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Crónica económica

España vuelve a obtener un superávit comercial

martes 14 de mayo de 2013, 22:51h
El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha anunciado, cabe pensar que pleno de satisfacción, que España cerró el mes de marzo con un superávit comercial. La prensa se ha apresurado a decir que es la primera vez que esto ocurre en la historia. No es cierto. No puede serlo. No hay más que recordar la economía exportadora que tuvo España en los años 60’. Entonces nos beneficiamos de contar con una mano de obra barata y formada, más un entorno institucional que respetaba el derecho de propiedad, y una regulación no tan enmarañada como la actual. Era el caldo de cultivo perfecto para que nuestro país recibiese a los inversores extranjeros. Y se crearon industrias exportadoras, como la química o la del automóvil. Es cierto que España importaba también mucho, principalmente bienes de equipo para desarrollar esa industria.

Si cogemos, como hace Rankia, los datos de la balanza comercial desde el año 1971, veremos que España estaba en un cierto equilibrio comercial hasta el año 1997. Hasta entonces hubo 10 ejercicios con superávit comercial, el último de los cuales fue el de ese 1997. Entonces comienza una tendencia al desplome de nuestra balanza comercial. Cae a un déficit del entorno del -3 por ciento en 2000, se corrige hasta un -2 por ciento en 2002, y es en 2003 cuando retoma la tendencia al deterioro de nuestra relación comercial, con un desplome de nuestro déficit, que roza en 2007 el -7 por ciento del PIB.

¿Qué ocurrió en aquéllos años? Que los españoles nos endeudábamos con el exterior. Esa deuda la dedicábamos a consumir y a invertir. Esos bienes de consumo provenían en parte de fuera, y se financiaban con crédito que también venía de fuera. El gran problema de ese modelo es que gran parte de esas inversiones eran falsamente productivas, como el ladrillo u otras. El ajuste consiste en que 1) el mercado de trabajo tiene que ajustarse a la realidad de esa estructura económica mucho menos productiva, 2) ese desplome de los ingresos nos lleva a consumir menos de fuera, y 3) la caída de los salarios nos permitirá por un lado hacer que nuestras empresas sean más competitivas y, por otro, que sean más atractivas para el capital extranjero.

El desplome del consumo interno lleva a una caída en las importaciones. La caída de los salarios y el aumento de nuestra competitividad lleva a un aumento de las exportaciones. Ambas tendencias llevan a que el déficit comercial se haga cada vez más pequeño, y eventualmente lleva a que se dé la vuelta y recuperemos el punto en el que nuestras exportaciones tienen más valor que nuestras adquisiciones de bienes y servicios procedentes del exterior. Ese punto ya ha llegado.

El ministro De Guindos no ha destacado la caída de las importaciones, aunque es parte de este proceso. Ha preferido centrarse, y es lógico, en que también han crecido nuestras ventas al exterior. Según De Guindos, las exportaciones han mantenido su tendencia a crecer, "en el entorno del 4% en un contexto de desaceleración económica profunda en Europa y el mundo", lo que es importante porque resalta “la ganancia de competitividad que está teniendo la economía española". Lo importante es que podemos decir que uno de los graves desequilibrios de nuestra economía se está cerrando.
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