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RESEÑA

Elias Sanbar: El bien de los ausentes

domingo 03 de marzo de 2013, 13:08h
Elias Sanbar: El bien de los ausentes. Traducción de Jorge Gimeno. Pre-Textos. Valencia, 2013. 132 páginas. 17 €
Elias Sanbar nació en Haifa en 1947 o lo que es lo mismo, un año antes de que se crease el Estado de Israel. Un año antes de que miles de palestinos fuesen desplazados. Entre ellos, la familia Sanbar. Decía Churchill sobre los Balcanes que era un territorio que producía más historia de la que podía asimilar. El genio de Churchill puede aprovecharse también para describir la situación en Oriente Medio. Aunque podría aplicarse al conjunto de la situación en la zona, que se ha convertido en un sinónimo de convulsiones políticas y sociales, aquí vamos a centrarnos en concreto en el conflicto entre israelíes y palestinos. Un conflicto que parece diseñado por una mente escrupulosa empeñada en amalgamar todas las posibles causas de disputa. Parece que solo un diseño sádico podría haber concentrado en un diminuto territorio años de historia, siglos de injusticias, luchas de religión, interferencias constantemente pervertidas entre raza, cultura, Estado, nación… Incluso los grandes motivos de vergüenza de los dos últimos siglos de Occidente (el colonialismo, el racismo y la Segunda Guerra Mundial) se concentran allí para destilar un enfrentamiento en el que cada culpable reivindica la muerte de sus inocentes. Ocultos bajo los argumentos de la legalidad, la ilegalidad, la justicia o la razón están los nombres de las víctimas. Los que están más allá de acuerdos y desacuerdos. Los que pierden la vida o la identidad.

Elias Sanbar es historiador. También ha trabajado con Godard o con Deleuze y ha traducido al francés a Mahmud Darwix, el más reconocido poeta palestino contemporáneo. Uno de los títulos de Sanbar ha sido traducido, también por Pre-Textos, como En presencia de la ausencia. La coincidencia del empleo del término «ausencia» en ambos títulos, el de Sanbar y el de Darwix no es casual. Nos permite establecer una línea alrededor de la que se puede reconstruir buena parte de la principal preocupación de los intelectuales palestinos: arrancados de su tierra, los palestinos no solo reivindican la posesión de un territorio, sino su presencia como pueblo. Dejar de sentirse ausentes.

El bien de los ausentes es un libro de crónicas. Narraciones breves en las que cada capítulo es un espacio que se define por la distancia de Sanbar respecto a su tierra, respecto a una casa y una ciudad que ni siquiera conoce, pero que es el único lugar al que puede considerar su hogar, sabiendo que el hogar no es solo un cruce de coordenadas en el espacio, sino también en el tiempo. El lugar en el que el individuo reconoce su origen y alrededor del que construye su destino.

Podríamos entender la obra como una falsa biografía. O quizás sea mejor decir como una falsa sucesión de episodios biográficos. Sanbar protagoniza la mayoría de ellos, pero no todos. Hay un episodio muy significativo que Sanbar no vivió, el abandono de Haifa por su padre. Éste resistió cuanto pudo acompañado por la hermana de Sanbar, que se negaba a abandonarle. La señal del fin definitivo es el cese del funcionamiento del servicio postal, que anuncia que el Estado ha dejado de existir para ellos.

El resto de capítulos son crónicas de la vida de Sanbar en Beirut, en Francia, sus intentos frustrados de desplazarse a Haifa… Algunos de esos intentos los frustra, de hecho, el mismo Sanbar, que se niega a viajar a Haifa si no es bajo determinadas condiciones. Instalado en el circuito de la intelligentzia francesa Sanbar tiene la oportunidad de ir a Haifa utilizando su pasaporte francés. Pero Sanbar sabe que desplazarse a Haifa como francés es ir cuando lo que él quiere en realidad es volver. Volver como se fue. Volver desde el puerto, subiendo las cuestas de Haifa, desandando el camino.

Durante años, Sanbar construye su recuerdo con textos, con evocaciones, con mapas. Como estudioso que es reconstruye una memoria -no la suya, sino la que se le ha arrebatado- mediante el estudio de la Historia. El último capítulo (no me parece innecesario anotar aquí que el libro se publicó originalmente en 2001) vuelve a reunir a un padre y su hija. Ambos recorren el mismo camino que Sanbar recorrió cuando era niño con su padre. Un camino en el que, dicen, se nota cuando cambia el viento.

Por Miguel Carreira
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