DAVID Y ÁLEX PASTOR DIRIGEN [i]LOS ÚLTIMOS DÍAS[/i]
"Reaccionamos tarde ante todas las crisis, aunque las tengamos delante"
jueves 28 de marzo de 2013, 02:38h
Los hermanos David y Álex Pastor han estrenado este miércoles Los últimos días, su segundo largo y el primero de producción española después de debutar en Hollywood con Carriers (2009). Como a hicieran en su anterior trabajo, los cineastas presentan un argumento apocalíptico, pero esta vez lo hacen en casa: Barcelona se convierte en escaparate del fin del mundo y tanto el equipo como los actores son españoles. José Coronado, Quim Gutiérrez, Marta Etura y Leticia Dolera protagonizan una cinta que propone una agorafobia extrema y mortal como el último escalón antes del fin de la vida tal y como la conocemos.
Su puesta de largo cinematográfica, Carriers (Infectados) (2009), también hablaba del fin del mundo. David y Álex Pastor desembarcaron su talento barcelonés en Estados Unidos después de que La ruta natural, de Álex, el pequeño de los hermanos, eclipsara al resto de cortometrajes en el prestigioso festival de Sundance en 2004. El murmullo provocado por los Pastor recorrió las productoras hollywoodienses hasta que una de ellas les avaló en su primer trabajo, aquella cinta apocalíptica sobre una pandemia vírica mortal que, aunque se gestó mucho antes, se estrenó en plena paranoia global derivada de la hoy empolvada Gripe A.
Llega 2013 y los hermanos Pastor vuelven a la carga con Los últimos días, una nueva versión del fin del mundo que, sin obviar la fuente común de la que ambas beben, que no es otra que el imaginario y las preocupaciones de sus creadores, tiene menos en común con su hermana mayor de lo que pueda parecer. Empezando por aportar una mirada parcialmente positiva al Apocalipsis, siguiendo por encontrar las causas del adiós definitivo en algo terrenal y, por ello, terriblemente inquietante, y terminando por mostrar esta vez el fin de los días en y desde España, una aventura poco explorada por la cinematografía patria.
Los últimos días arranca en una Barcelona apocalíptica como escaparate que muestra al espectador lo que está ocurriendo en el mundo: una agorafobia extrema mantiene a la población encerrada en sus casas o sus lugares de trabajo, moviéndose por los túneles del metro o las alcantarillas, para burlar a la muerte fulminante que supone salir al exterior. Marc (Quim Gutiérrez) emprende el camino en busca de su novia Julia (Marta Etura) acompañado de forma fortuita por Enric (José Coronado), el responsable de recursos humanos de su empresa.
“El hecho de hacerla en España hace que las imágenes sean mucho más inquietantes e impactantes para el espectador español”, explica David Pastor a este diario. Los cineastas han filmado la realidad con la que conviven más de un millón y medio de españoles “según abren la puerta de su casa” y la han destrozado a base de efectos especiales y posproducción, rompiendo el estereotipo anglosajón del Apocalipsis que el cine imperante en décadas ha impuesto como estándar. “Nueva York está tan mediatizada que deja de ser una ciudad real para convertirse en el plató en el que suceden la mayoría de historias”, opina el mayor de los hermanos.
Entre los nueve millones de dólares con los que se realizó Carriers y los cinco millones de euros que se han invertido en sacar adelante Los últimos días hay una diferencia nada desdeñable. Sin embargo, los hermanos Pastor tenían claro que querían rodar en España, con productora, elenco y equipo españoles.
“Si la hubiéramos hecho con una productora americana nos habrían obligado a poner un ‘prota’ americano, y eso es algo que no queríamos hacer”, explica David. “Rodar con americanos habría obligado a la típica situación de turistas que viajan a Europa, de repente se acaba el mundo y les pilla a contrapelo en sus vacaciones”, continúa Álex.
Álex Pastor durante la entrevista con El Imparcial.
“A los americanos les pasa algo terrible cada vez que van a Europa, nunca tienen vacaciones normales”, bromea el mayor de los Pastor antes de dejar que su hermano explique cómo las imposiciones de las ‘majors’ americanas desvirtuarían el objetivo de la película: mostrar en un escenario reconocible para el público español unos personajes con los que pueden identificarse y que de pronto ven rota su monótona vida cotidiana. “Te identificas más si los personajes son dos españolitos de a pie como tú y como yo que si de pronto haces llegar al héroe de acción americano a Barcelona”, zanja David.
Esos dos “españolitos” no son otros que José Coronado, a quien los cineastas tuvieron en mente desde la escritura del guión porque es “un pedazo de actor con el carisma” necesario “para que te importe lo que le pase a un personaje a priori tan despreciable”, y Quim Gutiérrez, una persona “atractiva y atrayente”, pero también “familiar y cercana”. Marta Etura y Leticia Dolera completan el reparto de caras comunes y roles corrientes que hacen funcionar el argumento.
La cuestión de justicia con el público español, condenado hasta ahora a la tercera persona en cada fin del mundo cinematográfico, no es el único motivo por el que los Pastor han decidido traerse este segundo Apocalipsis a casa. “Allí teníamos más dinero pero menos medios”, suelta David. “En Estados Unidos se gasta mucho en cosas que después no están en pantalla como ‘rulotes’, asistentes personales o billetes en primera clase, cosas que hacen que los presupuestos se disparen sin que quede dinero para hacer lo importante para el espectador, que es la película”, explica, para asegurar que en España percibe “mayor eficiencia”.
“Los equipos técnicos y artísticos de España no tienen nada que envidiar a los de Hollywood, pero ellos mismos no lo saben. La experiencia que hemos tenido con el equipo de rodaje aquí le da mil patadas a la de allí, pero el propio equipo nos preguntaba por los profesionales americanos y lo buenos que debían de ser. Es un complejo que nos tenemos que quitar de encima todos”, continúa.
Además, para el mayor de los Pastor, en la industria cinematográfica española hay una “mayor libertad creativa” y una “relación más de igual a igual y más civilizada con los financieros y los productores”. David Pastor dice tener la sensación de que en Los últimos días “todos han remado en la misma dirección, mientras que en Estados Unidos “parece que cada uno rema en una dirección distinta, según unos intereses que no están destinados a mejorar la película sino a que el ejecutivo de turno conserve su trabajo”.
Enfermedades “artificiales” Ni armas químicas, ni ataque bacteriológico, ni meteorito descarriado. El mundo de David y Álex Pastor muere por agorafobia. “Para nosotros es como un resumen de un fenómeno actual que es muy interesante si lo analizas y es que muchas de las dolencias que tenemos, no sólo psicológicas sino también físicas, se deben a nuestro estilo de vida: enfermedades cardiovasculares derivadas de lo que comemos, problemas de espalda por estar todo el día sentados delante de un ordenador…”
Aunque habla tranquilo y mantiene una posición relajada durante la entrevista, Álex Pastor confiesa que el estrés le ha impuesto una férula dental nocturna para salvaguardar su mandíbula. “Todo esto no son enfermedades, sino síntomas de cómo vivimos. Para nosotros la agorafobia es la ultima dolencia que termina de empujar a la civilización al borde del precipicio”, expone para lanzar la pregunta que ellos mismos se han contestado durante los 90 minutos del apocalíptico metraje: “¿Qué pasaría si al final desarrolláramos un miedo, una fobia o incluso una alergia al mundo real y nos quedamos encerrados en estas ficciones que son nuestros edificios, esos refugios construidos a lo largo de siglos y que se acaban convirtiendo en cárceles?”.
“Cuando el problema viene de dentro del ser humano te permite hablar más de esta sociedad. No es un meteorito que dependa de la mano de Dios o de la naturaleza, sino que surge de nosotros mismos y de este estilo de vida tan sedentario y tan antinatural que llevamos, para el que biológicamente no estamos preparados”, introduce David, para quien la respuesta a la cuestión que emitía su hermano está clara: cuando desaparece la cotidianidad artificial que rodea a los personajes, estos “se encuentran con una realidad mucho más primitiva, más salvaje, que es peligrosa y no es fácil, pero al mismo tiempo y por primera vez, se sienten más vivos de lo que se habían sentido en mucho tiempo”.
David Pastor durante la entrevista con El Imparcial.
Perspectiva positiva Así, Los últimos días adquiere un aire de positivismo hilado milimétricamente en un género poco halagüeño por definición. “Nuestra anterior película era más oscura, casi nihilista, aunque algunos dirían que más realista, y mostraba un fin del mundo sacaba lo peor de cada personaje. Con esta queríamos hacer algo radicalmente distinto y no mostrar un fin del mundo deprimente, sino uno que, siendo doloroso y complicado, habiendo peligros y sangre, mostrara una luz al final del túnel”, expone David.
“Tenemos una manera de vivir que se basa en trabajar, a veces en cosas muy nebulosas y muy abstractas, para recibir al final del mes un cheque con el que ir al súper y comprar comida. No hay una relación directa entre tus esfuerzos o tu inteligencia y los resultados palpables de la cobertura de tus necesidades”, observa Álex, para quien “este mundo que nos hemos montado hasta ahora, no es el único posible”.
“Cuando esta civilización se acabe, como siempre ha sucedido en la historia del mundo, surgirán otras cosas, mejores o peores, pero habrá un ‘reset’ una opción de volver a empezar”, sugiere el pequeño de los Pastor.
¿Toca ‘resetear’? Ante la sugerencia de las palabras de los hermanos Pastor -cambio, crisis, fin, sistema, estilo de vida- es inevitable sustituir los parámetros de ‘ciencia’ y ‘ficción’ por los de ‘economía’ y ‘real’. Igual que la supuesta agorafobia extrema, ¿puede la actual crisis económica inducir a uno de estos ‘resets’ de la Humanidad?
“La actual crisis económica ha puesto en evidencia los grandes problemas que tiene el sistema en el que vivimos, como que la democracia resulta ser un poco menos democrática de lo que creíamos cuando ves que siempre pagan el pato los mismos”, arguye David, quien se confiesa “deprimido” por haberse percatado de que “el sistema democrático que tenemos no acaba de servir para proteger a los ciudadanos de a pié”.
“La cuestión es saber si realmente se pueden cambiar las cosas o no. Nosotros creemos que sí, pero veremos si estamos siendo ingenuos o no”, dice el mayor de los cineastas.
“La peli también muestra que tenemos muy poca capacidad de reacción, que las cosas se han de poner muy mal antes de que la gente se mueva e intente solucionarlas y que ante toda crisis reaccionamos tarde, incluso aunque la tengamos delante de nosotros, como en el caso del calentamiento global”, añade Álex.
“Nos vamos dando prórrogas para hacer algo y nunca llegamos a hacer nada. Estamos demasiado ocupados con nuestro día a día, con nuestros pequeños problemas, que cuando llega una epidemia, como en la película, te pilla desprevenido, y cuando es palpable e innegable ya es demasiado tarde. Por eso todo cambio es siempre traumático y violento, parece que a las buenas no terminamos de aprender”, continúa el más joven de los hermanos.
Álex y David Pastor durante la entrevista con El Imparcial.
“Y a veces a las malas tampoco”. Su hermano mayor se cuestiona de pronto su positividad. “Yo siempre había creído que en EEUU sería necesario un acto realmente horrible de violencia para que hubiera un control de armas más estricto. Pensé que la matanza en la guardería de Newtown podía ser ese acto que motivaría el cambio y no ha sido así. Han aprobado una ley de control de armas que ha sido realmente ridícula, se ha quedado en nada. A lo mejor sí estamos siendo ingenuos”.
Cuestión de género Utilizar sus dos primeros largos para llevar a la gran pantalla dos versiones del fin de mundo desde dos cinematografías distintas y con una diferencia de cuatro años es una mezcla de casualidades e interés personal, según los hermanos Pastor.
Álex cuenta que de los cinco o seis guiones que estaban desarrollando tras su debut, sólo uno bebía de la temática apocalíptica y “ha dado la casualidad de que es el que ha llegado a meta”. Sin embargo, según el cineasta, la fantasía o la ciencia ficción suele sobrevolar todos sus proyectos. “Es lo que nos gusta”, subraya.
“En lo que haces, hay una parte del cine que mamas de pequeño y eso creo que se nota mucho en el cine español de los últimos años, de esa gente que hemos crecido viendo muchas películas en los años 70, 80 y 90”, continúa David.
No obstante, Los últimos días no nace de un compartimento estanco etiquetado como ciencia ficción apocalíotica, sino más bien de una mezcla de géneros. “Es una forma muy interesante de hablar del mundo en el que vivimos de una manera distinta, original, poder hablar del hoy y del ahora sin hacer un drama social, sino ofreciendo una peli de aventuras”, resalta Álex.
“Lo que queremos es que la peli guste y que llegue a un público amplio, no tanto en cuanto a número sino en cuanto al tipo de espectador”, ultima David. “El otro día conseguí que llorara mi suegra viendo la película, cosa que no es fácil. Si a una señora de sesenta y tantos años le saco una lágrima y se emociona, creo que quiere decir que puede gustar a un público para el que el cine apocalíptico no es su primera opción” termina.