Coincidiendo con el quinto aniversario del
"misión cumplida" de George W. Bush, una delegación iraquí se encontrará en la capital persa con el general Qassen Suleimani, líder de los Quds, grupo paramilitar acusado por Estados Unidos de respaldar a los terroristas chiíes que casi a diario atentan contra la población civil y las fuerzas de seguridad. Del mismo modo, la delegación se encontrará con el líder chií Moqtada Al Sadr que, según las autoridades, se encuentra en la capital persa.
Aunque la segunda guerra de Irak finalizara hace cinco años, la larga y penosa posguerra destruye al país que, según los expertos, se encamina inevitablemente hacia una
guerra civil. La situación, lejos de declararse controlada, se presenta extremadamente complicada tanto para Estados Unidos como para el pueblo iraquí. Si bien es cierto que la lucha global contra el terror, que el presidente norteamericano lleva a cabo desde el 11 de septiembre de 2001, ha
reforzado la posición de Estados Unidos en el mundo y, sobre todo, en Oriente Próximo, parece inpensable que el Pentágono fuera consciente de las dificultades a las que tendría que enfrentarse.
La toma de Bagdad no supuso ningún reto para el Ejército estadounidense, pero las divisiones internas, la insurgencia, la violencia sectaria y el terrorismo han hecho imposible a la coalición liderada por EEUU pensar en una retirada de las tropas. Sin lugar a dudas, los enfrentamientos con las milicias chiíes son causa de la gran mayoría de bajas estadounidenses. Sólo en abril 50 soldados han perdido la vida.
Estados Unidos acusa a Irán de financiar al
Ejército del Mahdi, liderado por el clérigo chií
Moqtada Al Sadr, principal responsable de los ataques contra la población civil y las fuerzas de seguridad iraquíes. Según el departamento de Estado norteamericano, que el jueves publicó el balance del terrorismo en 2007 y concluyó que Irán es el primer promotor del terrorismo mundial, Teherán entrena, facilita armamento y entrega ingentes cantidades de dinero tanto al Ejército del Mahdi en Irak, como a Hezbollah en Líbano o a Hamás en territorio palestino.
Bombas, cohetes, dinero y entrenamiento iraní para las milicias chiíesEl Pentágono asegura que los misiles katyusa que la milicia chií lanza contra la "zona verde" de Bagdad, área de máxima seguridad donde se instalan numerosos edificios gubernamentales así como la embajada norteamericana, son de origen iraní. El pasado mes de marzo, las fuerzas de seguridad iraquíes denunciaron que habían encontrado cerca de 200 cohetes de fabricación iraní al este de Basora, ciudad al sur de Irak.

Un oficial iraquí aseguró a la agencia Asocciated Press que cinco políticos chiíes dejaron claro el jueves "con pruebas, confesiones e imágenes" que Irán brindaba
apoyo armamentístico a las milicias chiíes y que estaba brindando entrenamiento a sus luchadores. El oficial aseguró que la delegación enviada por el Gobierno iraquí tratará de clarificar las "interferencias iraníes".
Irak, que asegura tener pruebas feacientes de dicho apoyo, no ha publicado aún dichas pruebas para no cerrar la posibilidad de conversar con el régimen liderado por Mahmoud Ahmadineyad. Sin embargo, si que ha anunciado que morteros, cohetes, pequeñas armas así como bombas de diferente carga de fabricación iraní han sido halladas en Irak.
El primer ministro iraquí trató de desmarcarse tanto de Irán como de Estados Unidos como respuesta a las constantes acusaciones por parte de ambos bandos de favorecer los intereses del contrario gracias a su posición privilegiada. "Nunca he sido el hombre de Irán y repito a Estados Unidos que no soy el hombre de América en Irak", tal y como afirmó para el canal de noticias al-Arabiya.
Durante la jornada del jueves, al menos 17 milicianos chiíes han muerto como consecuencia de los enfrentamientos con el Ejército norteamericano en
Sadr City, principal bastión del Ejército del Mahdi.
Una vez más, la importancia estratégica de Irak pasa factura a su puebloAl Qaeda, por su parte, es consciente de la importancia de Irak en la lucha contra el "imperialismo norteamericano" y sus "ansias expansionistas en la región", por lo que ha realizado numerosos llamamientos a sus seguidores para que no cesen los ataques contra el Ejército estadounidense pues, una victoria total de Estados Unidos en Irak, supondría una gran derrota para el fundamentalismo islámico.
Por este motivo cabe entender, aunque no justificar, la necesidad que sienten unos y otros de dedicar enormes esfuerzos para evitar que esto ocurra.
La historia ha sido especialmente cruel con Irak. Este país, bañado por el Tigris y el Éufrates, ha sido víctima de incontables invasiones por su relevancia geoestratégica. Aunque sorprenda a muchos, la "ilegítima" intervención liderada por Estados Unidos en 2003, no es la primera invasión que una gran potencia lleva a cabo en la región con la intención de controlar un punto clave entre Oriente y Occidente.
Ya en 1920 el Imperio británico se vio enfangado en una durísima contienda que nunca pudo dominar, y la violencia fue protagonista en los sucesivos golpes de Estado que fueron dirigiendo a Irak al brutal régimen de Sadam Husein. Y con él, el pueblo iraquí fue víctima, no sólo de la represión, las persecuciones, torturas y ejecuciones para "acabar con la lacra del espionaje", sino que sufrió las consecuencias de la invasión de Kuwait en 1990.
La población chií iraquí, que había mostrado grandes simpatías hacia Estados Unidos y que entonces pensó que depondrían a Sadam, fue salvajemente oprimida. Miles murieron. Y la economía del país aún se resiente, casi 20 años después, de las deudas contraidas con el pueblo kuwaití y con la comunidad internacional por las ayudas que ha recibido durante todo este tiempo.