Los radicales asedian el Congreso
viernes 26 de abril de 2013, 00:38h
La batalla campal que se vivió ayer a las puertas del Congreso fue tan bochornosa como evitable. Y previsible. Tan es así que colectivos como la Plataforma contra los Desahucios o el 15-M se desligaron a última hora; tarde, en todo caso. También el PSOE intentaba ayer desmarcarse de algo que lleva apoyando toda la legislatura de Rajoy, y que ahora empieza a ver cómo se le va de las manos.
Las imágenes de radicales lanzando todo tipo de objetos y destrozando mobiliario urbano darán la vuelta al mundo y la imagen de España quedará una vez más por los suelos. Son esos mismos radicales los que participan tanto en escraches como en todo tipo de movilizaciones que tengan por objeto hostigar al PP. Es lo que tiene atizar el odio y el resquemor; al final, se consigue que algunos pasen a la acción. La crítica política nunca puede auspiciar, justificar o amparar comportamientos que tiendan a la violencia, aunque sea verbal. Y el clima de crispación que está sosteniendo gran parte de la izquierda española conduce a situaciones cada vez más preocupantes.
PSOE, IU y demás colectivos de izquierda tienen todo el derecho a manifestarse y poner en evidencia su descontento. Pero no a costa de juntarse con quienes un día les sirven para hacer bulto y cuando se desmadran, desentenderse de ellos. No condenar explícitamente escraches e incidentes como los de ayer en el Congreso -por lo demás, con un vínculo ideológico más que notorio- conlleva una deslegitimación moral palmaria.