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crítica de ópera

Riccardo Muti vuelve al Real con Don Pasquale

jueves 09 de mayo de 2013, 11:38h
Entre los días 13 y 19 de mayo, el Teatro Real ofrecerá cuatro funciones de la ópera bufa Don Pasquale, de Gaetano Donizetti, bajo la dirección musical de Riccardo Muti.
Se trata de una producción procedente del Festival de Ravenna, donde se estrenó en 2006. En Madrid, encabeza el reparto el barítono Nicola Alaimo, que actuará con Eleonora Buratto (Norina), Dmitry Korchak (Ernesto), Alessandro Luongo (Doctor Malatesta) y Davide Luciano (notario). Y como ya hizo en la temporada pasada, Riccardo Muti volverá a dirigir la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, agrupación que fundó en 2004 y con la que mantiene un vínculo especial para la divulgación de la música italiana. A ella se unirá, en estas funciones, el Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo). Por lo que se refiere a la escena, Andrea De Rosa se ha inspirado en el trasfondo de las historias del Decamerón, de Giovanni Boccaccio, para la dirección escénica de la ópera, cuya escenografía es de Italo Grassi y figurines de Gabriella Pescucci.

Esta obra de Gaetano Donizetti encierra en sus páginas una doble y melancólica despedida: fue la última obra maestra de la ópera bufa italiana, que culminaba su camino con la síntesis perfecta de todo su prolífico recorrido; y también el glorioso adiós de su compositor, cuya enfermedad se agudizó al término de esta partitura. Las dos óperas que aún escribiría antes de su definitivo internamiento en el sanatorio de la ciudad francesa de Ivry, fueron creadas entre los desvaríos y las crisis de alienación que golpearon el final de su trágica vida de trabajo frenético, que nos dejaría más de 70 óperas. Don Pasquale, como tantas otras partituras del compositor de Bérgamo, fue escrita con gran presión y urgencia para poder estrenarse en el Théâtre-Italien de París el 3 de enero de 1843. Su composición no superó los dos meses, aunque algunas crónicas hablen, exageradamente, de dos semanas. Donizetti, tal como solía hacer, aprovechó melodías, estructuras, soportes armónicos y fragmentos de obras anteriores, pero el ensamblaje de todo el material está realizado con tal maestría, coherencia interna, riqueza melódica, espontaneidad e ingenio, que en ningún momento se adivina la premura con la que fue creada.

Partiendo de un cuarteto protagonista rescatado de la commedia dell’arte, Donizetti sostiene un inquebrantable enredo, en el que se suceden números cómicos y líricos, grotescos y compasivos, histriónicos e intimistas, con una fluida y original alternancia de arias, dúos, rondós y números de conjunto. También el juego de tonalidades y el papel activo de la orquesta revelan que el compositor incorporó las innovaciones de sus predecesores en el género, dotándolas de una frescura y espontaneidad que estira al máximo los genuinos recursos de la ópera bufa italiana, cuando su prestigio se desvanecía. Partiendo de este declinar, tanto de un género, como del propio compositor, Andrea De Rosa se inspiró en el trasfondo de las historias del Decamerón, de Boccaccio, para crear una puesta en escena que trasciende la caricatura grotesca de los personajes y se ríe de las miserias humanas que todos llevamos dentro.
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