La desbordante imaginación de la que Salvador Dalí dejó constancia en sus obras han hecho de él uno de los pintores más conocidos entre el público general, que admira anonadado las "ocurrencias" del pintor de Figueres (Gerona). Su gran acogida la demuestra la cantidad de gente que aguarda en la cola cada día para acceder a la retrospectiva dedicada al artista por el
Museo Reina Sofía hasta el 2 de septiembre.
El encanto de la obra de
Dalí, capaz de dejar ensimismados a visitantes frente a sus pinturas en busca de un significado que parece que no llega, ha de percibirse no sólo en actitud de espectador pasivo sino, y sobre todo, en la de espectador activo. Así pues, más allá de experimentar cierto goce o diversión ante la obra del artista, conviene adoptar una
actitud reflexiva abierta a profundizar en los porqués de la intención del pintor. Sólo de esta manera quien contempla sus obras será capaz de adentrarse aunque sea mínimamente en su universo creativo, tarea de gran exigencia no por todos asumible.

Si bien, el visitante menos entendido en cuestiones estéticas y filosóficas logrará percibir el ingenio desbordante de uno de los artistas con más personalidad de la Historia del Arte. Un pintor, como él mismo decía,
“católico, apostólico, romano y, sobre todo, místico”.
El recorrido de la
exposición propuesto por el Reina Sofía arranca con los comienzos del pintor en Figueres y Cadaqués, en Gerona, la tierra que lo vio nacer y donde convivió con su padre, a quien le unió una atormentada relación, y con su hermana, su primera musa antes de la llegada de Gala, la mujer por la que Dalí sintió devoción.
Retrato de mi hermana, un perfil que recuerda a uno renacentista, y
Retrato de mi padre, de mirada desafiante y tosca figura, pueden verse en este espacio.
No pasó mucho tiempo hasta su llegada a la
Residencia de Estudiantes en Madrid, donde coincidió con Federico García Lorca y Luis Buñuel, dos fieles amigos. Dado que en la muestra no sólo han sido incluidas pinturas y esculturas, sino también documentos, vídeos y fotografías, conviene prestar atención en esta parte del recorrido a la vitrina que alberga el carné de estudiante de Dalí y a dos cartas manuscritas dirigidas a Lorca y Buñuel; documentos de gran carga emocional.
Al igual que otros artistas de otras épocas, Dalí también se autorretrató consciente de que este género permitía al artista ahondar en la profundidad psicológica de su persona con el filtro del óleo y el lienzo. Prueba de ello son
Autorretrato con cuello rafaelesco,
Autorretrato cubista y el enigmático
Autorretrato fechado en 1921.

Su contacto con artistas
cubistas, fauvistas y futuristas le permitió abrir nuevas vías de exploración basadas en el mundo mecanizado y la metafísica. En el espacio titulado
La miel es más dulce que la sangre, el visitante puede contemplar obras como
Carne de gallina inaugural o
La vaca espectral, en las que el artista parece reflexionar sobre la desintegración de la materia.
“El surrealismo soy yo”. Así de claro se expresaba Dalí sobre sí mismo en un tiempo en que consideró que el surrealismo había agotado sus posibilidades. Antes de llegar a tal afirmación, probó suerte en este lenguaje pictórico, al que dedicó con acierto gran parte de su producción. Fue en esta etapa en la que Dalí desarrolló lo que se conoce como el método paranoico-crítico. Ejemplos de este periodo son:
La persistencia de la materia –conocido popularmente como los relojes blandos-,
El hombre invisible,
La memoria de la mujer-niñao
El espectro del sex appeal.

La plasticidad que logra con el pincel es posible percibirla en alguna de las obras antes nombradas, como también en
Construcción blanda con judías hervidas (premonición de la Guerra Civil), en la que impresiona la gran expresividad del rostro de la figura humana o pseudohumana representada mientras se exprime con ahínco un seno.
Hitler masturbándose,
España –su visión del país en 1938-, y
El enigma de Hitler; todas ellas forman parte de la sala dedicada a
El rostro de la guerra.
El extenso recorrido deja a su paso piezas que no deben pasarse por alto como la serie de doce fotografías de pequeño tamaño titulada
Dali’s Mustache,
Retrato de Picasso en el siglo XXI,
La encajera de Vermeer –dos versiones del cuadro del pintor holandés del siglo XVII-,
Retrato de mi hermano y
La ascensión de Cristo por el espectacular escorzo.
Información sobre la exposición:Lugar: Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini.
Fechas: del 27 de abril al 2 de septiembre.
Horarios: lunes, miércoles, jueves y sábado de 10:00 a 21:00 horas / viernes de 10:00 a 23:00 horas / domingos de 10:00 a 19:00 horas / martes cerrado.
Entrada: 8 euros (incluye el acceso al resto de exposiciones temporales).