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Crónica cultural

Poesía, siempre quedará la poesía

viernes 07 de junio de 2013, 18:41h
Presentación de La mirada desobediente (colección Devenir) de Adriana Hoyos en la Librería Tipos Infames, a cargo del también poeta y profesor honorario en la Sorbonne, Gabriel Saad.
Lo cierto es que cualquier presentación hecha por el profesor Gabriel Saad (Montevideo, 1942) deja al público fascinado. Saad ha sido durante muchos años profesor de literatura comparada en la Sorbonne además de poeta, escritor de relatos, crítico literario y traductor. En España ha publicado Lugares del Tiempo (editorial March, 2009), magnífico libro de poemas, breves, cantarines, que en muchas ocasiones recuerdan a Lorca y la tradición española. Saad habla de la poesía española que conoce bien. Como de los escritores franceses y latinoamericanos. Traductor al francés de Felisberto Hernández recordaba este jueves que el año que viene se cumplen 50 años de su fallecimiento y que sería muy interesante rendirle un homenaje.

Para presentar el ultimo libro de poemas de su amiga Adriana Hoyos La mirada desobediente (colección Devenir), Saad ha viajado desde París. Amiga y poetisa como él, se conocieron hace unos años en Barcelona. Desde entonces, comparten el mundo de la lírica, con una admiración mutua hacia sus textos. En la sala estuvieron presentes gente del mundo del audiovisual como la escritora colombiana Consuelo Triviño y el escritor Diego Valverde.

Saad empezó su presentación comparando los dos títulos de Hoyos, su primer libro La torre sumergida y este actual, La mirada desobediente. De ellos destacó la emergencia de los sentimientos profundos del deseo que en el primer volumen se mantenían encerrados y en cambio en el segundo salían al exterior. Nombró a Einstein cuando habla de la mirada como “un espacio de tiempo” que reúne “velocidad”, “espacio” y “tiempo”.

Para mostrar hasta qué punto la forma poética está presente, Saad se refirió a Barthes con su concepto de “chassez le pathos” (desprenderse del pathos) y a Paul Klee, que explica en sus estudios como la forma es capaz de contener la emoción. En cuanto “continente” y como “transformador del torbellino de la emoción en la forma”.

Se refirió a Paul Verlaine en cuanto a la revelación de lo pequeño en los poemas de Adriana Hoyos. Analizó detenidamente alguno de los poemas del libro para mostrar la diferencia entre prosa y verso. La prosa tiende a ser lineal y la historia marca su crescendo, mientras que en la lírica, el crescendo está llevado por el movimiento de la propia frase.

Terminó entroncando el libro de Hoyos con la tradición española y demostró que en su lírica provienen elementos de Quevedo o Calderón. Lo que más me impresionó fue cómo el profesor demostró que uno de los cuadros de Matisse, El pájaro azul, aparece en una de las imágenes del poema de Hoyos.

La escritora leyó al final alguno de sus poemas y otros inéditos como La ciudad metálica adelantando textos de su próxima publicación.
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