RESEÑA
Patrick Modiano: L’herbe des nuits
domingo 05 de mayo de 2013, 13:58h
Patrick Modiano: L’herbe des nuits. Gallimard. París, 2012. 178 páginas. 16,90 €
No se equivocó Raymond Queneau, “padrino” literario de Patrick Modiano, al apostar por este autor desde que publicara su primer libro en 1967 titulado Place de l’Etoile. Prueba de ello es que hoy, con más de veinticinco volúmenes en su haber y numerosos premios literarios en sus estanterías, es uno de los nombres protagonistas de la literatura francesa contemporánea. El último libro de Modiano publicado por Gallimard, L’herbe des nuits, se lee como un enigmático mapa. París, toujours París… es el escenario donde cohabitan los recuerdos de juventud del narrador, Jean, y el presente. A partir de algunas notas manuscritas en una libreta negra y de lo que las calles, las fachadas y los rincones parisinos evocan de su época estudiantil, el personaje central de esta novela trata de desenredar los hilos de la memoria, de sus luces y de sus sombras. “Il m’aura fallu presque une vie entière pour revenir au point de départ”.
Su propósito es esclarecer las extrañas circunstancias en que se encontró treinta años atrás frecuentando malgré lui même (a pesar suyo) a extraños miembros del entorno de los servicios secretos de Marruecos y, en particular, a una misteriosa muchacha, Danni, que más tarde andaría implicada en un crimen “avec mort d’homme”. El misterio, el peligro, la sensación de silencio, la falta de explicaciones en la trama y en el discurrir de esta narración hacen de ella una novela francamente enigmática, abierta a la libre interpretación del lector. “Comptez sur ma discretion… je crois que vous avez écrit quelque part que nous vivons a la mercie de certains silences”, escribe en una carta el comisario Langlai, quien da la réplica a Jean en el tiempo presente. El resto de los personajes, empezando por Danni y sus múltiles identidades, Aghamouri, Marciano, Chastagnier, Duwelz o Madame Dorme, así como la historia misma, dan la impresión de estar inacabados.
Del conjunto de esta novela solo parece real el trasfondo parisino fielmente descrito, el ambiente de los hoteles, los cafés, los lugares de los diferentes quartiers por donde deambulan los protagonistas, la Cité Universitaire, Montparnasse, Auteuil, Jussieu, Luxemburgo... El narrador se detiene más tiempo y, sobre todo, con mayor entusiasmo en los lugares que en los actores de la historia, lo cual crea una atmosfera de minimalismo y sobriedad que resulta un poco cansina para el lector, puede que un tanto aburrida incluso para algunos: no hay apenas intercambio de acción entre los personajes, tampoco mucho diálogo, los que dicen algo son parcos en palabras... y de lo que sucede no comprendemos realmente el por qué ni el para qué. “Après tout, les vraies rencontres sont celles de deux personnes qui ne savent rien l’une de l’autre, même la nuit, dans une chambre d’hôtel “, reflexiona en un momento Jean, el protagonista. Tanto él como los demás aparecen como fantasmas, sin dejar huellas, en el laberinto de un escenario pasado que Jean trata de reconstruir confusa y opacamente. Porque tampoco está escrito que una novela tenga que tener un sentido ni un final.
Por Pepa Echanove