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En busca de la escuela perdida

martes 28 de mayo de 2013, 20:40h
Argentina tiene una larga tradición en materia educativa que la ubicó en el pasado en un puesto de vanguardia entre las naciones de América Latina. Fueron los años en que Sarmiento, con una visión clara de la relación entre la escuela y el ascenso social, expresaba: “Por cada escuela que se abre se cierra una cárcel”. La ley 1420 –dictada bajo la presidencia de Roca e inspirada en la prédica sarmientina- fue la piedra fundacional del sistema educativo nacional tal como hoy lo conocemos. Gracias a la instauración de la enseñanza primaria común, obligatoria y gratuita, fue posible integrar a los inmigrantes y a sus descendientes a la cultura nacional y dotar a la mayoría de los habitantes del país de los conocimientos básicos indispensables para el funcionamiento del sistema económico vigente. A partir de la sanción de esta ley se registró una considerable expansión en la cantidad de escuelas y alumnos que benefició a todas las regiones del país. Argentina registró un progreso ejemplar en alfabetización, que la ubicó en un lugar privilegiado en el mundo de la época. El analfabetismo se ubicaba, a mediados del siglo XIX, en un alto valor (78 por ciento en 1869), pero disminuyó en 1895 al 54 por ciento, al 12 por ciento en 1930 y al 8,5 en 1960. En 1930 dicho índice se encontraba muy por debajo del que existía en los países de Europa del Sur. La sanción de la ley 1420 fue funcional a una época muy destacada del desarrollo económico argentino. Pero a partir del 2003 aparece un fenómeno inédito en nuestra historia: la enseñanza pública gratuita cada año registra menos alumnos, a contrario de la privada paga que viene aumentando año tras año. Entre 2003 y 2011 la matricula estatal primaria, por primera vez en nuestra historia, retrocedió en 288 mil niños (8 por ciento menos), mientras que la matricula privada crecía nada menos que un 20 por ciento. Estas cifras deben llamar a la reflexión, no porque ahora aumenta la matricula privada sino porque, por primera vez desde la sanción de la Ley 1420 disminuye la matricula estatal y gratuita. En primer grado este proceso de retroceso estatal es aún más acentuado, ya que entre el 2003 y el 2011 la matricula estatal en este año inicial del ciclo disminuye un 11 por ciento. En el 2003 en el Gran Buenos Aires ingresaban a primer grado privado apenas 47 niños cada 100 que ingresaban a la escuela estatal; en el 2011 esta misma proporción asciende nada menos que a 72. Estos cambios plantean un interrogante: ¿Porque los padres, muchos de ellos de escasos recursos económicos, renuncian ahora a la gratuidad de la escuela pública consagrada en 1884 por la Ley 1420? Para contestar esta pregunta hay que considerar el repetido incumplimiento del calendario escolar en los últimos años, fundamentalmente por conflictos sindicales. ¿Es razonable suponer que se incumpla sistemáticamente el calendario escolar cerrando las escuelas como forma de negociación salarial, sin recuperar los días de clase perdidos, y pensar que las familias serán rehenes inmóviles y meros testigos de la incapacidad de autoridades y sindicatos en resolver sus diferendos, sin afectar directamente a los niños? En muchas familias humildes, el padre y la madre trabajan todo el día, por eso cuando la escuela está cerrada ellos afrontan un problema muy grave. Las cifras del Ministerio de Educación nos indican que ellos terminan resolviendo el problema cambiando de escuela, renunciando así forzadamente a la tradicional gratuidad de nuestra escuela primaria

Alieto Guadagni

Economista

ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)

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