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repaso a su peor temporada en la NBA

Pau Gasol: de campeón defenestrado a salvavidas de los Lakers en pleno huracán

viernes 19 de abril de 2013, 20:38h
El mejor jugador de la historia del baloncesto español cerró el pasado martes la peor temporada regular desde que aterrizara en la NBA. Convertido en moneda de cambio por los dirigentes de Los Ángeles Lakers como medida de urgencia para salvar el “annus horribilis” californiano, Pau Gasol firmó dos de sus mejores actuaciones en la última semana de competición para rescatar a su equipo del desastre absoluto. El Imparcial repasa el efervescente año del jugador español antes del arranque de los play-offs por el anillo de 2013.


"¿Pararán de una maldita vez los rumores sobre un traspaso de Pau Gasol?". Con esta vehemente pregunta retórica verbalizaba Kobe Bryant la erosión sufrida por el vestuario de Los Ángeles Lakers ante la actitud de la controvertida regencia del club californiano, que vistió de moneda de cambio a un jugador decisivo en los dos últimos entorchados angelinos a las primeras de cambio cuando se torció la temporada de manera definitiva. Kobe, que acogió a Pau hace cinco años en su seno entendiendo que el brillante ala pivot español aportaría la inteligencia en la pista necesaria para volver a la gloria, mostró su cansancio ante la puesta en cuestión continuada de sus jefazos sobre la permanencia de Gasol en el equipo tras la última exhibición del español.

Tenía ganas de vivir un momento dulce. Nos hemos sobrepuesto a las adversidades y nos hemos apoyado mutuamente. Pase lo que pase al final, este será un buen momento para recordar. Me quedo con este espíritu de lucha, este carácter y esta lucha". Con este discurso resumía Pau su exuberante final de temporada. Una conclusión impensable, considerando el rendimiento de Gasol antes de su lesión prolongada, que resultó decisiva para revertir el peor arranque de temporada de los Lakers desde 1993 y conseguir maquillar con una plaza en los play-offs el latente huracán que ha azotado con fogonazos conyunturales la estabilidad del vestuario angelino.

El abanderado del básquet patrio cerró la temporada regular recuperando su mejor nivel en su peor año desde que desembarcara en los débiles Memphis Grizzlies de comienzo de siglo. Elevó su lectura de juego, implicación y acierto de cara al aro para tratar de aferrar a su equipo a la lucha por el anillo y, de paso, selló ante Houston el segundo triple-doble en una semana. En la semana decisiva. Pau firmó el séptimo triple-doble de su trayectoria deportiva con 17 puntos, 20 rebotes y 11 asistencias en la épica victoria de los Lakers ante los Rockets. Un triunfo con Gasol en el papel protagonista que provoca que el conjunto californiano se mida, a partir del domingo, a los San Antonio Spurs en primera ronda de los playoffs y, de este modo, evite al rodillo físico capitaneado por Kevin Durant y Russel Westbrook para soñar con avanzar hacia la final de la conferencia oeste.


La relevancia de esta reacción de Pau y sus compañeros en el último tramo de temporada (con su máxima expresión tras la terrible lesión de un sobre explotado Kobe Bryant) se comprende solo poniendo el foco en la perspectiva histórica. Desde que el malogrado arquitecto del showtime angelino, Jerry Buss, adquiriera la franquicia californiana en 1979, los Lakers solo se han quedado fuera de las eliminatorias por el título en dos ocasiones.

Para ejecutar un análisis riguroso del valor intangible del desempeño del mayor de los hermanos Gasol, se antoja necesario, en primer lugar, recurrir a la estadística y a los factores que ejercen de elemento desencadenante de los gélidos datos de rendimiento de Pau en la temporada regular que acaba de bajar el telón.

El campeón mundial de 2006 ha firmado el peor porcentaje de acierto de su carrera profesional. El “16” de los Lakers cerró el ejercicio con más de 5 puntos menos por partido, menos de 4 tiros libres intentados por encuentro y un pírrico 46% de acierto en tiros de campo, alejado del 52% que manejó el estilete nacional en 2011. ¿Por qué situamos el punto de inflexión en ese año y no en las jugosas cifras de las dos campañas anteriores -que concluyeron con entorchado angelino-? A partir de aquel año la franquicia angelina decidió virar en su filosofía de equipo y tomó algunas decisiones que se han confirmado de manera irrebatible como desacertadas.

En mayo de 2011, tras caer de forma abrupta en los play-offs ante los Mavericks, Jim Buss, jefe de las operaciones del club angelino, decidió apostar por Mike Brown para reflotar el barco y, desde el banquillo, recuperar a los estiletes que le quedaran en la plantilla -se desmanteló el equipo desde los despachos-. Pero el estilo defensivo de Brown descuidó la hoja de ruta ofensiva y alejó a Pau de la pintura, obligando al jugador español, desde entonces, a ejecutar tiros de seis metros y a perfeccionar su carácter asistente -cierra el año con 4 pases de canasta de media, su mejor marca-. Con esta nueva directriz, los porcentajes de acierto de Gasol cayeron al mismo ritmo que la capacidad competitiva de los Lakers.


Si bien el nuevo rol asignado no es interpretable como el único elemento erosivo, sí destaca las dificultades que arrastra Pau para encontrar su sitio en la cancha y los automatismos consiguientes a desarrollar. Alejado de la canasta pierde su capacidad para percutir en el poste bajo y su preeminencia en el juego se deshace. Además, el cansancio y el inexorable peso del tiempo en la carrera de un jugador que no ha desdeñado ninguna comparecencia con la selección nacional en pos de reservar energías, han cavado aún más hondo el agujero del que Pau solo ha salido en los últimos 15 días de competición.

La llegada del nuevo entrenador, Mike D´Antoni, no presagiaba una mejoría en el papel de nuestro representante más destacado en la élite del baloncesto. El sistema no ayudaba con Pau jugando de 4 abierto y la fama de blando que persigue a Gasol -a pesar de la sublime defensa ejecutada sobre su actual compañero Dwight Howard en la final de 2010- sirvió como argumento para mantenerle a una distancia de la pintura nociva en el plano individual y colectivo. D´Antoni alternaba halagos públicos a Pau al tiempo que le colocaba en el banquillo en los momentos claves de los partidos. La inestabilidad generada en torno a su figura, aliñada por el mencionado traje de moneda de cambio que le diseñaron desde los despachos del Staples Center, complicaban aún más el puzle inimaginable hace un par de años.


Pero llegó la lesión y el tiempo para la reflexión. Los ánimos bajaron su ferviente radicalidad -Kobe Bryant dijo que Pau debía “agachar el culo y dejar de quejarse por su situación” para, días después, exigir que el club acabara con la incertidumbre en torno a la continuidad del español- y el “16” se alejó del foco mediático para comprobar como la “bendita” calma que le otorgó su lesión permitió que su mente volviera al equilibrio inteligente que ha aconsejado a Gasol en sus 32 años de existencia.

En el frenético epílogo de la temporada, el entrenador designado para llegar a los play-offs y salvar a los Lakers del ridículo -coronando la amalgama de malas decisiones que han compartido Jim Buss y Mick Kupchak-, confió su futuro a Pau y le otorgó un mayor peso en su esquema. Y, como no podría ser de otro modo, la respuesta fue explícita. Dos triples dobles en medio de esa carrera desesperada por aferrarse a la octava plaza que Dallas y Utah han vendido muy cara. La temporada está salvada gracias al mejor Gasol de su peor temporada. La clase y el talento natural sobrevivieron a los vaivenes de una volcánica temporada para devolver a la franquicia que tantas veces la ha puesto en el disparadero al sitio donde debe estar.

El huracán ha pasado con Kobe y Nash en el dique seco, el descentrado Howard dando señales de reacción mental y física y con Pau brillando como nadie en la franquicia esperaba. "Me gusta dar un paso adelante en los partidos importantes. Nunca me escondo y trato de ser el que puedo ser. El balón pasa por mis manos mucho más. Trato de sacar provecho de ello y suministrar pases a nuestros tiradores”, explicaba el renacido Gasol tras erigirse en el emblema de su equipo para completar el mínimo objetivo exigible. Sin embargo, no tengan duda, el nombre del mejor jugador español de baloncesto volverá a las quinielas de traspasos en cuanto se cierre el año más loco que se recuerda en Los Ángeles. Es la lógica mercantil de la NBA mezclada con un discutible modo de gestionar la franquicia que más brilla en la conferencia oeste.
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