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ph cero

¡Qué Papa tan incómodo!

jueves 21 de marzo de 2013, 10:02h
En la homilía que ha pronunciado este martes durante la celebración de la eucaristía con motivo del inicio de su pontificado, el Papa Francisco se ha permitido recordar a los más poderosos del mundo que servir es reinar (Lumen gentium 36) particularmente en los pobres y en los que sufren. El Santo Padre les ha dicho a los integrantes de 130 delegaciones internacionales -jefes de Estado y de Gobierno, príncipes herederos, ministros, etc- que “el verdadero poder es el servicio” y que él quiere cuidar “de los más pobres, de los más débiles, de los más pequeños, de quien tiene hambre, sed, es extranjero, está enfermo o en la cárcel”.

Estas palabras han sido pronunciadas por el Papa Francisco poco después de recibir un “anillo del pescador” de plata dorada en vez de oro, de volver loca a la seguridad vaticana bajando a cada rato del vehículo —un jeep sin cristales blindados que lo separaran de la gente- en el que ha recorrido durante veinte minutos una Plaza de San Pedro atestada para saludar y bendecir a niños y enfermos, y de rogar a los fieles cristianos que recen por él.

Así, la misa de inicio del Ministerio Petrino de Bergoglio ha añadido más letra a los muchos gestos y palabras que desde el pasado día 13 invitan a esperar que un Papa incómodo someta, con su ejemplo y su mensaje, a los poderosos de este mundo a un constante recuerdo de lo que debe ser el ejercicio del poder: servicio a los demás, especialmente a los más necesitados.

No cabe esperar de los poderosos excesiva receptividad al incómodo mensaje del Papa, pero lo que seguro logra el Santo Padre es reconfortar en su sufrimiento a los que no detentan el poder porque él, si Dios no lo remedia, parece que va a ejercer un pontificado, un poder, un servicio en atención a quienes menos tienen y más padecen.

Sus recientes predecesores también lo hicieron -¡es el encargo de Jesucristo!-, pero el estilo directo, rápido, claro y conciso del Papa Francisco hace más evidente la tarea del Pontífice para cuidar a los que más lo necesitan. Y esa decisión, desde el primer día, de volcarse en los débiles no le granjeará amigos en las élites mundiales, pero es posible que le ayude a cosechar muchísimos amigos entre las gentes corrientes. Estos amigos saldrán beneficiados, la Iglesia resultará fortalecida y el “sillón de Pedro” quedará restaurado para el futuro gracias al Papa molesto que ya ha empezado a desafiar al poder.