Manuela Velasco y Fran Perea protagonizan hasta el próximo 12 de mayo el montaje FeelGood, una "sátira política" del dramaturgo británico Alistair Beaton que rebusca en las "cloacas del poder", tal y como cuentan los actores a El Imparcial, eso sí, en tono de comedia. La obra es el primer proyecto de EnTRAMAdos, el equipo po que Perea y Velasco han formado junto a otros ocho compañeros tras coincidir en Todos eran mis hijos hace ya tres años. Puede verse en las Naves del Español del Matadero de Madrid.
Los dos visten camiseta negra con el rótulo ‘
FeelGood’, el título de la obra que hasta el 12 de mayo representan en las Naves del Español. No es una imposición.
Fran Perea y Manuela Velasco exhiben con no poco orgullo a la criatura que han parido. Después de sus éxitos televisivos, cinematográficos y teatrales, esta es su primera andadura profesional con cara de contemporaneidad extrema: nace de la necesidad y las ganas amenazas por el vacío laboral, lleva el sello del cada vez más indispensable ‘do it yourself’ y la actualidad rezuma caliente entre las líneas del texto. “Difícil de catalogar”, según su director,
Alberto Castrillo-Ferrer, Perea y Velasco resumen para El Imparcial su propia visión de
FeelGood. “Yo diría que es, básicamente una sátira política”, afirma Perea. La actriz se lo piensa un poco más. La azotea del Matadero de Madrid, con el encanto de lo industrial reconvertido en cultura, parece inspirarle. Al final suelta: “Son las cloacas del poder, la fosa séptica de la política”.
Adaptación del texto homónimo del británico
Alistair Beaton, Premio Evening Standard a la mejor comedia en 2001,
FeelGood escarba, efectivamente, en la trastienda del sistema artificial, corrupto y más que feo que nutre a la política y las relaciones de poder actuales. La obra cuenta las horas previas al discurso del presidente del Gobierno –siendo indiferente saber si estamos en abril de 2013 o a principios de noviembre de 2011- que clausurará el congreso anual de su partido. Su equipo de colaboradores más cercano, dirigido por un implacable y ambicioso jefe de prensa interpretado por Perea, se afana en cerrar un discurso sin fisuras en un ambiente de insumisión de algunos de los consejeros en el Parlamento y crispada agitación ciudadana en la calle. Mientas, la periodista a la que da vida Manuela Velasco se topa con una información que, de salir a la luz, dilapidaría en segundos la legitimidad del Gobierno y el partido.
Protestas, medios de comunicación y corruptela política. ¿Es una foto de España? Desde que Beaton estrenara en Londres,
FeelGood se ha adaptado en una docena de países sin que nada rechine a los espectadores. Parece que hay un común denominador global en lo que se refiere a las relaciones de poder. “
La obra habla del sistema en el que está viviendo el mundo entero, un sistema que da la sensación de que no nos está funcionado y que, intuimos, nos oculta muchas cosas.
FeelGood no habla de un partido político concreto, de una situación específica ni de una ideología particular, sino de un sistema que es universal”, explica Velasco.
“Por eso funciona tan bien fuera. Nosotros le hemos quitado las referencias a Reino Unido, pero tampoco decimos que estamos en España. Simplemente contamos una historia de la relación del hombre con el poder y de cómo se articulan las cosas en la política, cómo se transforman los discursos, cómo se retocan las palabras,
para que todo parezca que está bien cuando en realidad hay muchos problemas”, aporta Perea.
Futuro, ciudadano, esfuerzo, gran país, emprendedor… El discurso del presidente del Gobierno de
FeelGood se arma con palabras individualmente fuertes que se unen en una estructura dudosa. Álex (
Javier Márquez) y el propio jefe de prensa, Edu (Fran Perea), las disponen en diferentes combinaciones más o menos sonoras para seducir sin decir y tapar sin mentir en el más riguroso sentido –a no ser que sea estrictamente necesario-.

Manuela Velasco ha hecho los deberes y su tesis final viene entre interrogantes. “Yo he estado viendo muchos, muchísimos, discursos de políticos de todas partes mientras preparábamos y ensayábamos la obra y me he dado cuenta de que todos, todo el tiempo, en todos los países, de todas las ideologías y de todos los palos utilizan las mismas palabras que al final no dicen nada,
son eslóganes absolutamente vacíos. Y me hace gracia que, aunque nos demos cuenta, las siguen utilizando. ¿No les dará vergüenza?”.
Perea no se aventura a responder -¿quién lo haría?- pero sí apuntilla: “De eso también habla la obra. De la
desconexión absoluta que hay entre los despachos donde se manejan estas cosas y la gente real. La función muestra las manifestaciones en la calle y a los políticos arriba en sus despachos, más preocupados por lo que se dice en la televisión de la realidad que de la realidad misma”.
Bajamos de la azotea del Matadero para seguir son la escena. Álex y Edu colocaban palabras en un discurso que relaje, como señalaba el actor, esa desconexión políticos-ciudadanos. Y como argamasa pretenden exprimir a Simón Pik
(Jorge Usón), guionista de la última serie televisiva de éxito contratado por la asistente personal del presidente (
Ainhoa Santamaría) para sumar dosis cómicas al guión de su jefe. ‘¡Qué cercano y campechano es este dirigente!’, es lo que aspiran a provocar en los electores-.
“Toda la parte del discurso tiene algo como de campaña publicitaria. Vivimos en esta sociedad de consumo en la que nos están convenciendo todo el rato de que necesitamos muchas cosas y de que compres y compres. Estos señores del gabinete están también convenciendo a los ciudadanos de que compren a su presidente, lo necesiten o no”, argumenta Velasco para quien esta ‘mercantilizazión’ de la política tiene mucho que ver con su “profesionalización”, con haber “convertido la política en una carrera” para ganar. “
La política es ya un fin en sí mismo en lugar de ser un vehículo para mejorar”, lamenta la intérprete.
¿Se ha perdido, entonces, toda política vocacional y sincera? “Algún político vocacional habrá, lo que pasa es que es engullido por esa vorágine o machacado por los que quieren subir y pisan cabezas para ello” afirma Perea quien asegura, no obstante, seguir confiando en el ser humano y su honestidad. “
Claro que hay gente que no se deja corromper, pero en el ámbito político no asciendes si no eres corrupto. Allí se parte de la base de que tienes que hacer campaña contra otra persona, hacer que uno caiga para ganar tú, pisar a otros para ascender. En este sistema en el que vivimos desgraciadamente los honestos no llegan arriba”, sentencia el actor, aunque deja una puerta a la duda: “O eso creo”.
Manuela Velasco saca los pies de lo maniqueo. “Para no decir que unos son muy malos y otros son muy buenos, también creo que el poder y el idealismo van difícilmente de la mano. Me imagino que una vez estás ahí, según el sistema en el que estamos, no debe ser demasiado fácil cambiar las cosas. Puedes llegar con muchas ganas y luego ver que no se puede”, razona la actriz.
El periodismo como contrapoderCuando el texto de
FeelGood sale de la podredumbre del despacho presidencial y llega a la habitación de Elisa, la periodista “cojonera” que hará tambalearse los cimientos gubernamentales, la corrupción de fondo deja paso a un idealismo caótico y no tan firme como a muchos les gustaría.

Tras haberse puesto a este otro lado del papel y la grabadora, Manuela Velasco cuenta haber preguntado a algunos periodistas sobre el papel que los medios deben asumir en los juegos de poder actuales. “Ha habido algunos que me han confesado que sí que sienten la presión de las altas esferas a la hora de publicar o no una información, mientras que otros me han dicho que en absoluto y que si les obligaran a callarse gritarían aún más fuerte”, explica la actriz sobre su particular testeo de la profesión que ha de ocupar cada tarde durante casi dos horas en las Naves del Matadero.
“Creo que el periodismo, como el teatro, tiene que fomentar el pensamiento crítico en la ciudadanía”, afirma.
El papel de Perea es más peliagudo, aunque, según asegura el actor a este periódico, meterse en la piel ‘del malo’ de la historia “
es un reto como actor y un disfrute personal” por “hacer algo tan alejado de los papeles que a priori” le pueden pegar más. Edu es “un tío sin escrúpulos al que le da igual todo y es capaz de pasar por encima de lo más sagrado, como es una relación de amor o de amistad, por lograr su objetivo final”, explica.
En
FeelGood no hay que dejarse llevar por la aparente intensidad del asunto: corrupción, una periodista de ideales, un hombre gris que vive para el trabajo… La comedia sobrevuela el texto de manera magistral manteniendo la sonrisa en la boca del espectador durante casi todo el espectáculo y convirtiéndola en carcajada en más de una ocasión. “Eso es lo mejor de la obra”, defiende Velasco, y aclara: “lo bien que se pasa durante y, sobre todo, lo que genera después”. Como explica Fran Perea, es un montaje que “
genera debate y conversación”.
EnTRAMAdosLa comedia fue, de hecho, la semilla de todo. En el año 2010 Fran Perea y Manuela Velasco coincidieron encima de un escenario con algunos de los actores que hoy ponen en pie
FeelGood –
Jorge Bosch o Ainhoa Santamaría, entre otros- y allí pasó algo mágico. Cuando terminaron con el montaje
Todos eran mis hijos ahí seguían, a flor de piel, las ganas de trabajar. Y de hacerlo juntos.
“Resulta que teníamos muchas ganas, pero la financiación no la encontrábamos, así que decidimos invertir nuestro tiempo y nuestro dinero en montar una función”, cuenta Perea. A base de sumas, encaje de bolillo y algunos apoyos financieros –
Producciones Off y, al final, el
Teatro Español-, consiguen unir un equipo de diez profesionales, se ponen por nombre
EnTRAMAdos y sacan adelante su primer montaje,
FeelGood.

“Lo único que teníamos claro es que queríamos hacer comedia”, explica el actor. “Leímos muchísimos textos, tradujimos mucho y de pronto encontramos
FeelGood y todos estuvimos de acuerdo en que esa era la función”.
Meses después, sobre el escenario se intuye la esencia de EnTRAMAdos. Entre acto y acto, Velasco, Perea, Santamaría o Bosch abandonan sus respectivos papeles y se convierten en atrezistas y montadores. “Empezamos
haciendo todos de todo: conseguir el vestuario, el local para ensayar, buscar quien nos produjera, montar la escenografía, quitarla, recoger la sala, limpiarla, y aunque ahora cada uno ha ido encontrando su lugar y tenemos las tareas más repartidas, seguimos aportando en lo que podemos”, cuenta Velasco.
“
Es diferente y divertido porque estás en escena, se rompe un lápiz y automáticamente piensas: ’70 céntimos’”, ilustra Perea.
Para Velasco, “lo interesante es que la cosa no surge como concepto o como idea, sino que se ha ido creando y construyendo” conforme se iba andando el camino. “La premisa era que queríamos seguir trabajando juntos, y a cada paso íbamos viendo lo que necesitábamos y buscando la manera de encontrarlo”, cuenta la actriz.
Aunque Fran Perea sí tenía una experiencia previa en producción (musical), es la primera vez que este grupo de actores se enfrenta a llevar una historia a los escenarios partiendo del más absoluto cero.
“Creo que
no hay otra manera de producir, más en los tiempos que corren ahora. Los márgenes, cuando los hay, son estrechísimos y hay que sumar el hecho de que la cultura siempre es la primera en caer cuando hay problemas económicos”, opina el también cantautor.
De momento, EnTRAMAdos ha ido superando los baches –“los que venían de fuera y lo que nos hemos puesto también entre nosotros mismos”, señala Perea- y
FeelGood cumple veinte días en cartel. ¿Será verdad eso de que la crisis exprime la creatividad? ¿Hay una visión optimista o precavidamente positiva de la necesidad?
“Generar movimiento siempre es positivo, pero ojalá pudiese ser de otra manera”, opina Velasco. Perea reconoce que de la necesidad surgen muchas cosas, pero que son las instituciones públicas las que tiene que allanar el camino para que el talento que hay vea la luz. “
Es positivo, sí, pero con mucho veneno”.