del tiempo te das cuenta de lo complicado que es llegar a una final de la Champions con el Valencia porque te cruzas con equipos como Madrid, Barcelona, Bayern, Milan, Chelsea y los poderosos.
Con el tiempo tienes que darte cuenta de lo grande que fue llegar a la final. Fue un exitazo muy grande, aunque en aquella época fue duro para mis compañeros y para el club”.
“
Nos faltó la mentalidad ganadora”, señala.
“Llegamos a las finales pero no éramos un equipo ganador porque sabíamos competir bien, Jugábamos a especular bien, pero no teníamos la mentalidad necesaria para ganar a equipos como Madrid o Bayern de Munich”, diagnostica.