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Rajoy-Rubalcaba, ¿un pacto en defensa propia?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 05 de junio de 2013, 20:12h
Muchos se están preguntando ahora qué ganaría Rubalcaba con la escenificación de un acuerdo con Rajoy, que aparentemente tendría la virtud de respaldar la posición del presidente del Gobierno y líder del PP.

Y no pocos se interrogan sobre la utilidad para Rajoy de sumar a Rubalcaba, pues daría un respiro al maltrecho liderazgo del secretario general del PSOE y, además, le quitaría protagonismo propio si logra avances en Europa, minusvalorando su papel de administrador de una mayoría absoluta.

Dejemos de lado la obviedad, que será lo aparente del pacto, si éste se consuma, y que es que se hace por el interés de España. Vayamos a la cocina de los intereses políticos.

Rajoy y Rubalcaba (éste más que aquél) tienen un problema muy superior al de su mutua oposición. Es su contestación interna. Muy velada para el presidente del Gobierno, puesto que goza de una guardia pretoriana inquebrantable, según algunos por la argamasa del poder, pero que se ha dejado ver en la periferia o en la profundidad del PP, especialmente si se escucha a muchos de sus votantes que se sienten traicionados en buena parte de sus convicciones políticas y económicas.

Para Rubalcaba es todavía peor, pues siendo líder en construcción (pese a su veteranía), se encuentra con un caudal inmenso de impaciencia en su entorno, en donde emergen líderes potenciales como setas y, permítaseme, con un carisma aún más discutible que el del titular.

Rajoy y Rubalcaba necesitan, cada uno por una razón, un espaldarazo político. Ambos saben que están cuestionados, aunque el líder del PP también sabe que una mejoría económica acabaría con todas las suspicacias; pero necesita tiempo y suerte para eso. Y el tiempo lo puede ganar con gestión política y, puesto que no puede tener más liderazgo del que tiene en sus filas instaladas, porque es imposible, tiene que argumentar autoridad en la gestión de alianzas internas y externas.

Y Rubalcaba también necesita tiempo, incluso para gestionar una buena retirada si la decide. Tiempo para aparecer en titulares, y no quedar en el último párrafo en los artículos sobre Pachi López o Madina. Y no digamos para salir algo más que Felipe González, que hasta el histórico líder del PSOE le ha madrugado en iniciativas nacionales e internacionales. Porque puede ser muy natural, pero es bastante peculiar que Rajoy se entreviste más con González que con Rubalcaba para hablar, pongamos por caso, de Europa. Como resulta igualmente raro que el jefe del Gobierno tanga antes un interlocutor socialista que al propio Aznar, que le encumbró.

Rajoy parece imperturbable, pero es imposible que no le afecte la caída en las encuestas y la desafección a su liderazgo. Puede confiar en la remontada, pero todo depende de la sima en la que se haya caído antes. Porque no es lo mismo recuperar diez puntos que veinte, ni embridar el paro en un millón que en tres. Y, además, los tiempos políticos son unos para las generales, pero otros más inmediatos para las europeas y las autonómicas y municipales, y ahí la pérdida de mayorías absolutas puede dejar al PP tocado por la insatisfacción generalizada, que ya se percibe en algunos barones.

Y Rubalcaba sabe que aún es una hipótesis dudosa, pero la sombra del sorpasso de Izquierda Unida, por increíble que parezca el auge del comunismo a estas alturas de la historia, es una posibilidad inquietante. Porque el problema del PSOE no es si se puede recuperar hacia el poder, sino si puede superar la actual irrelevancia.

A su manera, Rajoy y Rubalcaba comparten tabla en el naufragio, y podrían soñar en que juntos tienen más posibilidades que separados de salvarse. Y son zorros viejos como para medir hasta qué punto arriesgar en este empeño, no vaya a ser que uno se salve o se ahogue más que el otro.

Hace tiempo que se oye que España necesita pactos de Estado. Seguramente no es verdad. Lo que necesita es pactos de imagen, o más bien, imagen de pactos. Y no hay que escandalizarse. Toda democracia es mediática, exige escenografía, y mucho más si el espectáculo anima a una sociedad desesperanzada, donde el déficit o la deuda se han convertido en problemas menores si los comparamos con la desconfianza, el desánimo y la angustia de una sociedad que no recibe una buena noticia en cinco años. Justo hasta el dato de paro de mayo.

El efecto arrastre de un pacto mediático entre Rajoy y Rubalcaba tiene consecuencias que lo exceden. ¿Qué pueden hacer en CiU y en el PNV? ¿Qué puede hacer Rosa Díez? ¿Dar la espalda y escenificar que se oponen a la defensa de España ante la exigente y bastante insensible Unión Europea? Y pueden quejarse de ser plato de segunda mesa, pero van a quedarse sin mucho margen de maniobra. Incluso el iluminado Mas, que ya no sabe si pintar un futuro catalán austriaco o kosovar, suizo o letón, luxemburgués o escocés. Que ya no sabe a qué puerta tocar por el mundo para que alguien le haga caso, que hay que ver lo patético que se está volviendo. Total, para tener siempre que volver con el rabo entre las piernas para pedir el dinero estatal que le pague las nóminas (y que no hay que negárselo, por cierto, pues igual que Cataluña ha contribuido, también se merece la contribución).

Todo es posible en política, pero sería raro que no hubiera un acuerdo. Por ideología no será, porque es difícil saber ahora si es más socialdemócrata Rajoy (y Montoro) o Rubalcaba. Lo único que ya se sabe es que para liberales quedan Aznar (y Esperanza Aguirre)… y Felipe González. Pero estos últimos no tienen que entenderse, lo que sería imposible, y los primeros sí pueden.

Y van a quedar bien ambos. Porque lo van a hacer por España, que quede claro.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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