El recorrido cronológico propuesto por el
Museo del Prado en la exposición
La belleza encerrada permite al visitante cerciorarse de la aportación tan significativa que han hecho los artistas españoles a la Historia del Arte, a la que han contribuido otras figuras de igual relevancia como Fra Angelico, Rubens, El Bosco o Durero, cuyas obras también forman parte de esta muestra, que reúne 281 piezas que forman parte de su colección.
El
original montaje atrapa desde la primera de las salas que forman el recorrido, compuesto por
17 espacios que merecen la misma atención por la relevancia de las obras expuestas en ellos. Es así porque la pinacoteca ha querido entablar un diálogo con el visitante animándolo a guiarse por sí mismo sin ayuda de cartelas, que han sido sustituidas por un libreto que puede cogerse a la entrada de la muestra, y también porque ha incluido aberturas estratégicas en las paredes de las salas y vitrinas cuidadosamente iluminadas que animan a contemplar las obras desde otro punto de vista.
Aunque sólo el montaje ya hace a esta exposición merecedora de ser visitada, lo que contiene es de una importancia capital, ya que incluye obras tan características de los fondos del Prado como
La Anunciación de
Fra Angelico, piezas pocas veces mostradas en sus salas y bocetos y dibujos de pequeño formato que sirvieron como trabajos preparatorios.
De la sala 2 a la sala 5 han sido reunidas obras fechadas en los
siglos XV, XVI y XVII que dan cuenta del paso del Renacimiento al Barroco. Así pues, el montaje actúa también como un recorrido cronológico por la Historia del Arte que permite apreciar, por ejemplo, la preocupación de los artistas por la creación del espacio y la profundidad escénica –
La Anunciación, de Robert Campin, o
El tránsito de la Virgen, de
Mantegna- o los inicios del paisaje –
El paso de la laguna Estigia, de Patinir-.
Ya en las salas dedicadas al
Barroco, que son la mayoría de ellas, pueden contemplarse obras como
La Virgen con el Niño y San Juan, de
Annibale Carracci, artífice del retorno al clasicismo tras el tenebrismo auspiciado por Caravaggio. Igualmente reseñables son los retratos de Francisco Pacheco, de
Velázquez, y de un caballero anciano de
El Greco, como también el abultado número de piezas firmadas por
Rubens, entre las que llama poderosamente la atención por su virtuosismo y profusión de detalles los cinco cuadros de gabinete pertenecientes a la serie de
Los Sentidos, para la que contó con ayuda de Brueghel el Viejo, uno de los tantos artistas que formaron parte de su taller.
El
paisaje como género en pleno auge es individualizado en la sala 9 del recorrido, en la que cuelgan de sus paredes obras como
Vista del jardín de la Villa Medici en Roma con la estatua de Ariadna y
Vista del jardín de la Villa Medici en Roma, ambas de Velázquez, o
El vado, de
Claudio de Lorena.
Entre los pintores franceses que desarrollaron su actividad artística en la primera mitad del siglo XVII figuran la galantería de la pintura de
Watteau –
Capitulaciones de boda y baile campestre- y la pomposidad de la de
Jean Ranc –
La familia de Felipe V.
Desde la sala 13 a la 17, los
pintores españoles son los grandes protagonistas. Es el caso de Francisco Bayeu, cuñado de
Goya, o de Luis Paret, de tintes románticos y cuya obra ha sido considerada como un precedente del pintor zaragozano, a quien la pinacoteca ha dedicado en exclusiva la sala 16. En ella el visitante podrá contemplar un autorretrato y algunos de sus bocetos para tapices como
La pradera de San Isidro,
La riña en el Mesón del Gallo o
La gallina ciega.
Eduardo Rosales,
Mariano Fortuny, Raimundo Madrazo y
Martín Rico, en cuyas obras se advierte el preludio del Impresionismo, completan un apasionante paseo por cinco siglos de arte cuya
visita se antoja
indispensable.
Información sobre la exposición:Lugar: Museo del Prado.
Fechas: del 21 de mayo al 10 de noviembre.
Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas.
Entrada: 14 euros (incluye la colección permanente y las exposiciones temporales)