RESEÑA
Alex Capus: Léon y Louise
domingo 28 de abril de 2013, 11:33h
Alex Capus: Léon y Louise. Traducción de Carlos Fortea Gil. Salamandra. Barcelona, 2013.
256 páginas. 15 €. Libro electrónico: 9,99 €
Hay algunas razones para desconfiar inicialmente de Léon y Louise. Cuando uno se pone a leer una novela sobre dos jóvenes franceses que se empiezan a enamorar mientras van en bicicleta y luego terminan de enamorarse en la playa, es comprensible que el lector sienta cierta desconfianza. A poner coto a esa desconfianza no ayuda demasiado la portada de Salamandra, una editorial que se ha acostumbrado a mezclar en su catálogo joyas inesperadas con novelas más que prescindibles que nos recuerdan que en España, en medio de una gran crisis editorial, se sigue publicando demasiado y se siguen traduciendo libros superfluos. A eso hay que añadir que Salamandra parece haber perdido la pasión o el interés por las portadas. A pesar de que, también en este aspecto hay excepciones notables en su catálogo, abundan, y esta es una de ellas, las portadas en las que la selección de la imagen parece haber corrido a cargo de un buscador web. Sin embargo, a pesar de su aspecto predecible, Léon y Louise esconde algunas sorpresas agradables. Algo no tan sorprendente a partir del momento en el que nos damos cuenta de que es una novela escrita para proporcionar a sus lectores algunas sorpresas agradables.
La historia sigue a Léon y Louise, dos jóvenes franceses, a través de una relación que abarca dos guerras mundiales. La novela se divide con bastante claridad en dos partes. La primera se corresponde con la Primera Guerra Mundial y aquí encontramos un texto cercano al costumbrismo o que, por lo menos, se comunica con cierta forma de costumbrismo nostálgico. Esta primera parte es más luminosa, teñida de un sentido del humor tierno, aunque un tanto condescendiente. Probablemente esta primera parte sea también la más conseguida de la obra aunque también la menos ambiciosa. Los dos personajes, especialmente Léon, que es el verdadero protagonista de la obra, se abren aquí al contacto con su propia personalidad, con el adulto que está empezando a crecer en ellos, una operación siempre delicada que Capus trata con reflexiva sensibilidad.
La segunda parte transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Los tonos se oscurecen aunque, en realidad, no se oscurecen por la guerra o, al menos, no únicamente por ella. Es la propia circunstancia de los personajes la que tiñe la novela de un color oscuro. Capus hace una aproximación a la madurez en la que esta tiene mucho que ver, quizás demasiado, con la renuncia y con varias formas de cinismo. Tanto Léon como Louise se encuentran con que han llegado a la etapa adulta viviendo una vida que no han escogido, que casi se les ha impuesto, una vida en la que el azar ha tenido más peso en su devenir que ellos mismos, como si el mar caprichoso al que los dos amantes siempre vuelven fuese el verdadero patrón de sus existencias. La vida adulta de Léon y Louise se mueve al ritmo de unas condiciones absurdas que, para colmo, no forman parte del traje que viste la existencia, sino de su esencia misma.
En todo este mundo, el retrato de la pareja de Léon y Louis se muestra de forma irregular, tanto por extensión como por la nitidez de sus figuras. Por un lado, tenemos a Léon, que es el personaje que ocupa prácticamente la totalidad de la narración y el que se dibuja con más precisión. Louise, por su parte, se muestra de forma un tanto esquemática. Da la impresión de que es un personaje que solo es capaz de demostrar hasta qué punto es una mujer con personalidad e inteligencia recurriendo a cierta extravagancia y a un punto de grosería del que Léon, sin embargo, está eximido. En consecuencia Louis, como el resto de los personajes de la novela -siempre a excepción de León- es un personaje de movimientos bruscos, encorsetados, que no llega a suplir su falta de vida con la caricatura o la comedia: «…Si tuviera que describirme ante alguien lo primero que diría es que no sé ruso y no sé hacer piruetas.»
Por Miguel Carreira