Nos espera una guerra. No una guerra económica, sino una guerra entre ejércitos, con armas de destrucción y de muerte. Eso es lo que piensan no uno ni dos, sino varios economistas.
The Big Picture ha
recogido los testimonios de varios economistas reconocidos que apuntan a la posibilidad de que se produzca una guerra. Se da la circunstancia de que esos testimonios coinciden con el de otro economista entrevistado por un medio español. Vamos a recoger todas esas voces.
Kyle Bass, por ejemplo, cree que se está siguiendo al dedillo una recomendación de política económica de Keynes: la muerte del rentista que, en este caso, es el asesinato del rentista. El rentista es el que obtiene una renta por un capital. Es decir, es el capitalista. Y el capitalista es el ahorrador. Asistimos, pues (dice Bass), al asesinato del ahorrador. Es una tesis que comparte Jim Rogers, y que nosotros
hemos recogido. Y dice: “Se reestructurarán billones de dólares, y millones de ahorradores financieramente prudentes perderán grandes porcentajes de su capacidad de compra exactamente en el peor momento de su vida”. Luego añade que la guerra es en ocasiones el resultado de una situación económica anterior y concluye: “Creemos que la guerra es una consecuencia inevitable de la situación económica global actual”.
Lo malo de Bass es que no explica la cadena de causas y efectos entre la situación económica y la guerra. Martin Armstrong, también citado por The Big Picture, por lo menos cita un ciclo histórico de guerra y cambio político en los Estados Unidos, que apuntaría a una guerra de forma inmediata. Larry Edelson se apunta a la misma idea que Amstrong, y ofrece algo de literatura: “Desde los años 80’, estoy estudiando los llamados ‘ciclos de guerra’, los ritmos naturales que predisponen a las sociedades al caos, el odio, y a la guerra civil e incluso internacional”. El concepto de “ritmo natural” aplicado a la historia es debatible, pero sigamos leyendo a Edelson: “Ciertamente, no soy la primera persona que examina estos patrones destructivos en la historia. Ha habido muchos antes que yo; destacadamente, RaymonWheeler, quien publicó la crónica de la guerra más autorizada jamás escrita, que cubre un período de 2.600 años de datos”. Y así llegamos a lo que nos interesa: “Basándome en lo que estoy viendo, las implicaciones podrían ser enormes en 2013”.
Aún hay otros economistas que prevén una guerra inmediata. Charles Nenner, ex Goldman Sachs, se apunta a la teoría de los ciclos de la guerra, y dice que va a llegar pronto. James Dines precisa que tendrá las dimensiones de las dos Guerras Mundiales, y que comenzará en Oriente Medio.
NourielRoubini había dicho que es probable una guerra EEUU-Irán. Ahora ya no cree que vaya a haber una III Guerra Mundial. Pero sí advierte de que es posible una gran depresión dentro de esta depresión que estamos viviendo. Jim Rogers, a quien también hemos citado, cree que es posible esa situación, pero entonces él cree que nos podría conducir a una guerra: “Crece la deuda, la situación empeora y finalmente, colapsa. Entonces, todo el mundo busca un chivo expiatorio. Los políticos acusan a los extranjeros, y estaremos en una II Guerra Mundial o en cualquier Guerra Mundial”.
¿Son pocos estos autores? Pues aún hay más. Barry Rithlotz cita a Marc Faber, otro economista de primera, y de renombre. Como Jim Rogers, cree que “lo próximo que hará el gobierno para distraer la atención de la gente de las malas condiciones económicas es iniciar una guerra en algún sitio”.
Estamos en una guerra de divisas, y Jim Rickards dice que “las guerras de divisas llevan a las guerras comerciales, que a su vez llevan a las guerras”. Jim Rogers, de nuevo, dice lo mismo con menos palabras: “Las guerras de divisas siempre llevan a la guerra”, lo cual, por otro lado, no es siempre cierto.
Vamos ahora la otra referencia, que no ha recogido Barry Rithlotz. Normal, ya que son palabras a un medio de comunicación español, Libre Mercado, recogidas este domingo. Son de
Antal Fekete. Es un eximio economista, y uno de los que conocen bien qué es el dinero y el crédito. Este húngaro es un firme defensor del patrón oro.
Dice Fekete: “Además, el miedo es de guerra. Una guerra que nos cambie todo el panorama, que nos cambie toda la imagen que estamos viendo. No tiene por qué ser una gran guerra. Aún así, una guerra lo cambiaría todo, veríamos ya una gran deflación no controlable. Los activos que ha comprado la Reserva Federal ahora mismo valen muchísimo menos que el precio de compra. La Reserva Federal está luchando por mantener su valor sin conseguirlo. Una guerra desataría una colosal caída, que vendría después seguida de un escenario
hiperinflacionista”.