Hay una organización pantalla que se llama Afectados por la hipoteca. La palabra afectados está bien, porque cualquier persona puede sentirse afectada, tenga o no una hipoteca, de tal modo que su base social potencial es enorme. Es Afectados por la hipoteca, como si esta hipoteca fuese algo malo. Como si fueran afectados por el crimen o afectados por los desastres naturales. Las hipotecas no son malas y, de hecho, la gente las pide en los bancos y está dispuesta a pagar mucho dinero en intereses con tal de conseguirlas. Es el caso de los que están verdaderamente afectados por la hipoteca porque la han pedido al banco.
Si los hipotecados deseaban la hipoteca hasta el punto de asumir un alto coste por conseguirla, ¿por qué esta organización pantalla lo plantea en términos negativos? Cuando una persona recibe una cantidad de dinero en el presente bajo la promesa de ir pagándolo en el futuro, por un lado recibe un bien muy preciado y por otro acepta una carga. Señalar la carga como algo negativo y no tener en cuenta su origen es un fraude intelectual.
En ese negocio del préstamo, el prestamista asume el riesgo de no recuperar su préstamo, y el prestatario ofrece un conjunto de garantías para reducir ese riesgo (y así bajar el precio del crédito). Señalar a las garantías que ha ofrecido el prestatario (como pagar con el resto de bienes futuros hasta cubrir el préstamo, cuando la garantía hipotecaria no lo hace), y no tener en cuenta el menor precio por haberlas ofrecido es otro fraude intelectual.
Dentro de ese fraude, Ada Colau, la activista y actriz, y su gente, hablaron de un auténtico “drama social” asociado a los desahucios por ejecuciones hipotecarias. Llegaron a utilizar la palabra “genocidio”. Es una banalización del término que da la medida de la calidad del juicio moral de esta organización. Ese parangón es aplicable también a los datos. La organización dijo,
en un documento, que había habido en España 362.776 desahucios desde 2008.
El Banco de España acaba de ofrecer sus datos sobre desahucios, y son muy distintos. No son menores, pero son datos que hablan de la realidad y no de la propaganda. En 2012 hubo 39.167 viviendas que se entregaron a los bancos como resultado de ejecuciones hipotecarias. Por desgracia, los datos no recogen qué proporción de la deuda satisficieron los hipotecados con la entrega de la vivienda, o en qué porcentaje esa entrega no fue suficiente.
Lo que sí dice la estadística es que aproximadamente la mitad, 20.972, fueron entregas voluntarias, y en la otra, 18.195, se hubo de recurrir a la vía judicial. En el primer caso, una de cada cuatro viviendas, 15.826, fueron entregadas como daciones en pago.
También dice que los juzgaron desalojaron a 2.405 familias por la fuerza. De ellos, en 355 casos tuvo que intervenir la Policía.
Hay
17.391.500 hogares en España. No viviendas, hogares. De ellos, en un año, en casi 40.000 se vieron obligados a perder una casa que intentaron comprar. Y en algo más de 2.400 hubo de ser por la fuerza, tras una resolución judicial.