- Usted dice que no nos han enseñado a trabajar para nosotros mismo, ¿para quién trabajamos en realidad?Nos han enseñado a trabajar para las empresas, a vender nuestro tiempo a cambio de un salario y todos tenemos una mentalidad de empleado.
Miramos el mercado laboral y decimos, “a ver qué oferta hay para mí”. Pero el mercado laboral está en crisis, hay pocas ofertas y parece que lo único que puedo hacerse es mejorar el currículum y ver si hay suerte y aparece un puesto de trabajo. Más del 80% de la población en España son empleados. Hay un intermediario entre nosotros y nuestro trabajo que son las empresas, porque
trabajo hay un montón, lo que no hay hoy en día son puestos de trabajo.Como nos han enseñado a basar nuestra felicidad en el consumo, consumimos n montón de productos y servicios materialistas. También trabajamos para los bancos. Nos hemos creído que una casa en propiedad es una buena inversión, y ahora hay personas que se están arrepintiendo de habérselo creído. Más del 60% de las familias en España están endeudadas con los bancos, y todos los meses tienen que pagar los intereses de esa deuda.
También trabajamos para el Estado. A lo largo de este mes de mayo se celebra el día internacional de la libertad del contribuyente porque todo lo que ganamos hasta mediados de mayo va a parar a las arcas del Estado, por el pago de impuestos que cada vez son más altos. Esto sirve para sostener el Estado del bienestar, pero también estamos viendo la decadencia del sistema político y de las instituciones con tantos escándalos, estafas y corrupciones.
- Y, ¿de qué manera podemos cambiar esa mentalidad?Estamos a un solo paso de cambiar la mentalidad con la que nos relacionamos con el mercado laboral, debemos preguntarnos, “¿de qué manera puedo empezar a trabajar para mí mismo?
La gran revolución no es salir a protestar con la pancarta para que nuestros amos sean más benevolentes con nosotros, la revolución es emanciparnos de las instituciones establecidas construyendo una vida que no esté constituida a base de deudas, de créditos y que las personas aprendan a trabajar para sí mismas. Que no haya intermediarios entre nosotros y nuestro trabajo, nuestra aportación de valor.
- Remarca, además de que no hay que creerse nada, que la deuda es esclavitud. En estos momentos, amplios sectores políticos reclaman en Europa una política de estímulos económicos a cuenta de los bancos centrales, es decir, que el BCE emule a la Reserva Federal de los EEUU, que genere más deuda, mientras que Alemania se posiciona a contracorriente y plantea que ya no se puede vivir a crédito por más tiempo. ¿Cómo lo ve?Ahora mismo, hay menos dinero en circulación, en nuestros bolsillos, que el dinero que entre todos debemos a los bancos centrales, al BCE y a la Reserva Federal, un organismo fundado por las familias más ricas de EEUU. Todo el dinero que existe, desde que se abandonó el sistema de patrón oro, alguien se lo debe a alguien. Además es inferior al dinero que entra todos debemos. Nuestro sistema económico es una ciencia ficción y se perpetúa porque los bancos centrales, la Fed y el resto, pueden crear dinero de la nada. El banco no tiene todo el dinero que presta, tiene un 10%.
Ello genera que aumente constantemente la inflación, porque ese nuevo dinero no se corresponde con un aumento de los bienes y servicios de la sociedad.
El sistema es una farsa pero nos lo tenemos que seguir creyendo. Nos conviene pensar que es real, pero arrastra una deuda insostenible, imposible de saldar. No tengo ni idea de lo que va a pasar, pero los organismos internacionales tienen trabajando a gente muy inteligente que no van a dejar que esto se desplome.
Nos van a seguir hablando hasta entonces del crecimiento económico como si lo pudiera resolver todo. La situación va a derivar en una macrocrisis de verdad, no la que estamos viviendo ahora, que para mí es un prólogo de lo que va a venir. La mayoría de los ciudadanos está esperando ver cuándo España vuelve a crecer económicamente, volver a lo de antes.
No estamos aprendiendo nada de lo que esta crisis nos ha venido a enseñar, que es replantearnos nuestro modelo económico, nuestro modelo filosófico y nuestro estilo de vida, que es insostenible económica y ecológicamente.
Nos esperan 20 años apasionantes, puede cambiar el mundo como ninguna otra generación lo ha visto cambiar a lo largo de la historia.
- De hecho, frente al crecimiento, usted habla de la cultura del decrecimiento.Hablar del decrecimiento ahora mismo es como blasfemia. Hemos vivido el crecimiento por el crecimiento como si eso fuera a mejorar nuestra vida. Es verdad que lo ha hecho materialmente, pero yo veo mucho sufrimiento y mucho vacío en la sociedad.
Hay todo un movimiento con personas mucho más inteligentes de las que ahora mismo están saliendo en las noticias y gobernando países y organismos internacionales. Son personas que están cuestionando sobre todo que este sistema se asiente en la insatisfacción de los seres humanos.
Cada vez somos más y cada vez consumimos más, pero para mí, el decrecimiento será algo voluntario. Basado en redefinir qué es la felicidad. Para mí, no tiene nada que ver con lo que tenemos, con lo que conocemos, sino con lo que somos y sentimos. La felicidad no tiene ninguna causa. Para ello es preciso cambiar los valores, el consumo en el futuro
va a ser un consumo más postmaterialista, no tanto basado en productos sino en experiencias, conocimiento, todo lo que mejora nuestra vida.
Hay movimientos, el slow, el downshifting, la lentitud voluntaria…
Podemos desarrollar un montón de servicios que pueden crecer indefinidamente, empezarán a desarrollarse un montón de sectores, empresas, profesiones relacionadas con servicios postmateriales. Vamos a reinventar por completo nuestra manera de ser.
- De momento, sólo el 6% trabaja en algo vocacional, según explica en su libro, ¿son éstos los verdaderos privilegiados?Sí, aunque toda encuesta la tenemos que poner en entredicho, está ahí para mostrar una tendencia. Es una minoría muy privilegiada que se ha descubierto, que han descubierto su pasión, su talento, y desde ahí se han relacionado con el mercado laboral, pero hay mucha responsabilidad porque esas personas en general trabajan para sí mismo, asumen una incertidumbre, toman las riendas de su vida.
Cada era tiene sus necesidades.
La era industrial necesitaba empleados, pero la era del conocimiento necesita personas que amen lo que hacen, personas que aporten valor. A menos que hagas algo vocacional difícilmente lo harás muy bien y aportarás valor.
Muchas profesiones industriales se están deslocalizando y yendo a países emergentes, y los procesos se están automatizando, digitalizando, pero lo único que no se puede copiar es nuestro talento.
Hay que espabilar,
no se puede estar sentado en un empleo que odias, quejándote, indignándote, protestando, ¿y ese miedo? ¿Cuándo lo vas a confrontar? Es el miedo de mirar hacia adentro y confrontar cómo dar sentido a tu vida, ir más allá de las limitaciones, porque las personas limitadas limitan la sociedad. Es una pena ver toda esa energía mal canalizada.
Pero muchas personas están tomando las riendas de su vida. Estoy en contacto con miles de personas que están haciendo este proceso con 20, 30 y hasta 50 años, y a mí esto me da mucha fuerza como portavoz del
‘movimiento de los responsables’, personas que se han dado cuenta de que el sistema ya no se corresponde con cómo somos y estamos, y desde dentro del sistema construyen uno nuevo por medio del cambio individual. Es una revolución pacífica y silenciosa, y es la gran revolución que nos espera en el siglo XXI.