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A vueltas con el déficit en Cataluña

lunes 13 de mayo de 2013, 23:52h
El conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, afirmaba ayer que este año será “difícil y hasta terrible” desde el punto de vista de gestión de las cuentas de la Generalidad. Dicha afirmación venía relacionada con la intención de Govern de prorrogar los presupuestos del ejercicio anterior, debido fundamentalmente a la ausencia de acuerdos parlamentarios. El Ejecutivo de Artur Mas pretende un objetivo de déficit superior al 2,1 por ciento, lo que choca frontalmente con la exigencia del gobierno central, que no permite hacerlo por encima del 2. Más aún, la pretensión catalana de flexibilizar su déficit ha creado recelos -perfectamente comprensibles, por lo demás- en otras comunidades autónomas, que sí están cumpliendo con las exigencias de ajuste, pese a su dificultad.

La herencia que CIU recibió del tripartito fue calamitosa. Y conviene recordárselo a Ezquerra. De hecho, gran parte de los problemas económicos que tiene hoy la Generalidad son consecuencia de esa etapa, en la que Esquerra fue parte interesada. Hoy, la formación de Oriol Junqueras no ha entrado en el Govern, pero sí tiene voz y voto; quizá demasiada. Y la muestra más significativa de su sinrazón es la huida hacia adelante que comporta el desafío secesionista, verdadera cortina de humo para disimular las carencias del nacionalismo. En su primera etapa al frente del Govern, hace poco más de dos años, Artur Mas tuvo unos inicios prometedores, en los que embridar el déficit autonómico e intentar revertir la situación de cuasi quiebra técnica eran sus principales prioridades. Pero, en vista de la dificultad de la tarea, optó por dejar la senda del sentido común y radicalizar sus postulados, con el resultado que hoy puede verse.

El ajuste no es una opción, sino una necesidad imperativa: o ajustamos nosotros o nos ajustan a nosotros. Esa es la realidad, por desagradable que nos parezca. Y las buenas intenciones de Mariano Rajoy a la hora de facilitar que las comunidades autónomas pongan en orden sus cuentas no puede derivar en hacer distinciones de unas en detrimento de otras. Cataluña no es ni más ni menos importante que las otras 16. Y un principio tan olvidado como el de la solidaridad fiscal sugiere que no debe haber trato desigual entre iguales.
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