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CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS CON LOS MODELOS ITALIANO, ALEMÁN Y FRANCÉS

¿Mira a Europa la futura Ley de Financiación del Cine español?

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 31 de mayo de 2013, 00:27h
Actualizado el: 13 de diciembre de 2014, 00:58h
Con la futura Ley de Financiación del Cine en el horno, la Comisión Mixta creada por el Ministerio de Cultura para hacer confluir las necesidades de los productores, distribuidores y exhibidores de cine con la postura del Gobierno no termina de ponerse de acuerdo. Los incentivos fiscales y, más concretamente, la desgravación por inversión en la industria cinematográfica, parecen ser la base del nuevo modelo, pero los números no son los mismos para el Gobierno que para los agentes de la industria, quienes piden mirar a Europa para fijar la cantidades a desgravar.
El sector del cine español sigue en la mesa de operaciones. Se cuentan ya tres reuniones de la conocida como Comisión Mixta del Cine, configurada en diciembre de 2012 a base de representantes de todos los vértices de la compleja industria cinematográfica y del Gobierno para sentar las bases de lo que será la nueva Ley de Financiación del Cine, esperada con fervor para finales de este año.

Son pocas las pinceladas que se han dado de la estructura que sustentará la futura normativa y aunque el escepticismo reina en un sector tradicionalmente en crisis, las voces que surgen desde diferentes ángulos aplauden el paso de “sentarse a hablar”. No ocurría desde que se fijó el texto de la Ley del Cine de 2007, la que hoy por hoy rige un sector considerado “estratégico” por el Gobierno por su doble vertiente cultural e industrial pero que no termina de despegar como tal y lucha desde hace años –más que los que la crisis suma- contra el cierre de productoras y salas y contra el generalizado desdén del público.

La revisión que hoy se está planteando pasa por apuntalar el actual modelo de financiación, fomentando la inversión privada como salvavidas de las cada vez más exiguas –y no menos cuestionadas- subvenciones públicas, sometidas a recortes. Según las pocas informaciones que trascienden de estas reuniones de la Comisión del Cine, el modo de hacerlo será a través de un programa sólido y eficaz de incentivos fiscales que sustituya a las todavía tímidas opciones que particulares y empresas tienen hoy en España en este sentido.

Las claves de esta futura normativa son, pues, buscar otro equilibrio entre la inversión pública y la privada y definir el porcentaje a deducir en desgravaciones fiscales por inversión cinematográfica, una cifra que la actual Ley del Cine asiente en el 18 por ciento y que los productores aspiran a ver elevada hasta el 40 por ciento para, según justifican, ponerse al nivel de otros países europeos.

¿Cómo lo hacen en esos países? ¿Cuál es el truco que hace de la cinematografía francesa la más envidiada de Europa? ¿Mantiene Alemania su posición económica dominante en lo relativo a la industria del cine? ¿E Italia? ¿Sus también sonados recortes han afectado a su cine?

Italia: espejo de España
A menudo situada un mínimo paso por delante de España en cuanto a situación económica se refiere, su panorama cinematográfico es casi un espejo del español. La industria cinematográfica italiana, que perdió un 10 por ciento de espectadores en 2012, tiene una doble fuente de financiación muy similar a la española.

Desde la Dirección General de Cine, dependiente del Ministerio italiano de Actividades y Bienes Culturales, Chiara Fortuna explica a El Imparcial que el financiamiento público directo y el apoyo financiero indirecto son dos piezas complementarias del puzle de la financiación cinematográfica.

“El primer grupo de medidas tiene por objeto apoyar óperas primas, películas que hayan obtenido el sello de ‘relevancia cultural’ –una certificación en base a criterios públicos específicos-, guiones originales, la restauración física de las obras incluidas en el patrimonio cinematográfico italiano y la promoción de la cultura cinematográfica”, explica Fortuna, dibujando un esquema que bien podría ser el español.

“El segundo esquema es un conjunto de medidas indirectas de apoyo financiero que se consiguen mediante incentivos fiscales para la producción, la distribución y la exhibición cinematográficas a través de desgravaciones”, continúa.

Como en España, los incentivos fiscales son aún un “apoyo” a la industria cinematográfica italiana y no una fuente primaria o, al menos, potente de financiación. Sin embargo, y aquí radica una de las principales diferencias que los productores españoles se han apresurado a resaltar en cada una de las reuniones de la Comisión, mientras que en España la Ley del Cine de 2007 contempla una desgravación del 18 por ciento en Italia el incentivo fiscal alcanza el 40 por ciento.

Alemania: impulso en los últimos años
Es el ejemplo actual de eficacia económica, el resorte europeo que bandea la crisis con más desparpajo que nadie, que sugiere el camino correcto a sus vecinos y que se erige como destino de las nuevas migraciones laborales del siglo XXI. Alemania ha inyectado a su cine el carácter industrial tan característico de su propia idiosincrasia y, desde lo público, se afana por impulsar un sector que el Estado considera relevante para la creación de empleo y el impulso económico de ciertas regiones.

El cine alemán recibe unas subvenciones anuales de unos 350 millones de euros que obligan a la exhibición una vez terminada la película, sea cual sea el resultado. Es decir, cualquier proyecto que se acoja a los programas de subvenciones debe contar con la garantía previa a la producción de la película de que una distribuidora la va a comercializar con un determinado número de copias. “Sin los fondos públicos, no podría existir el cine alemán tal y como lo conocemos hoy”, afirma Franziska Münz desde el Instituto Goethe de Madrid.

La estructura de las fuentes públicas de financiación está, como en España y a diferencia de Francia, fraccionada. A la hora de conseguir el dinero para hacer una película, se puede recurrir a ayudas nacionales –a través de la Agencia de Fomento del Cine (FFA) y de la Secretaría de Estado de Cultura y Medios de Comunicación (BKM)- o regionales.

Durante los últimos tres años, Alemania ha optado por relanzar su cinematografía fomentando esta doble vía de financiación. Los apoyos al cine de cada uno de los Länder se han convertido en una suerte de competición político-económica –por prestigio y por beneficios- y se han llegado a desarrollar sistemas de financiación muy sofisticados para atraer rodajes y explotar las repercusiones económicas de la industria del cine en casa región. Por ejemplo, la Fundación del cine de Renania del Norte-Westfalia, el mayor proveedor regional de fondos cinematográficos con una media anual de 36 millones de euros, obliga a que, por cada euro invertido en un proyecto, 1,5 euros se gasten en su territorio a través de la contratación de equipo local o el desembolso en el sector servicios propio.

En cuanto a la financiación privada, la línea de la desgravación fiscal común a casi toda Europa es también la vía seguida por Alemania con porcentajes que alcanzan el 40 por ciento, al igual que en el caso italiano, muy lejos del 18 por ciento de España. La solidez de este sistema de desgravación quedó patente en 2011, cuando se logró a base de incentivos el récord de 59 millones de euros de capital privado para el cine alemán.

Francia: proteccionismo…
Francia es uno de los países más proteccionistas con su industria cinematográfica. A través de una extensa y minuciosa legislación, los sucesivos gobiernos franceses han preservado el espacio privilegiado de la cultura y, especialmente, del cine con medidas como la obligatoriedad de unas cómodas cuotas de pantalla para el cine nacional o el impuesto (del 11 %) a cada entrada de cine, sea cual sea la nacionalidad de la película, para alimentar los fondos de su CNC Centro Nacional de Cinematografía (CNC).

Las vías para financiar el cine francés y proteger una industria valorada como elemento cultural no están estancadas. A mediados del mes de mayo, el Gobierno francés propuso un impuesto que, al igual que ya ocurre con las cadenas de televisión o con los DVDs, grave los beneficios derivados de smartphones y tablets en la medida en que estos nuevos soportes también explotan contenidos audiovisuales.

El truco está, pues, en que los fondos públicos no se nutren directamente del dinero de los contribuyentes sino de aquellas empresas que se benefician, en cualquier forma y posición en la cadena, de los contenidos audiovisuales.

Estos fondos del CNC se reparten entre los productores, distribuidores y exhibidores franceses en dos modalidades. Por un lado, a través de ayudas automáticas, las que se perciben a posteriori y en una relación directa con los beneficios de la película, siempre que el productor sea francés o europeo –el éxito en taquilla de las superproducciones americanas, gigantes en los canales de promoción y distribución, no se premia en el sistema francés. Los productores perciben una cantidad de dinero determinada por cada entrada vendida y emplean ese retorno de la inversión en la realización del siguiente proyecto, que debe ser francés o de coproducción francesa.

Por otra parte, Francia perpetúa su condición histórica de mecenas de la cultura y ofrece una segunda modalidad de acceso a esos fondos, la selectiva, destinada a óperas primas o películas menos comerciales, ahora sí, sean de la nacionalidad que sean.

La política proteccionista francesa se consolida en los años 80, tal y como explica a este periódico el director, productor y profesor de la ECAM, Alain Lefebvre. Capitaneada por el por entonces ministro de Cultura, Jack Lang, Francia abanderó la “oposición a unos importantes acuerdos de la Comunidad Económica Europea -actual UE- con los americanos con los que se pretendía incluir el cine en el resto de productos industriales”, sin diferencia. “En Francia se reaccionó: el cine tenía que ser considerado como otra cosa, lo que hoy se conoce como excepción cultural”, defiende Lefebvre, quien reconoce que “tocar la cultura en Francia es meterte en líos”, independientemente “del color político” del partido que Gobierne.

El consultor especializado en medios, tecnologías y entretenimiento Franz Ruz muestra sus dudas sobre la asimilación de algunas de las pautas francesas al nuevo modelo de financiación que se está gestando en España puesto que “no es una vía pacífica”. Según Ruz, la remota posibilidad de que Gobierno y productores apostaran por la solución proteccionista “podría generar conflicto, particularmente en el sector de los exhibidores, por lo que habría que estudiar su impacto antes de implementarla”.

… y aportación privada; el cine, también negocio
Además de los fondos públicos, el cine francés también bebe de la financiación privada, primero porque la propia industria se ha ganado la etiqueta de la rentabilidad resultando, por tanto, atractiva a la inversión, y segundo porque desde la esfera de lo público se ha querido incentivar la inversión privada.

Así, los incentivos fiscales para la inversión en cine en Francia son altamente atractivos. Para facilitar la desgravación a empresas o particulares que inviertan en la industria cinematográfica, el Gobierno francés creó las Sofica (Société pour le Financement du Cinéma et de l’Audiovisuel), un instrumento de inversión cuya única actividad es la financiación de películas y obras audiovisuales aprobadas por el CNC. Vendría a ser algo parecido a lo que en España se legisló en 2007 en la Ley del Cine como Agrupaciones de Interés Económico (AIE), con la diferencia de que mientras las empresas participantes de una AIE española consiguen desgravaciones fiscales del 18 por ciento, en Francia el porcentaje se eleva hasta el 40. Además, mientras la complejidad del modelo español no ha logrado una consolidación efectiva en seis años, la figura del SOFICA funciona de manera eficiente, a tenor de los datos.

Además, y a pesar de la crisis, Francia ha aumentado el pasado mes de abril el techo de incentivos anuales del millón de euros hasta los 4 millones para películas francesas y de los 4 a los 10 millones para las producciones extranjeras. En este último caso, los sucesivos gobiernos galos han fomentado la atracción de rodajes a territorio francés a través del TRIP (Tax Rebate for International Production), que permite anotar como crédito fiscal a las productoras que rueden sus películas en Francia hasta un 20 por ciento de la inversión total.
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