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Más trabajo por menos sueldo

lunes 18 de marzo de 2013, 18:12h
Al comenzar el año, la patronal de los grandes almacenes ofreció un convenio en el que, demostrando un gran espíritu negociador, proponían a sus trabajadores un pacto que contemplaba una merma en los salarios y un aumento de las horas trabajadas.

El convenio finalmente evitó la reducción salarial en sí, además de la propuesta de ligar las remuneraciones a la evolución del consumo. No obstante, sí que consiguió un aumento de las horas máximas trabajadas, así como la generalización del trabajo durante domingos y festivos sin acompañar tales jornadas de una retribución especial.

Será que la patronal ya no tiene conciencia de clase y habrá que darle lecciones de capitalismo, pues parece estar tirando piedras contra su propio tejado; será que no conocen el sistema productivista que tanto defienden, o será, sencillamente, que la avaricia les ciega y no quieren aceptar que las cifras no siempre serán tan satisfactorias como antes.

Bajo la apariencia de la democratización económica se esconde una masificación del consumo. Si el pueblo no tiene dinero, no seguirá comprando. Más aún, la jornada laboral entra en competencia con el tiempo de consumo y ocio consumista. Según la receta de quienes manejan los hilos, lo mejor para salir de la crisis es tener por un lado a un montón de gente sin dinero (que ha sido despedida o que no encuentra trabajo) pero que tiene tiempo de sobra, y por otro, a un montón de gente con algo de dinero pero sin tiempo para gastarlo.

Supongo que quienes plantean estas soluciones son ecologistas radicales, pues parecen ansiosos por relegar el consumo a una pequeña élite y así minimizar el impacto ecológico que está castigando al planeta. Tan sólo planteo estas pequeñas advertencias a quienes creen en el productivismo como sistema óptimo para la satisfacción de las necesidades humanas.

Puede que el hundimiento de la demanda interna obedezca simplemente a cierto equilibrio, es decir, que antes consumíamos más de lo necesario. Lo cual no significa siempre que como consecuencia, vivamos en la abundancia y tengamos mucho, sino que consumimos mal: esto es, renovando cada poco y manteniendo pautas innecesariamente individualistas de consumo y propiedad. A veces es más fácil comprar doble que enseñar a los hijos a compartir.

Sinceramente, no tengo ninguna piedad por la caída de las grandes empresas de distribución. Los grandes almacenes han crecido de forma desmesurada y promueven formas de consumo y ocio deplorables. Despersonalizan el comercio, banalizan el ocio, uniformizan a trabajadores y clientes y anteponen el beneficio al servicio.

Sin duda la mejor manera de apoyar al mayor número de personas no es creando puestos de trabajo en grandes empresas de este tipo, sino haciendo una apuesta seria por el pequeño comercio. Hay que ser conscientes de las desventajas de los grandes almacenes para la redistribución de los recursos y la riqueza, amén de muchos otros problemas añadidos (alto consumo energético, excesivo embalaje, publicidad engañosa, hipermercantilización de las relaciones comerciales, etc.). Quizás esta sea una buena oportunidad para dejar de ser esclavos del trabajo y del consumo, es decir, del dinero, y ser sencillamente, personas.

José María Zavala

Sociólogo

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