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Obama en Tierra Santa (II)

Víctor Morales Lezcano
miércoles 27 de marzo de 2013, 19:51h
Otro “quiebro” diplomático de Obama tuvo lugar cuando después de rendir honores póstumos a las víctimas del Holocausto y a la personalidad de Isaac Rabin, el presidente vino a compensar su gesto anterior con una visita a Belén, acompañado de dignidades palestinas locales, tanto musulmanas como cristianas. Juego de equilibrio diplomático permanente para un país patéticamente bipolarizado como es, desde 1948, la vetusta Tierra Santa.

Mientras se desarrolló el recorrido del itinerario prefijado, Obama no cesó de motivar a los litigantes en torno al asunto de marras (dos Estados en un solo país), pronunciando aquello de que todas las opciones están sobre la mesa; o que la paz es posible, con una expresión lacónica, de aliento casi apostólico.

Tres cuestiones complejas, y, además, endemoniadamente solapadas en el tablero geopolítico de la región, brotaron sobre la marcha. La primera de estas –como era de esperar- concierne a las aspiraciones nucleares de Irán y la sospecha temerosa que anida en la mente de muchos israelíes de que Teherán se la tiene jurada a Tel Aviv. Obama, sin dejar de alentar a Netanyahu garantizándole una amistad solidaria versus un presunto “eje del mal” que recorre la esfera internacional, lanzó indirectamente un mensaje posibilista al ayatola Jamenei sobre el pacto de intereses que aconseja establecer la situación actual de Oriente Medio. En segundo lugar, Obama expresó su cautela sobre la guerra sectaria que desde hace dos años despedaza las ciudades y parte de la población sirias. Una intervención a favor de los “rebeldes” -según Obama- podría reforzar una causa respetable pero permeable por los simpatizantes (encubiertos) de Al-Qaeda. Y por último, lector, hubo un impulso americano a favor de la reconciliación entre Israel y Turquía, república distanciada de Tel Aviv por los acontecimientos que ocurrieron en aguas de Gaza, cobrándose víctimas (turcas en gran medida) y abriendo un foso entre Netanyahu y Erdogan. Parece que ha bastado una llamada telefónica al primer ministro de Turquía, por parte de Netanyahu, para presentarle sus disculpas a la república turca por lo ocurrido en su día. De paso, dos engranajes políticos decisivos en la región han iniciado el diálogo que impone la vecindad, como parece ser el designio de Obama.

Si a todo lo que se acaba de relatar se suma un “salto” presidencial de cortesía, a Jordania -ya en pleno viernes 23 y avanzada la tarde- para poner colofón a la gira de Obama por un territorio tan escabroso como sabemos, habrá que exclamar ante tan prodigiosos resultados: ¡Qué venga Dios y lo vea! El vástago de la dinastía hachemí que reina hoy en Jordania se habrá sentido consolado -y reasegurado- por los Estados Unidos de América en la medida en que reina en un país donde la mitad de la población jordana es de ascendencia palestina; y donde más de cuatrocientos mil refugiados sirios se han establecido en los territorios al este del Jordán, huyendo de la autodestrucción que está minando a fondo Siria. Los anglosajones nunca han desatendido a la Jordania de Abdullah ibn Hussein, emir de la Transjordania y avuncular fundador del pequeño reino, todavía -a propósito- con un considerable compromiso de reformas pendientes de ejecutar.

No parece arbitrario comentar algunos extremos de los suscitados aquí a título de posdata. Como, por ejemplo, subrayar lo muy pensado que estuvo el viaje y la visita relámpago de Obama a Tierra Santa. Otro extremo concierne a la estrategia de mensajería cruzada a que recurrió Obama, con vistas a no pasar por mal visto a la historia del tiempo actual, evitando implicar a Estados Unidos en avisperos peligrosos como Siria y demostrando al exterior que la república estadounidense ha aprendido la lección que se desprende de la malhadada guerra contra Iraq. Finalmente, suscitamos dos interrogantes de mucha enjundia -o, al menos, así se nos representan a nosotros-. Formulados directamente serían como sigue: ¿cuánto, de todo el complejo mercurial difundido por el presidente de Estados Unidos desde Tierra Santa, llegará a cristalizar en el futuro?; ¿cómo interpretar hasta el momento el mutismo del Irán oficial ante la tournée israelí de Barack Obama y las alusiones que Netanyahu ha proferido con respecto a la animosidad que, a su juicio, le profesa el gobierno iraní?.

Como somos de aquellos que creen que no están ni el ayer ni el mañana escritos, damos por rematada la faena de fin de semana con estas cuartillas de emergencia. Que, bien pensado, podrían titularse a la usanza británica de los tiempos de Harold Macmillan: You never had it so good; lo que en traducción bastarda sería algo así como: Jamás hubo tantos prados donde pacer .

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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