Este domingo ha tenido lugar en el Teatro Real la primera de las dos únicas funciones de la ópera de Gaetano Donizetti en versión concierto, cuyos principales protagonistas, Edita Gruverova y José Bros, han cosechado quince minutos de aplausos de un público agradecido que, puesto en pie, los aclamaba una y otra vez para que volvieran a salir al escenario.
Los músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real, a las órdenes del ucraniano Andriy Yurkeviych, ya habían abandonado sus asientos dejando el escenario vacío cuando Edita Gruverova volvía a salir para saludar al público que aún quedaba en el teatro quince minutos después de que sonaran los últimos acordes del intenso drama belcantista de Donizetti que relata el amor no correspondido de la reina Isabel I de Inglaterra y que acabó con la trágica muerte de su amado, Roberto Deveraux, conde de Essex. En todo caso, la ovación recibida de manera especial por Gruverova no extrañaba porque, a pesar de que la soprano eslovaca no cantaba una ópera en el coliseo madrileño desde hacía diez años, sus dos últimos recitales habían servido para comprobar que existe una ferviente legión de seguidores entre el público madrileño que le profesa verdadera devoción. Anoche, de una de las plateas colgaba incluso una pancarta con un dibujo de Gruverova y nadie pudo impedir – está por saber si lo intentaron – que sus admiradores se acercaran al escenario, cámara o móvil en mano, para inmortalizar el momento de triunfo de su diva. Uno más, porque la soprano acaba de celebrar sus 45 años de exitosa carrera con Anna Bolena y La Straniera en Munich y en Viena.

Aquí en Madrid, la soprano se ha metido en la piel de uno de sus personajes favoritos, Elisabetta I, aunque no es la primera reina que encarna, ya que, además de la citada Anna Bolena, Gruverova también ha cantado Maria Stuarda. Aún así, no es de extrañar que su favorito sea el de la ópera estrenada anoche en el Real. No sólo porque se trata de un personaje de gran profundidad psicológica con tremendas exigencias vocales, sino también porque la obra en sí encierra una enorme carga dramática y el libreto escrito por Salvatore Cammarano, basado en la tragedia Elisabeth d’Angleterre de Jacques-Francoise Ancelot, nos enfrenta con eficacia histórica al peor de los amores, el que no es correspondido, y lo hace a través de los sentimientos de los cuatro personajes involucrados en la trama: la reina enamorada de Deveraux, quien, a su vez, está enamorado de Sara, la mejor amiga de la reina y esposa del duque de Nottingham, mejor amigo de Deveraux.
La obra de Donizetti es capaz de mostrar las emociones de todos ellos, emociones cambiantes que se atenúan o se vuelven más poderosas, que van desde clamar sangre y venganza hasta la honda piedad y la resignación, aunque estas lleguen cuando es demasiado tarde. No en vano, su propio compositor escribió justo antes de comenzar los ensayos: “Esta será para mí la ópera de las emociones”. Y, desde luego, lo era porque en ella se refugió para superar su propio dolor y en su composición se empleó sin descanso durante las cuatro semanas posteriores al entierro de su esposa, después de haber perdido poco antes a sus padres y a dos de sus hijos. El compositor italiano dibujó con detalle no sólo al personaje de Elisabetta, que aparece por cuarta vez en una de sus obras, también cuidó al máximo la personalidad del resto de los trágicos enamorados.
Gruverova cumple con técnica las exigencias del difícil papel de la hija de Enrique VIII que abdicó después de la ejecución de Deveraux, pero también el resto del reparto, especialmente el tenor José Bros en el papel del protagonista que da nombre a la obra, responsable de algunos de los momentos más intensos de la velada, como su interpretación del aria “A te dirò negli ultimi”, merecidamente aplaudido, recibiendo, asimismo, una gran ovación por parte del público puesto en pie al finalizar el concierto que podrá volver a verse el próximo día 7 de marzo. Sin olvidar al amigo traicionado, el duque de Nottingham, papel encargado al barítono búlgaro Vladimir Stoyanov, y Sara, la rival de la desgraciada reina, a quien pone voz una de las mezzosopranos más destacadas de su generación, la italiana Sonia Ganassi, ayudando a completar este magnífico drama de una reina vencida por la mujer que lleva dentro y que queda magistralmente dramatizado en la escena final, una de las páginas más conseguidas de toda la obra de Donizetti.
