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copa confederaciones 2013

El encanto de la Copa Confederaciones: de la mejor Francia de la historia al último Brasil del joga bonito.

jueves 13 de junio de 2013, 02:04h
Actualizado el: 03 de diciembre de 2014, 19:54h
El Imparcial propone un repaso a la historia de este trofeo repasando los momentos destacados, las actuaciones memorables y la influencia de esta apuesta de la FIFA en el fútbol internacional. Por Diego García


La Copa FIFA Confederaciones nació bajo el auspicio de la idea gestada por el organismo gestor del fútbol internacional en 1992. El rectorado del balompié decidió entonces aunar esfuerzos para incorporar este deporte a la oleada globalizadora que se extendía ya en los 90 a lo cultural. La NBA, tantas veces pionera, se adelantó y uso la romántica conexión entre Michael Jordan y Nike para que el baloncesto norteamericano llegara a cualquier rincón del planeta y, con él, la apertura de nuevos mercados. Siguiendo este modelo, la FIFA implantó una suerte de franquicia en Arabia Saudí con el germen de la actual Copa Confederaciones: la Copa del Rey Fahd.

Ese torneo reunió en su primera edición a los flamantes campeones de la Copa América (Argentina), de la Copa de Oro (Estados Unidos) y al ganador de la Copa de África (Costa de Marfil). No participó ninguna selección europea, hecho que reflejaba de manera nítida la intención de la FIFA de expandir su producto y, de paso, inyectar la pasión por este deporte más allá de los continentes de tradición futbolística. Sin embargo, a medida que la Copa del Rey Fahd -se disputaba cada dos años con cuatro equipos- se fue transformando en la Copa Confederaciones actual -que se juega cada cuatro años, con ocho equipos y en la sede del organizador del Mundial-, esta competición adquirió un misticismo propio que ha regalado a este deporte momentos inolvidables e historias memorables.

No en vano, quizá el instante relacionado con esta competición que el aficionado guarda en la retina con la nitidez que merecen las grandes ocasiones, ni siquiera pertenezca a la Copa Confederaciones. Este detalle forma parte de la exótica esencia de este torneo. Roberto Carlos hizo temblar la red de la portería francesa con uno de los lanzamientos de falta de mayor violencia y efecto que se recuerdan. Un gol para la historia. Pero, ¿aquel Mundialito de selecciones no era la Copa Confederaciones? ¿Aquella curva imposible que nadie imaginó no se dibujó en este torneo? Esa hazaña se logró en un simulacro televisado.

En plena transición del modelo de torneo saudita al actual, la FIFA decidió implementar un nuevo valor a este campeonato: le otorgó el rol de fiscalizador de la preparación del Mundial. Es decir, la institución con sede en Suiza decidió que se jugara un año antes de la organización del torneo internacional por excelencia para comprobar si el país tenía todos los cabos bien atados en lo relativo a estadios, infraestructuras y seguridad. La primera prueba se realizó en Francia, la sede del campeonato que coronaría a Zindedine Zidane en 1998. Pero se quedó ahí, en una prueba. El golazo de Roberto Carlos no forma parte de la corta historia de la Copa Confederaciones. Ese hito del fútbol perteneció al Mundialito que el organismo director del balompie inventó para probar la nueva versión de la Copa del Rey Fahd.


Sin embargo, desde los primeros pasos de aquel prototipo de torneo que enfrentaría a los campeones de los cinco continentes se sucedieron las situaciones, los partidos y los jugadores que dejarían su sello en la historia del fútbol a través de este escaparate. Cabe recordar al primer campeón, la selección de Argentina, que combinaba a los escuderos de Maradona con los alumnos aventajados de la nueva generación de oro albiceleste. Diego Pablo Simeone, Fernando Redondo y Gabriel Omar Batistuta ganaron la Copa en 1992.

Tres años más tarde se cumplió el último paso de la fábula danesa con una guinda dulce para el mejor jugador de su historia. Dinamarca recibió la invitación para disputar la Eurocopa de Suecia. No se clasificó para aquel campeonato sobre el césped, pero la UEFA decidió invitar al pequeño país por proximidad con las sedes del Europeo. Nadie les esperaba. Ningún analista les otorgaba opciones de pasar la primera ronda. Pero ganaron. Y lo hicieron jugando un fútbol brillante. La Dinamita Roja dejó su sello en Suecia, pero su máxima estrella no jugó por diferencias insalvables con el seleccionador Möeller Nielsen. Michael Laudrup, el artista que dejó boquiabiertos a los hinchas del Camp Nou y el Bernabéu, no participó en la histórica victoria de su país. Y después, en el torneo de Arabia consiguió, al fin, su primer título con el combinado patrio. Dinamarca ganó a Argentina en la final con gol de Laudrup. La Confederaciones cerraba con broche de oro aquella aventura por la gloria de los nórdicos. Un premio inesperado a uno de los jugadores dotados de esa clase que perdura en el tiempo.

En 1997 comenzó la transformación y con ella llegaron más equipos y, sobre todo, desembarcó Brasil. La pentacampeona del mundo aterrizó en el Estado islámico con la génesis del joga bonito que enamoró al planeta futbolístico años más tarde. El combinado carioca se presentó en el torneo con jugadores como Romario, Ronaldo, Roberto Carlos, Ze Roberto, Cafú, Rivaldo, Juninho y Bebeto. Los retazos del esquema defensivo con el que ganaron el Mundial en Estados Unidos se diluían para rendir homenaje al espectáculo. No tuvieron rival. Pero esta Confederaciones merece una lectura más profunda.


El goleador del torneo llegó a Arabia tras ser despedido de su club por las continuas faltas de disciplina. El entrenador de su equipo no aguantó más y se deshizo de un delantero que se despedía de Europa para volver a encontrarse con el gol en su tierra natal. Ese entrenador que se despojó de la indisciplina de una estrella venida a menos era Luis Aragonés. El astro rebelde, Romario. O baixinho quiso demostrar en la Confederaciones que no había cerrado su carrera. Metió tres goles en la final y todavía nadie ha superado su rendimiento anotador en este torneo. Además, aquel paseo de Brasil lanzó Denilson, un extremo elástico de bicicleta compulsiva. La FIFA le otorgó el premio como mejor jugador del torneo. Meses después, Lopera pagaría más de 5.000 millones de pesetas para traerlo a su Betis.

En 1999, la Copa Confederaciones viajó a México, un cambio de sede obligado por el artículo fundacional del campeonato: expandir el mercado del balompié. El mítico estadio Azteca todavía recuerda aquella experiencia como uno de los días de honra al honor patrio mexicano. No en vano, el equipo capitaneado por Jorge Campos -aquel portero valiente de estrafalaria indumentaria y actitud bajo los palos- y liderado en el campo por el joven Rafa Márquez y el imprevisible Cauthemoc Blanco, arrodilló al todopoderoso combinado brasileño con un 4-3 para el recuerdo.


Las siguientes dos ediciones, disputadas en Corea y Japón y Francia -en 2001 y 2003, respectivamente-, representan el epílogo de la generación gloriosa del fútbol francés. El colectivo que impuso su orden y potencia al mundo en 1998 y a Europa, en 2000, agotó a los nipones en su primer entorchado en la Confederaciones culminando el trienio soñado por la hinchada gala bajo el compás marcado por el mejor Zidane. Sin embargo, doce meses más tarde regresaron a Asia para sufrir la peor eliminación imaginable para el actual campeón del Mundial en el torneo de 2002. No ganaron ni un partido. No marcaron ningún gol. Fue entonces cuando este torneo accesorio regresó para cobrar una importancia inexcusable. La herida de Corea había dolido demasiado a la selección del gallo. Henry, Barthez, Thuram, Pires y compañía se tomaron en serio la competición y arrasaron. Doce goles anotados en cinco partidos. Francia había vuelto.

La edición de 2005 terminó de perfilar la Copa FIFA Confederaciones tal y como se disputa en la actualidad. Se organizó en Alemania para fiscalizar la organización del Mundial de 2006 y jugaron los campeones de cada federación continental. Compitieron sobre el papel, ya que, en la práctica, solo brilló un equipo: la última selección brasileña que ha apostado por el juego ofensivo puro, sin concesiones al sector táctico-defensivo. Brasil se paseó con un nombre para el recuerdo y para que el mercado europeo pujara por él. El actual delantero regordete, abandonado al alcohol y retirado de la élite mundial, se salió en aquel torneo. Adriano, atacante de potencia exuberante y calidad técnica en dosis similares a su capacidad para perder la cabeza, fue el máximo goleador y mejor jugador, amén de protagonista junto a Kaká, Ronaldinho y Robinho de uno de los partidos que esta competición ha regalado a la historia del fútbol. Brasil bailó con Argentina en la final hasta provocar el traspié de la albiceleste. El partido acabó 4-1 y con él se cerró la última etapa de brillo de la cuna del talento ofensivo.


La última edición de la Copa Confederaciones se disputó en Sudáfrica, en 2009, y los españoles no sufrimos dificultades para recordarla. La selección nacional llegaba lanzada tras exhibir el mejor juego de su historia para ganar la Eurocopa de Austria y Suiza de la mano de Luis Aragonés. Estaba naciendo el lustro histórico de España. Pero, en el debut de Vicente del Bosque en el banquillo patrio se sufrió un frenazo que, con el tiempo, se ha demostrado positivo para el crecimiento competitivo del equipo. Estados Unidos, siempre peleona y cada vez mejor preparada táctica y técnicamente, sobrevivió a Italia en la fase previa y ganó con solvencia a los nuestros en semifinales. El título viajó a Brasil, de nuevo, tras una remontada memorable. Los yankees se fueron al descanso ganando 2-0. Dos goles de Luis Fabiano y uno de Lucio decidieron el partido. Kaká, mejor del torneo, terminó de enamorar a Florentino Pérez. El presidente del Madrid fichó a il bambino d´oro y días después se lucía en Sudáfrica. Lástima que aquel amor no disfrutó de más momentos idílicos. Así se desarrolló el último capítulo de esta particular competición.

Este es el gol más famosos de la Copa Confederaciones que nunca le perteneció:



Así ganó México a Brasil en la Confederaciones de 1999:



Estos son todos los goles de Francia 2001:



Así bailó Brasil a Argentina en la copa de 2005:



Estos son los diez mejores goles de la Copa Confederaciones de 2009:




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