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Crítica de arte

[i]Cristina Iglesias. Metonimia[/i]

miércoles 06 de marzo de 2013, 17:33h
La primera retrospectiva dedicada a la escultora Cristina Iglesias puede visitarse en el Museo Reina Sofía hasta el xx de mayo. Las salas habilitadas por el museo forman un tándem perfecto con las obras que las visten. Este diálogo que se establece entre el espacio y la obra es una pieza fundamental para comprender qué quiere expresar Iglesias en sus trabajos, de los que se deduce su interés por experimentar con los materiales y su obsesión por reflexionar sobre el paso del tiempo y la transformación.
A mediados de los 80, Cristina Iglesias comenzó su carrera como artista. El hecho de que sus primeros trabajos daten de entonces es significativo si se atiende a los profundos cambios en la forma de concebir el arte que habían traído consigo las décadas de los 60 y los 70, años en los que las narrativas tradicionales –pintura, escultura y arquitectura- dejaron de monopolizar la creación artística. Arrancaba, pues, un tiempo en el que, como sostenía Arthur Danto, el artista había sido liberado.

La retrospectiva que le dedica el Museo Reina Sofía a la artista donostiarra aborda su producción artística desde los 80 hasta la actualidad. A través de unas 50 obras, Iglesias da cuenta de su interés por experimentar con variedad de materiales como el hierro, el aluminio, el polvo de bronce o la madera, así como por abordar una cuestión que tanto ha preocupado al artista contemporáneo como es el paso del tiempo.

Asimismo, la maduración de su concepto del espacio es otro de los temas que se deduce de la contemplación de su obra. Para lograr este propósito ha sido fundamental el modo en el que han sido expuestas las piezas en las salas del museo, lo que confirma la importancia que adquirió a partir de la mitad del siglo XX aunar obra con espacio llegando a ser creada para un lugar en concreto y perdiendo su significado si era privado de él.



Techo suspendido inclinado, fechada en 1997, ha sido creada a partir de hierro, resina y polvo de piedra. Es una de las tantas obras de Iglesias que necesitan del espectador para adquirir sentido, una característica propia del arte contemporáneo y que supuso la modificación de la relación de la obra con el espectador, quien pasa de admirar lo que ve a reflexionar sobre lo que ve.

Así como en Techo suspendido inclinado, el espectador debe pasar por debajo de la obra y sentir el peso figurado de una gran losa sobre su cabeza, en la sala contigua aguardan las piezas tituladas Impresiones de África II, Celosía contra natura y Santa Fe y II creadas con polvo de bronce, madera y gres. De gran tamaño y aspecto de jaula, son dos obras que invitan a ser observadas desde distintos ángulos, así como a rememorar las formas talladas de la arquitectura árabe.



Nada tiene que ver el espacio iluminado que alberga estas obras con el que muestra los trabajos titulados Corredor suspendió I, II y III, expuestos en una oscura sala en la que las obras penden de finos hilos de acero. El hierro dulce trenzado con el que han sido creadas invita a imaginarse unas estructuras pesadas que nada tiene que ver con la impresión de ligereza que emana de ellas.

De la misma forma que el visitante puede pasear por dentro de las obras de Iglesias vistas hasta este momento del recorrido, también lo puede hacer en Habitación vegetal III, una obra que consiste en paneles creados con polvo de bronce, resina de poliéster y fibra de vidrio que representa un camino que se abre paso en una frondosa y figurada vegetación en la que se siente inmerso el visitante bajo una cierta sensación de encontrarse en un laberinto.

Así como el paso del tiempo y el espacio forman parte de sus inquietudes, también parece serlo el agua como elemento de naturaleza cambiante que ahonda en conceptos como la metamorfosis. Prueba de ello son las obras Hacia la tierra y Hacia el fondo, en las que aúna el concepto tradicional de escultura con el agua, cuyo golpeteo constante se escucha constantemente durante el recorrido de la muestra, lo que aporta una nota diferente y agradable a la visita.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini.

Fechas: del 5 de febrero al 13 de mayo.

Horarios: lunes a sábado de 10:00 a 21:00 horas / domingo de 10:00 a 19:00 horas / martes: cerrado (incluidos festivos).

Entrada: 3 euros (exposición temporal)
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