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Diplomacias cruzadas (o cómo salvar a Iraq y Siria) I

Víctor Morales Lezcano
lunes 06 de mayo de 2013, 20:09h
Hemos recordado hace pocas semanas el décimo aniversario del estallido de la segunda guerra en Iraq, la derrota del régimen que vertebró el Partido Baath en los años 80 del siglo XX, y la guerra civil que irrumpió en una sociedad acosada en todos sus costados por los adversarios del exterior -con Estados Unidos a la cabeza- y por las tensiones internas acumuladas desde que Sadam Husein asumió el
poder en 1979.

No le faltó razón a Shlomo Ben Ami cuando hizo público su diagnóstico sobre Oriente Próximo y Medio: “Toda la región amenaza desde la guerra (2003) con volverse más incendiaria que lo era antes de ella”. Este aserto se demostró patéticamente correcto no solo durante la guerra civil del Iraq post bellum, que la presidencia republicana y el Pentágono creyeron “calmar” de una vez por todas durante la ocupación, sino también durante los tres últimos años transcurridos (2010-2013).

A lo que se añade el empacho de Nuri Kamal al-Maliki y del gobierno de Bagdad, incapaces de embridar a los “cuatro jinetes del Apocalipsis” que cabalgan a sus anchas (chiíes, sunníes, kurdos, y una ralea de agentes exteriores -cual infiltrados de Al-Qaeda-, terroristas profesionales, y matones (shabibas) mercenarios). Parece que nadie desea la reedición de otra guerra civil en Iraq, un legado de doble raíz, como se acaba de apuntar; sin embargo, las punciones iraníes en Mesopotamia, favorables a Maliki (y al régimen de Assad en Siria), las repercusiones desestabilizadoras de las provincias kurdas y el temor de la población sunní a ser paulatinamente relegada en un Estado de signo chií, están desatando en Iraq una oleada de violencia callejera que hace temer lo peor en un futuro inmediato. Véase un dato certero que redondea el círculo de tiza. Según se sabe de buena tinta, algunos nostálgicos de la era en que gobernó el Partido Baath, teñido de socialismo árabe (si es que existe algo parecido), acaban de formar un partido-milicia dicho Naqsbandia, que aspira a contrarrestar el sectarismo gubernamental de signo chií. Piénsese en lo arriesgado que resulta el acantonamiento en posiciones religiosas de partida en un
Iraq próximo a la autoinmolación, como ocurre también con otro punto de ignición llamado Siria, y se vislumbrará de inmediato un panorama regional inquietante a todas luces. Salvo que, contritos por el polémico legado americano a la milenaria Mesopotamia a partir de 2003, Barack Obama y su nuevo secretario de Defensa (que ha recorrido recientemente el Oriente musulmán tan próximo a Israel) decidan componer un comité de potencias persuasivas que convenza a las fuerzas vivas iraquíes, hoy en pugna, de la conveniencia de establecer un statu quo en Iraq.

Se apunta a Turquía, Arabia Saudí, Irán mismo, y la ubicua monarquía de Catar, como miembros idóneos para ejercer de mediadores virtuosos entre las fracciones -lamentablemente, no fratrías- que están aproximando al país al precipicio de la guerra civil. Quiera, y logre, Washington DC muñir ese comité de potencias persuasivas al que acabamos de referirnos. De lo contrario, la violencia endémica sentenciará a Iraq, tarde o temprano, a una trayectoria de disolución vindicativa, y a convertirse en un país a merced y en función de las potencias regionales predominantes. No las olvidemos: Turquía, Arabia Saudí e Irán. Catar, ya se sabe, es una original invención del oro negro. Y Estados Unidos, un firme candidato a otro remake del Mago de Oz.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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