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Crónica económica

El adiós definitivo a las cajas de ahorros

viernes 03 de mayo de 2013, 21:16h
El gobierno vuelve a dar un paso para desmantelar el sistema de cajas de ahorros en nuestro país. Es, sin duda, una buena noticia.
El Gobierno ha aprobado una nueva Ley de Cajas de Ahorros y Fundaciones Bancarias. El nombre de la ley es casi más largo que la realidad sobre la que recae, pero sigue siendo relevante. Estrictamente, hay dos cajas de ahorros: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença.

Lo primero que hace la reforma es limitar el tamaño de las cajas. Lo hace con tres instrumentos: 1) Sólo podrán llevar a cabo operaciones con clientes minoristas, y empresas medianas y pequeñas. Habrá zonas de sombra en la aplicación de este principio. 2) El ámbito de actuación de las cajas no podrá exceder el de la Comunidad Autónoma, o diez provincias limítrofes. Diez, teniendo en cuenta que hay 50 más Ceuta y Melilla, no está mal. Y 3) su balance no podrá tener un activo superior a los 10.000 millones de euros, o una cuota de depósitos del 35 por ciento de los de la Comunidad Autónoma en la que operen. Como señala Remo, “Con este punto, tengo serias dudas que sean viables las cajas para competir en eficiencia y rentabilidad con el resto del sector financiero, pero está claro, que no vamos a ver en el futuro otra Bankia u otra CAM”.

En segundo lugar, profesionaliza la gestión. Lo hace con varias medidas. 1) Entre el 50 y el 60 por ciento de los consejeros tienen que ser nombrados por los impositores, mientras que las Administraciones sólo podrán nombrar, como mucho, al 25 por ciento de los consejeros. 2) Más de la mitad de los miembros deberán ser independientes. 3) Se fija la incompatibilidad con cargos políticos, o en organizaciones sindicales o empresariales. 4) Y han de contar con los conocimientos y experiencia adecuados, además de una honorabilidad comprobable.

El objetivo, según ha declarado el ministro De Guindos, es “devolver a los orígenes” a las cajas. Eso pasa, claro está, porque reduzcan sus posiciones de control de los bancos. Esto afecta, sobre todo, a Unicaka, Kutxabank y La Caixa. Esta última entidad, por ejemplo, posee el 60 por ciento de Caixabank, y se verá obligada a deshacerse de parte de su control. Pero De Guindos no ha fijado un calendario para ello, con lo cual es como si la norma quedara en suspenso.

Y aquí entra la tercera pata de la reforma. Obligará a las cajas a convertirse en fundaciones. En concreto, aquéllas cajas que tengan más de un 10 por ciento del banco al que han trasladado su negocio financiero tendrán que transformarse en fundaciones bancarias. De nuevo De Guindos: “El anteproyecto distingue entre las obligaciones generales a todas las fundaciones, y las medidas específicas para las fundaciones que tengan más del 30 por ciento del banco, o más del 50 por ciento”.

En resumen, el panorama que va a quedar es contrario al que favoreció la malhadada Ley de Cajas de Enrique Fuentes Quintana. Este gran economista y profesor, que es ejemplo personal de la evolución del pensamiento económico en los años en que vivió, y que fue de peor a mejor, fue el artífice de la ley que llevó a las Cajas a una politización alarmante, que se dio la mano con una gestión no profesional y en muchos casos corrupta. No es el caso de todas las entidades; algunas han sobrevivido con dignidad, y se puede comprobar en la realidad bancaria actual. Ese modelo llegó hasta el extremo; el extremo de la corrupción y la mala gestión, y amenazó con hundir más de la mitad del sistema financiero español. Finalmente, la crisis lo ha barrido, y lo que queda es mucho más pequeño y más profesionalizado.
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