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El impresentable escrache

miércoles 03 de abril de 2013, 00:12h
El presidente del Congreso, Jesús Posada, pedía ayer en vano una respuesta contundente contra los actos de acoso a que se están viendo sometidos los cargos públicos del PP. Al silencio cómplice del PSOE al requerimiento de Posada había que añadir el apoyo explícito de Izquierda Unida al escrache llevado a cabo por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca -PAH- y afines. En el colmo del despropósito, el portavoz de IU denunciaba una “campaña de desprestigio” por parte del PP.

Hay que decir que la palabra “escrache” no tiene traducción al inglés, francés o alemán. Ello es así porque se trata de un acto sin parangón en países civilizados, excepción hecha de la Argentina post dictadura militar. Desde tiempos medievales, existe la figura del aforamiento para evitar que los cargos públicos puedan ser importunados en el ejercicio de su labor representativa. Sin embargo, los propios miembros de la PAH reconocen que uno de los fines de sus actos de hostigamiento es el de influir en el sentido de votaciones que vayan a celebrarse en parlamentos o consistorios. Y eso es impresentable en cualquier sistema democrático.

Casi tanto como la falta de unanimidad a la hora de condenarlo. No es de recibo que los familiares de cargos electos del PP no puedan ni asomarse a la ventana de sus casas sin ser increpados ni insultados. Se ha llegado incluso a intentar quemar la casa del alcalde de Fuente del Maestre en Badajoz, con él y su familia dentro. Estamos ante un problema de orden público de primera magnitud. Y o se ataja pronto o el régimen de libertades en España seguirá dependiendo de los matones de turno. Y poco importa que vistan camisa azul o pañuelo rojo.
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