El inversor de Maryland, con su inseparable pajarita, ha admirado al mundo con su éxito, y le ha advertido de muchas de las cosas que estamos viendo con sus análisis. Ahora vuelve a lanzar una advertencia, ésta sobre el papel de los ahorradores.
Se dice de Adam Smith que él situó a la división del trabajo como el motor del crecimiento. Carl Menger, el mejor economista del siglo XIX, le criticó por ello y llamó la atención sobre el papel del capital. Lo cierto es que los dos, con un siglo de diferencia, describieron el papel de uno y otro motores del crecimiento. Además, y este no es lugar para detallarlo, la acumulación del capital y la profundización de la división del trabajo van de la mano.
El capital procede del ahorro. Sin ahorro no hay capital, y sin éste no hay crecimiento. De modo que de cómo tratemos a los ahorradores depende todo. Este es el punto de partida de
las palabras de Jim Rogers. En una reciente intervención, ha señalado que vivimos un momento histórico, y no por buenas razones: “Por la primera vez desde que se registra la historia, tenemos a casi todos los bancos centrales imprimiendo dinero e intentando devaluar sus monedas. Esto no había ocurrido nunca antes. Cómo funcionará, no lo sabemos. Todo depende de quién caiga más y lo haga primero, y entonces irán por turnos. Cuando uno dice que una moneda va a caer, la pregunta es… ¿contra qué? Porque todas están intentando devaluarse. Es un momento peculiar de la historia mundial”.
Una vez nos ha situado en cuáles son las condiciones monetarias, a su juicio, nos habla de cuál es su primera apuesta (luego veremos que tiene más): “Yo poseo dólares, no porque tenga alguna confianza en el dólar (es una moneda terriblemente fallida), sino porque espero que haya un terremoto monetario, más terremotos monetarios. Durante periodos como este, la gente, por el motivo que sea, vuela hacia el dólar estadounidense como un refugio. No lo es, pero hay gente que lo percibe como tal. Por eso el dólar sube, y por eso lo tengo”.
Pero no es lo único que posee: “Tengo oro y plata, y otros metales preciosos. Tengo todo tipo de bienes, que es el mejor modo de jugar mientras ellos devalúan las monedas”. Ya explicó Ludwig von Mises, uno de esos pocos autores que permiten entender lo que ocurre, que cuando hay una hiperinflación (y la situación que describe Rogers lleva a una caída generalizada del valor de la moneda), los agentes corren a hacerse con los valores reales, con los bienes, para no perder más riqueza.
Sigue Rogers: “A lo largo de la historia, de la de cualquier país, la gente que ha ahorrado su dinero y lo invierte para el futuro son los que han construido una economía, una sociedad, una nación. En los Estados Unidos, mucha gente ha ahorrado su dinero, lo ha retirado, y no se ha comprado cuatro o cinco casas sin trabajo y sin entrada. Han hecho lo que la mayoría de la gente considera correcto y que históricamente ha sido lo correcto. Pero ahora, desafortunadamente, esa gente está desapareciendo porque están obteniendo, como remuneración, un cero por ciento, o casi, por sus inversiones. Están desapareciendo a expensas de la gente que se ha endeudado fuertemente. (…). Esto, a largo plazo, tiene consecuencias terribles para cualquier nación, cualquier sociedad, cualquier economía”.
Recuerda el caso de los alemanes en los años 20. Sufrieron una hiperinflación que aún recuerdan los propios alemanes, y que temen como al fin de la civilización, que fue exactamente lo que le siguió.