España vuelve al Pacífico
lunes 27 de mayo de 2013, 20:14h
La presencia del Presidente Rajoy en la cumbre de la Alianza del Pacífico que se celebró en Cali (Colombia) el pasado 23 de mayo tiene una enorme significación para la proyección exterior de España. Creada por un tratado firmado en junio del pasado año, la Alianza del Pacífico está constituida por Chile, Perú, Colombia y México y gracias a gestiones personales del propio Rajoy, España fue admitida como Estado Observador, el pasado mes de noviembre. Se incorpora así nuestro país a un bloque económico que aspira a hacer realidad las cuatro libertades- que también fundamentan a la UE- libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales, asociándose más estrechamente con cuatro de los países más dinámicos de Iberoamérica. La Alianza del Pacífico reúne a 200 millones de habitantes, representa el 55 % de las exportaciones latinoamericanas y el 35% del PIB de América Latina.
Como Colón intuyó, España irá a Oriente por Occidente, pues su presencia en la Alianza del Pacífico la permitirá proyectarse en toda la cuenca Asia-Pacífico que es considerada, en estos momentos iniciales del siglo XXI, como la zona más dinámica del mundo. Significativamente, esto ocurre cuando se conmemora el séptimo centenario del descubrimiento del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa, que tuvo lugar el 27 de septiembre de 1513 y que él denominó “mar del Sur”. Hemos dicho que España vuelve al Pacífico porque durante varios siglos aquel inmenso océano fue explorado por los españoles y la circunnavegación de Magallanes y Elcano (1519-1522) puso en el mapamundi los archipiélagos de las Marianas, con la importantísima isla de Guam, y de las Filipinas. Muchas otras islas de aquel océano fueron descubiertas después por otros navegantes españoles.
Durante dos siglos y medio, el Pacífico fue cruzado por barcos españoles, especialmente por la famosa “nao de Acapulco”, también llamada “nao de China” o “galeón de Manila” que unía México con Filipinas. Eran aquellas una aguas tan hispánicas, que algunos autores anglosajones denominaron al Pacífico the spanish lake. Como explica el autor norteamericano Lesley B. Simpson, la Corona española deseaba establecer en Filipinas un almacén que facilitase el lucrativo comercio con China. Y es emocionante la historia de cómo el marino Felipe de Salcedo -sobrino de Legazpi, fundador de Manila- incapaz de hacer el viaje de vuelta a México porque los vientos le eran adversos, recurrió a Andrés Urdaneta que conocía bien aquellas aguas pero que, ya anciano, se había retirado a un convento de agustinos. Convencido, el viejo fraile se puso al timón y “sin arredrarse, navegó siempre al norte y, entre calmas, tempestades y vientos contrarios…hasta dar por fin, con los alisios a los 36º de latitud, aproximadamente. Viró entonces al este y navegó viento en popa hasta la costa de California, desde donde los vientos frescos del noroeste le llevaron hasta Acapulco” (Simpson). Haciendo un gran círculo sobre el Pacífico, había recorrido quince mil kilómetros en cuatro meses y dos días.
Cuando, a partir del Congreso de Viena (1814-15), España pierde peso internacional, los gobiernos españoles descuidan sus posesiones en el Pacífico y la independencia de los virreinatos americanos contribuye a esa falta de atención. Se explica así que Alemania tratara de apoderarse de las Carolinas, que estaban totalmente desguarnecidas, en 1885, dando origen a un contencioso internacional en el que actuó como mediador el papa León XIII. En 1898, en plena guerra de los Estados Unidos contra España, la Navy ocupó fácilmente Filipinas y envió unos barcos a tomar Guam, anunciando su llegada a cañonazos. La guarnición española, ignorante de que los dos países estaban en guerra, se excusó por no contestar a lo que creía que eran salvas de saludo…porque no tenían munición. Se perdía así la importante isla que había sido durante siglos la “escala técnica” entre México y Filipinas. Cuando oigo decir que en aquella guerra perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas, siempre añado “y Guam”, porque no se la cita y era y sigue siendo vital para las comunicaciones entre las dos orillas del Pacífico. Por algo los americanos no la han soltado desde entonces, con la excepción de la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial.
La presencia de España como Estado Observador en la Alianza del Pacífico tiene una enorme importancia estratégica. Los norteamericanos, que al menos desde Jefferson se plantearon el Pacífico como el horizonte a alcanzar, no se conformaron con llegar a la orilla, como muestra la colonización de Hawai, primero colonia y después estado de la Unión desde 1959. Lo mismo que Alaska, otra tierra ribereña del Pacífico que, por cierto, también fue teóricamente española, ya que el 3 de junio de 1790, la modesta tripulación española del San Carlos, formada por voluntarios de Cataluña, al mando de Salvador Hidalgo, leridano de padres navarros, izó en la actual Orca Inlet, la bandera rojigualda de la Real Armada y tomó posesión de aquellas tierras en nombre del rey Carlos IV. Se coronaba así la exploración de la costa del Pacífico por los españoles, que establecieron fuertes en varios lugares, por ejemplo en la isla de Vancouver. Al año siguiente, pasó quince días en las costas americanas de noroeste la expedición científica española de Malaspina, que llevó a cabo importantes investigaciones.
Por cierto que al día siguiente de aquella llegada a Alaska, el 4 de junio, los españoles se tropezaron con barcos rusos que, llegados desde la otra orilla, exploraban la costa americana. Como se sabe, Rusia vendió Alaska a los Estados Unidos en 1867. A principios de aquel siglo, en 1816, España había cedido a los Estados Unidos sus derechos en la costa noroeste (actuales estados de Oregon y Washington, aproximadamente), por el tratado Adams-Onís. Como vemos, el Pacífico no ha sido extraño para España, sino todo lo contrario y es oportuno volver allí en este momento histórico. No en vano los americanos repiten desde hace años que “el sol sale por el oeste”. Otra cosa son las consecuencias de este cambio global en la vieja y cansada Europa.
En un artículo, publicado recientemente en The Economist se valora positivamente la puesta en marcha de esta Alianza del Pacífico, después del patente fracaso de Mercosur, formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, echado a perder por las políticas intervencionistas y proteccionistas de sus gobiernos de izquierda. El año pasado tras el impeachment del presidente de Paraguay, el ex-obispo izquierdista Lugo, este país fue expulsado de Mercosur y se admitió a la Venezuela de Chávez. Con eso está dicho todo.
El reto de la Alianza del Pacífico no es pequeño pues es preciso que sus miembros resuelvan los problemas de transporte y comunicaciones que hoy les mantienen alejados y que incrementen la productividad y eficiencia de sus economías. La apuesta de los miembros de la Alianza del Pacífico por lo que llaman “regionalismo abierto”, el papel que han jugado los respectivos sectores privados en diseñar las prioridades del nuevo bloque y la decisión de llegar a una convergencia de las respectivas regulaciones son planteamientos positivos que pueden dar resultados muy esperanzadores.
Para España, las ventajas son obvias. Los miembros de la Alianza del Pacífico concentran el 40% de las exportaciones y el 40% de la inversión española en América Latina. El estatus de Estado Observador permite al Presidente del Gobierno participar en la reuniones anuales de los Presidentes y le da una amplia posibilidad de relacionarse con otros países del área Asia-Pacífico que son también observadores, aunque actualmente el único país europeo que tiene esa condición es España.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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