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Lamentos por nuestra Universidad

Manuel Sánchez de Diego
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msdiegoucmes/7/7/11
jueves 23 de mayo de 2013, 20:14h
La crisis económica que estamos sufriendo nos ha recordado a los funcionarios que una de las medidas fáciles de aplicar es apretar el cinturón de los servidores públicos. Esta medida la hemos sufrido en el pasado, la estamos sufriendo en la actualidad y seguramente en las crisis futuras la volveremos a sufrir. Uno de los sectores más castigado es el de la enseñanza universitaria. Acabamos de implantar un nuevo modelo, el llamado “de Bolonia”, a coste cero. Todavía estamos reconvirtiendo nuestras estructuras académicas, la forma de dar clase, de guiar a los alumnos hacia capacidades y competencias… y nos imponen más horas de clase y menos salario.

Creo que los resultados de la Universidad española, hasta el momento en su mayoría públicas, han sido buenos. Sí, alguien dirá que no hay universidades españolas entre las diez primeras o entre las cien primeras y, posiblemente sea verdad, pero me gustaría que quienes se refieran a ese tipo de “rankings” o listas se molesten en conocer como se elaboran los mismos. Además es difícil mantener la calidad, si cada poco tiempo una mente o un grupo de mentes brillantes deciden cambiar los planes de estudio –ahora asignaturas anuales, mañana semestrales…? las estructuras de los estudios ?¿es posible comparar un licenciado que ha estudiado 5 años con un graduado de 4 años, uno de los cuales es un curso con asignaturas comunes??, incluso la forma de trasmitir el saber –menos clases magistrales y más trabajos?… Tampoco colabora en la mejora de la enseñanza el hecho que las universidades y los estudios universitarios hayan florecido como champiñones después de las lluvias. Todo buen político que se precie ha construido un pabellón deportivo y una universidad en su pueblo.

Pese a todo ello, el resultado podemos considerarlo como bueno: nuestros licenciados, ingenieros, doctores… no consiguen trabajo en nuestro país, pero sí en otros. La formación que reciben en las Universidades españolas es suficiente para que progresen en su trabajo. Otra cosa, es que haya licenciados en Derecho despachando pan, pero lo cierto es que los médicos lo son porque han recibido una formación suficiente en nuestras universidades. Una preparación sobresaliente a tenor de sus resultados. Hace unos años, un profesional de una importante empresa manifestó a sus antiguos profesores: “cuando terminé mi carrera, lo hice echando pestes de la Universidad. Con el tiempo me he dado cuenta que la formación que allí recibí fue esencial para hacerme llegar a donde he llegado”.

En la Universidad española hay muchos problemas, pero las medidas que se están adoptando los agravarán más. Incluso es posible que lo que podíamos llamar la industria educativa se resienta por ello. Congelar la contratación de nuevos profesores que sustituyan a los que se jubilan o impedir la promoción, es como no replantar de árboles el monte. Acabará yermo. Esto es especialmente grave en Madrid, la Comunidad que más contribuye a las arcas del Estado y en la que están ubicadas importantes y reconocidas universidades: la Complutense, la Politécnica y la de Alcalá de Henares con sus soleras académicas y, las más modernas: la Autónoma, la Carlos III y la Rey Juan Carlos.

Podemos ponernos de acuerdo que de la crisis actual sólo puede salirse con innovación y talento. Estas cualidades no suelen florecer en la industria pesada, ni en las fábricas de producción, ni en la agricultura. Son los centros docentes y de investigación en donde se desarrollan, pero para lograrlo hay que conseguir a los mejores, eliminar el papeleo y constreñir la burocracia al mínimo, garantizando unas buenas condiciones de trabajo para que los resultados se transfieran a los sectores productivos y a la sociedad en general.

Por supuesto que hay que tener normas que regulen la investigación y la docencia. Pero deben ser las imprescindibles, claras y concretas y, que se cumplan. Libertad, igualdad y justicia deben ser los principios inspiradores de cualquier norma universitaria. ¿Es admisible que un complemento retributivo nazca como mera mejora salarial y acabe como criterio de calidad? ¿Es comprensible que un profesor universitario tenga que tener su curriculum vitae en tres o cuatro formatos distintos, alguno de ellos sumamente complicado de completar? ¿Es plausible que un encargado del Registro (grupo C, nivel 21) gane más que un profesor Titular de Universidad (grupo A, nivel 27) excluyendo el pago por méritos docentes (quinquenios) y de investigación (sexenios)?

La desilusión es el peor de los males en la Universidad y, desgraciadamente se está instalando en nuestros centros.

Algunos pueden ver en la Universidad un negocio. Sin embargo, pese a todo, otros vemos en ella el futuro de un país.

Manuel Sánchez de Diego

Abogado y Periodista. Profesor de la UCM

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