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los dos astros argentinos han sido acusados

La obsesión de Messi por igualar a Maradona: del estadio al... ¿fraude fiscal?

jueves 13 de junio de 2013, 00:51h
Cuando Leo Messi había afianzado su hueco en el Olimpo del balompie y su excelsa trayectoria ha recortado distancia con su ídolo, Diego Armando Maradona, en la carrera por conseguir acaparar el estatus de mejor futbolista de la historia, la Fiscalía de Delitos Económicos de Barcelona ha destapado un nuevo horizonte sobre el que establecer comparaciones entre la Pulga y el Pelusa . En este último campo, Leo ha de recorrer aún mucho terreno: Diego todavía le saca, presuntamente, más de 35 millones de euros.


La lista de récords que aguardan una nueva exhibición de Leo Messi para volver a definir su valor resulta cada vez más pequeña. El brillante astro que imprime el efervescente juego del delantero argentino ha dejado tras de sí marcas que parecían utópicas. Logros que se antojaban de otra época. Gerd El Torpedo Müler, aquel delantero alemán de astucia y eficacia repartidas en igual proporción, conoce de primera mano el destello de este gigante que no mide más de 1´70. No en vano, en diciembre de 2012 comprobó como su legendario registro anotador -85 goles- quedaba arrinconado tras sellar 91 tantos, al tiempo que añadía más misticismo a su figura al convertirse en el único futbolista que conquista cuatro Balones de Oro.

Pero el líder del Barcelona que ha enamorado a los escépticos de este deporte con un estilo alegre, combinativo y estético que mira de tú a tú a la Naranja Mecánica de Cruyff o a las selecciones brasileñas de 1970 o del Mundial de España, arrastra el peso de las comparaciones desde que debutará en el fútbol profesional de la mano de Frank Rijkaard en octubre de 2004 -a los 17 años-. Le persigue un afán compulsivo por calificar su crecimiento, su evolución, su palmarés, sus regates y sus remates con la sombra más alargada del balompié. Ha de medir su calidad, de forma constante y como consecuencia inherente a ser argentino y haber nacido después de 1986, con el legado de Diego Armando Maradona.


Sobre el césped europeo Leo es implacable cuando le llega el balón, rotundo en sus fintas, creativo cual artista genial cuando encara a una defensa y abre caminos estrechos para erosionar el muro. No titubea al encarar a un portero en los momentos en los que se compite por la gloria ni pestañea segundos después de arrancar un slalom en el que sortea patadas y codazos aliñados, en ocasiones, con salida y verborrea. En el Viejo Continente nadie vislumbra un rival que no hinque la rodilla en el suelo al primer embite si se discute el cetro del mejor, ni siquiera es razonable aventurar una lista de sucesores. Tiene 25 años y una salud tan regular como su talento.

Sin embargo, cuando el partido es en Argentina, en Latinoamérica o en una cita mundialista, el único icono de la excelencia futbolística actual se convierte en un jugador vacío de intensidad al que parece flaquear el ingenio para ayudar a su Argentina. La alargada sombra del dios terrenal sigue mermando la calidad de un Messi cabizbajo, que se desespera con facilidad cuando no hace ganar a los suyos y camina meditabundo por los pastos que empequeñecen su esplendor. Su país, por otra parte, hace muy poco que ha empezado a valorar a su nuevo delantero estrella. Parecería un sacrilegio llamar a alguien el "10" de la albiceleste. A alguien que no sea Diego Armando Maradona, el barrilete cósmico que ganó un Mundial con la nación a la espalda, sonrojó a Inglaterra en plena efervescencia bélico-diplomática por las Malvinas al tiempo que asombraba al planeta. Es entonces cuando Leo, inevitablemente cae en la dialéctica de la comparación eterna. Y pierde la partida.

Quizá por este motivo, como revancha poética, el ídolo de Can Barça ha querido disfrazarse de rebelde. Eso sí, un poco, para ganarle la partida al Maradona ciudadano. La Fiscalía de Delitos Económicos de Barcelona ha asegurado este miércoles que Leo quiere añadir argumentos al debate comparativo con Diego Armando saltando al terreno judicial. La querella presentada acusa a "La Pulga" de simular la cesión de sus derechos de imagen "a sociedades puramente instrumentales radicadas en paraísos fiscales (Belice, Uruguay)" y de "formalizar contratos de licencia, agencia o prestación de servicios entre aquellas sociedades y otras también instrumentales domiciliadas en jurisdicciones de conveniencia (Reino Unido, Suiza) con la finalidad de burlar la tributación". El ministerio público acusa al astro argentino de tres delitos contra la Hacienda Pública por haber defraudado más de 4 millones de euros en sus declaraciones de IRPF de 2007, 2008 y 2009. Este vendría a ser, presuntamente, el primer regate de Leo a la justicia con pena de hasta seis años de prisión.


Pero en este plano, la marca fijada por Maradona en Italia parece inalcanzable por un futbolista. El fisco transalpino reclamaba a El Diego ocho millones de euros en base a la ausencia de pago del impuesto de las personas físicas entre los años 1985 y 1990. Es decir, el ídolo absoluto de la ciudad Nápoles enamoraba a los partenopeos con dos triunfos en el Scudetto y una UEFA tras ascender de la segunda división italiana al equipos de la volcánica ciudad sureña, mientras obviaba sus obligaciones con el Estado. Los intereses de la deuda contraída desde los 90 -a razón de un incremento de tres mil euros diarios- sitúan el récord de El Pelusa en 40 millones de euros. Una cifra alejada del común de los futbolistas. Algo parecido a los 85 goles de 1972 de Müller. Tan solo utópicos como Messi podrían convertir la sinrazón en lógica y afrontar este reto para asombrar, de nuevo, al mundo.

Las "hazañas" del ciudadano Maradona fuera de los terrenos de juego son de dominio público y, para su desgracia, sus adicciones han perdurado en el subconsciente colectivo casi tanto como aquel gol elevado a la categoría de arte en el que derribó ingleses a golpe de clase. Por el contrario, la faceta civil de Leo Messi no goza de demasiada publicidad. El futbolista se cuida de no salir demasiado en el papel cuché y menos en las páginas de sucesos o sociedad de los periódicos. Este regate fuera del césped es su primera salida de tono. Una maniobra que, de manera ineludible, trazará comparativas con su obligado alter ego. Lo que une a ambos seres humanos es el afán competitivo. Así pues, ¿será este el nuevo desafío a comparar entre los dos mejores futbolistas argentinos?
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