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PASO CAMBIADO

Rosa Díez, Rajoy y los secretos con Mas y Urkullu

viernes 19 de abril de 2013, 08:48h
Este miércoles, Rosa Díez ha estado bastante indignada con Rajoy por sus reuniones secretas con Mas y Urkullu. Eso es normal, porque la brava diputada de UPyD hubiera querido saber de qué han hablado todos ellos, para obviamente poder criticarlos a todos. A los nacionalistas, por la lógica nacional de Díez; y a Rajoy, por la lógica de la competición electoral, ya que el sitio que se disputan es el mismo, aunque la distancia sea grande en lo organizativo, y mayor aún, aunque no lo parezca, en lo ideológico.

Rosa Díez ha hecho bien. A mí también me hubiera interesado saber de qué se ha hablado. Pero quizá en las expectativas se puede diferir. Por ejemplo, yo no me creo que tras las reuniones secretas haya algo especialmente relevante o inconfesable. Y sí me creo, por el contrario, que lo importante de las reuniones eran las reuniones mismas.

Lo que Rajoy está haciendo, a mi modesto juicio, es dar una salida digna a Mas y a Urkullu. Tan digna como discreta. Y lo que creo es que Urkullu está dispuesto a aceptarla. Y que Mas tiene tan poca capacidad de maniobra por sus propios desatinos que ni siquiera puede tomarla ahora... y sólo quizá más tarde.

Puedo equivocarme, porque el nacionalismo me desconcierta, pero creo que Urkullu es más sensato que nacionalista. Y que Mas es más nacionalista que sensato, o, lo que es lo mismo, más insensato que nacionalista. Al reunirse con los dos, Rajoy ha demostrado que quiere y puede hablar con los nacionalistas, a sabiendas de que con Urkullu puede hacerlo de lo que le interesa a los vascos (la negociación del cupo y el devenir económico de España, que es el de las empresas y los trabajadores vascos) y con la seguridad de que con Mas no se puede hablar de casi nada, porque al catalán le daría vergüenza explicarle a Esquerra y a Junqueras que ha hablado de algo que no sea la independencia. Y aún le daría más vergüenza explicar que no tiene más remedio que ir con la mano tendida a ver si le cae algo del Estado, al menos para pagar las nóminas.

El nacionalismo catalán siempre ha llegado sobrado a hablar con los presidentes del Gobierno español. Era este nacionalismo el que podía dar algo, ya fuera estabilidad gubernamental o paciencia secesionista. Eso era el pujolismo. A cambio, sólo necesitaba respeto institucional y capacidad de ir a sus anchas (anchísimas, se diría, al echar una ojeada a los negocios de los herederos de Companys).

Sin embargo, ahora llega a Madrid bastante canino. Ellos dicen que de derechos, pero realmente de cartera. Y quieren llenar la cartera y, a la vez, fabricar derechos, lo que es tan complicado como que cualquier españolito vaya al banco y le pida un crédito a la vez que le comunica la retirada de su cuenta. Y, como eso es imposible, lo normal es que el director del banco reciba al españolito en su despacho y se lo diga discretamente, sin estridencias pero con firmeza.

El nacionalismo vasco ha jugado en otro terreno. El único que se creyó los truenos verbales de Arzallus fue Ibarreche, y así le fue. El heredero Urkullu parece el colmo de la sensatez, y sería decepcionante que frustrara su apariencia. Lo que sucede es que sus reclamaciones pueden causar ronchas en una España en crisis, y por eso también elige el secreto, como Rajoy.

La diferencia actual entre los dos nacionalismos es que mientras que el catalán de Mas se ha ahorcado al llegar una alianza estratégica con la izquierda republicana de Junqueras, el nacionalismo de Urkullu mantiene una distancia insalvable con el equivalente de ERC, los herederos de Batasuna-Eta. Lo que indica que Urkullu y los suyos, mucho más inteligentemente, han detectado cuál es su competencia, y los de Mas no se han enterado de que los radicales independentistas se los están comiendo por los pies. Bueno, alguno sí se ha enterado, pero siempre quedará el señor Homs, que dice que habrá referéndum contra el Estado caiga quien caiga, para poner las cosas difíciles. Lo que se compadece con su vocación (inconsciente, supongo) de destruir a CiU desde dentro, de la misma forma en que ha ido destruyendo internamente el liderazgo de Mas desde su fracasada campaña electoral.

No sé cuánto le sacará Urkullu a Rajoy. Pero me imagino que bastante más que Mas. Y no sé lo que le hubieran sacado ambos a Rosa Díez, pero me imagino que tanto como a Rajoy. O quizá no, porque la lideresa de UPyD se hubiera plantado y los nacionalistas se hubieran humillado a sus pies. Pero no veo esto probable. Sí creo que, aunque moleste estéticamente, hay que buscar una salida digna para este impasse pseudosecesionista para que sólo queden en ridículo los actores secundarios de la trama, los herederos de la criminal Eta, y los envidiosos de éstos, los de ERC.

Claro que, para eso, hace falta un poco de inteligencia política. Y hoy parece ésta más próxima a las provincias forales que al Principado. Mas no desesperemos. Con otras cien reuniones secretas igual se consigue el milagro. Y estoy seguro de que Rajoy está dispuesto, porque para franciscano él, incluso antes de ver al Papa Francisco.
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