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Armas para Siria

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 02 de marzo de 2013, 20:43h
La guerra civil siria recuerda a los conflictos de la Guerra fría. Dos bloques pugnan por la superioridad en Oriente Medio y libran una batalla en la que el pueblo sirio pone la sangre o los muertos. De un lado, la Federación Rusa y la República islámica de Irán apoyan al régimen de Bashar el Asad; de otro, los Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía y varias monarquías árabes dan respaldo a los rebeldes, que a su vez se agrupan en distintas organizaciones dentro y fuera de Siria. Nadie sabe a ciencia cierta qué cabe esperar de un conflicto que se ha enquistado y al que no se le encuentra una solución política.

Esta semana, durante la reunión del Grupo de Amigos de Siria en Roma, los Estados Unidos han decidido, por primera vez, suministrar ayuda “no letal” directa a los rebeldes por importe de 60 millones de dólares. Esta ayuda comprendería material médico y alimentos. Por su parte, la Unión Europea ha prometido enviar vehículos acorazados y material militar para la protección de los civiles. Los rebeldes, sin embargo, han quedado insatisfechos porque pedían armamento y eso no se lo han concedido. En realidad, llegaron a amenazar con boicotear la reunión de Roma en protesta por la pasividad de sus aliados. Sólo Gran Bretaña ha sido firme en su propuesta de armar a los rebeldes. Entre los demás socios comunitarios, nadie tiene muy claro que eso sea tan buena idea.

El problema de fondo es complejo. Por una parte, se está librando una guerra civil y Asad ha logrado el apoyo de una parte de la población. A diferencia de lo que ocurrió en los primeros momentos de las protestas en Siria, cuando era casi unánime la necesidad de reformas y cambios profundos en el régimen, hoy el propio pueblo sirio está dividido entre los dos bandos. A esto se le debe añadir que los rebeldes se han ido deslegitimando a los ojos de los propios sirios. La propaganda de guerra ha hecho estragos y las acusaciones cruzadas de atrocidades han sembrado la desconfianza de manera que nadie sabe dónde están “los buenos”.

Por otro lado, sin embargo, una vez se entregan las armas es muy difícil controlar qué se hace con ellas. Una vez caído el Asad, existe el riesgo fundado de una lucha interna renovada entre las distintas facciones del bando rebelde por controlar el país e imponerse a las demás. A la guerra contra El Asad sucedería otro enfrentamiento civil de unos rebeldes contra otros. Así, se agravaría el caos en que el país se halla sumido. Los arsenales químicos son un motivo más de preocupación. Si el robo masivo de armas libias tras la caída de Gadafi ha nutrido los almacenes de movimientos yihadistas desde Mali hasta El Líbano, lo que podría ocurrir con las armas sirias es una pesadilla.

Por fin, los rebeldes reciben apoyos de Estados con agendas políticas distintas e, incluso, contradictorias. Por una parte, los Estados Unidos tratan de mantener su influencia en la región pero su declive parece inevitable. En Siria, son las potencias regionales quienes están liderando los esfuerzos en pro de los rebeldes. Por una parte, Turquía y por otra las monarquías del Golfo compiten por la superioridad moral en el mundo islámico en un momento de declive iraní. El impulso que la Revolución Islámica tuvo se está perdiendo tras la represión de la Revolución Verde y el pulso contra Occidente por el programa nuclear. Cada uno ayuda a los rebeldes por su lado y en su propio beneficio. Si Occidente no suministra las armas, otros lo harán. Habrá que ver a quién se le deben después las lealtades y los agradecimientos.

Mientras tanto, nadie logra consolidar victorias ni asegurar derrotas. El ejército iraquí ha ayudado a las tropas de El Asad a recuperar puestos fronterizos que habían caído en poder de los rebeldes. Alepo resiste como bastión de los sublevados mientras Damasco ha sufrido varios atentados terroristas.

El pueblo sirio sigue sufriendo la falta de soluciones políticas a un encuentro donde ambos bandos combaten sin tregua.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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