Tres mensajes: americano, jesuita, y de nombre Francisco
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 13 de marzo de 2013, 21:40h
En un ritual imbatible desde el punto de vista simbólico, este miércoles ha sido elegido el 266 heredero de Pedro en el liderazgo de la Iglesia Católica, organización que, más o menos apreciada, venerada, respetada o criticada, es muy probablemente la columna vertebral de Occidente. Y el designado ha sido el cardenal Bergoglio, un nombre italiano, para consuelo romano, pero argentino. El primer Papa americano, de esa América que es católica porque fue española. Y el primer Papa jesuita, lo que tampoco es desdeñable en estos tiempos eclesiales no dados, precisamente, a la pasividad.
La Iglesia no da puntada sin hilo. Es lo que la ha hecho sobrevivir a dos mil años de Historia. Y ahora ha elegido a un pastor que tampoco parece darlas, desde el mismo momento de la elección de su propio nombre, Francisco, el primero con el patronímico del santo de la Iglesia más relacionado con la sencillez. No nos equivocaremos, seguramente, si pensamos que el mensaje del nuevo padre de la Iglesia puede poner el acento justamente en los más desfavorecidos, que no están precisamente en la Vieja Europa, matriz del catolicismo, sino en la América siempre emergente pero no emergida.
La Iglesia es sumamente tradicional. Tanto como para cambiar permanentemente. Y no es poco cambio ponerse en manos de un Papa buscado a miles de kilómetros de Roma, como él mismo dijo desde el balcón de San Pedro. Porque es lo mismo que decir que hacía falta abrir las ventanas para ventilar un ambiente enrarecido en la Curia, alcanzada por escándalos tan dolorosos para su feligresía como para haber dejado sin fuerzas a su predecesor, Benedicto XVI.
Es difícil ahora predecir éxito en la gestión de Francisco I. Pero sí es fácil apreciar que, a diferencia de su predecesor, no ha llegado al Papado con el semblante de quien llega al Calvario, sino con sencillez y simpatía. Probablemente no le sea suficiente, porque tiene un toro difícil de lidiar, pero al menos cuenta con la tradición de mitad monje y mitad soldado que caracterizó a su orden, que combinada con la tradición de fraternidad franciscana puede ayudarle en este momento de la Historia.
El nuevo Papa no llega, como parecería deducirse de la opinión hegemónica en los medios de comunicación, a una Iglesia menor, sino más extensa, de la que gobernaron sus predecesores. Incrementada, precisamente, por la aportación de la población latinoamericana de la que es originario el nuevo Sumo Pontífice. Pero sí es cierto que toma el báculo de mando en unos tiempos más confusos desde el punto de vista de la percepción de lo trascendental. De hecho, son progresivamente complejos, no tanto porque la historia ahora lo sea (hay que recordar lo que fueron los períodos de las grandes guerras mundiales, sin ir más lejos que el pasado siglo), sino porque los fenómenos de la comunicación globalizada, sumados a la percepción sobre la importancia del bienestar terrenal frente a los valores espirituales, parece no dejar espacio a la religión, especialmente la mayoritaria en el Occidente rico.
Y, sin embargo, para sorpresa de un mundo extremadamente laico, al menos en sus dirigentes políticos y mediáticos, económicos y sociales, la Iglesia católica como administradora de los grandes procesos de tránsito de los hombres, desde el nacimiento a la muerte, sigue viva en una gran parte del mundo. Concretamente en la nuestra. Lo que parece irritar muchísimo a muchos sectores, aunque ello carezca de sentido lógico.
Es curioso, sin embargo, observar, que son otras variantes cristianas de la religión, como las protestantes, han mantenido una presencia más viva de la idea de Dios en sus vidas cotidianas. A nadie le extraña ver a un presidente estadounidense encomendándose a Él, ni tampoco sorprende que esté en su Constitución. Sin embargo, en la Europa nuclear del catolicismo, algo así parecería impensable, tanto por la reclusión de la religión al ámbito privado como por la desafección militante, cuando no por la hostilidad manifiesta, de quienes discuten la idea de trascendencia, como si ésta fuera ofensiva.
Seguramente por eso se ha buscado un Papa en un continente más joven y menos contaminado por el carpe diem. Y sería una enorme paradoja que la antigua y ritual Iglesia Católica termine por superar en modernidad a la civilización europea, tan ensoberbecida en su aparente progreso científico y técnico como para haber olvidado que la civilización se sustenta en valores, entre los que la justicia social no es el último.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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