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RESEÑA

Amos Oz: Conocer a una mujer

domingo 07 de abril de 2013, 13:27h
Amos Oz: Conocer a una mujer. Traducción de Raquel García Lozano. Siruela. Madrid, 2012. 268 páginas. 21,95 €. Libro electrónico: 9,99 €
“Dicen que en la lengua urdu hay una palabra que, cuando se escribe de derecha a izquierda, quiere decir amor verdadero, y, de izquierda a derecha, es odio mortal”. La editorial Siruela ha publicado en español gran parte de la obra del escritor israelí Amos Oz (Jerusalén, 1939), apostando desde sus inicios por este intelectual comprometido con el proceso de paz entre Israel y Palestina, y prolífico autor, que recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2007. A las trece novelas en su haber se suma la más reciente, Conocer a una mujer, traducida por Raquel García Lozano.

La historia gira en torno a Yoel Ravinovich, viudo de cuarenta y siete años, quien acaba de recomenzar una nueva etapa de su vida trasladándose a las afueras de Tel Aviv tras el fallecimiento repentino de su mujer, y debiendo ocuparse de Netta, su hija epiléptica de dieciséis años y de sus dos abuelas. Después de haber trabajado durante muchos años como agente del Mossad (servicios secretos), la vida de este enigmático Yoel, joven prejubilado, transcurre a partir de la muerte en extrañas circunstancias de su mujer Ivriya lejos de las esferas de silencio, peligro y secretismo a los que estaba acostumbrado por su profesión. Sin embargo, el secreto, los silencios, las explicaciones inacabadas (o la falta de ellas), la incomunicación o la mentira constituyen los ingredientes principales de su día a día, tiempo que comparte (y de ahí el título del libro) rodeado de mujeres de diferentes generaciones, las dos abuelas, su hija y el recuerdo omnipresente de su esposa, cada una con su particular psicología, carácter y también, por qué no, sus secretos: “Yoel estaba fascinado con la naturaleza de la mentira: ¿Cómo construye cada uno sus mentiras? ¿Con el vuelo y el poder de la imaginación? ¿Con negligencia, de buenas a primeras?... Consideraba el modo de tramar la mentira como una ventanilla sin vigilante por la que se podía ver el interior del mentiroso”.

Con un estilo pausado y equilibrado en la alternancia de diálogos, reflexiones y descripciones minuciosas, Amos Oz nos introduce poco a poco y en tercera persona, construyendo un relato repleto de detalles, en el universo de Yoel. El recuerdo y la incomunicación son dos de los ejes por donde orbitan los pensamientos del protagonista. Introvertido, solitario, cansado, desilusionado... Yoel se interroga sobre la naturaleza del amor y de la pasión, la responsabilidad y la dependencia, el sentido de las cosas o la arbitrariedad de los actos: “¿Qué decía Ivriya cuando decía varias veces, siempre a oscuras, siempre con su voz más tranquila e íntima, te comprendo?...? ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué comprendía? ¿Qué semejanza o diferencia hay entre los secretos de diferentes personas?”, se pregunta en un momento Yoel por boca del narrador, tajante afirmación del abismo que existe entre la realidad y su manera de expresarla.

Como contrapunto al aspecto más puramente existencialista de este personaje y de su enorme sentimiento de “culpabilidad”, las dos abuelas, Abigail y Lisa, aportan, cada una a su manera, la nota compasiva y comprensiva, protectora y maternal: “Quizás no te diste cuenta, o se olvidaron de decírtelo, pero ella te quiso siempre. Hasta el final... Pero tú estabas ocupado. No fue culpa tuya. Sencillamente no tenías tiempo, y por tanto no le prestaste atención a ella ni a su amor hasta que ya fue demasiado tarde”, apunta su suegra. Una novela profunda, cuya lectura produce cierto desasosiego, probablemente porque está escrita con un notable y latente comedimiento. Porque realmente qué difícil resulta (aludiendo al título de este libro) conocer verdaderamente a un hombre, e incluso más... ¡conocer a un escritor!

Por Pepa Echanove
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