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RESEÑA

Amélie Nothomb: Matar al padre

domingo 16 de junio de 2013, 15:51h
Amélie Nothomb: Matar al padre. Traducción de Sergi Pàmies. Anagrama. Barcelona, 2013. 136 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 11,99 €
Sorprendente e intensa novela, cautivadora pese a su brevedad (o precisamente a causa de ella). Uno la empieza y se la lee de un tirón hasta la página final, deseando que haya todavía más.... pero no, se acabó. La última obra de la escritora belga Amélie Nothomb (Kobe, Japón, 1967), traducida por Sergi Pàmies, retoma en su título el mito de la muerte del padre en manos del hijo, concepto presente en el pensamiento filosófico, dramático y psicoanalítico desde Edipo hasta Freud. Nothomb, siempre inteligente y audaz en la recreación de universos y personajes tan aparentemente extraños como reales (recordemos algunos de sus célebres libros traducidos al español, tales como Higiene del asesino, Estupor y temblores, Metafísica de los tubos, Diccionario de nombres propios o Cosmética del enemigo) nos lleva en esta ocasión a Estados Unidos, al escenario semioscuro y enmoquetado de los juegos de casino y de los trucos de prestidigitación: “El objetivo de la magia es lograr que otro llegue a dudar de la realidad”. La duda, el espejismo, la traición y, en última instancia, la ambivalencia de las relaciones de amor-odio, admiración-desprecio, amistad-rivalidad entre el hijo y el padre están representadas en la figura de un maquiavélico aprendiz de mago (Joe Hip) y en el hombre a quien ha escogido como su maestro, y después padre adoptivo (Norman Terence).

“Cuando me marcho, lo echo de menos. Cuando regreso, me pone nervioso y me saca de quicio. - Te da miedo. -No. Siento miedo por él. - Entonces es tu hijo”, sentencia un testigo de esta relación bipolar. Se une a ellos para formar el trágico triángulo la madre y esposa, una bella y sensual bailarina (Christina), ambigua por lo que tiene de fiel amante como de seductora. “Un día haré el amor con Christina y ella lo deseará tanto como yo”, dice en cierta ocasión “su hijo”, como quien espera el turno en la cola pacientemente, sabiendo que irremediablemente su momento ha de llegar. De entre todos los caracteres dibujados por la imaginación de Nothomb en este relato, resulta particularmente fascinante el joven Joe Hip, un chico que, como cuenta la historia, abandona a su propia familia a los catorce años para convertirse en mago: “Se despiden sin ninguna emoción. La madre se preocupa de su hijo como de un mal de ojo. El hijo desprecia a su madre”.

Inquietante, paciente, metódico… a lo largo de la novela irá construyendo su acto simbólico de “asesinar al padre” como un artista construye un espectáculo de ilusionismo; cada elemento en su sitio, cada truco premeditado y mil veces ensayado, sin dejar huellas. “Agosto de 1998. Joe cumplió dieciocho años igual que otros terminan una condena de cárcel”. Con genial maestría y el mínimo uso de palabras, justo las necesarias sin adornos ni divagaciones, la autora nos introduce en el sutil ambiente de la magia, de las trampas y de las alucinaciones.

Esta novela se lee como una partida inacabada de póker en la cual se esconden muchas cartas por debajo de la manga, y hasta cuyo desenlace el lector no sabrá quién está manejando la partida o incluso si está amañada de antemano. En cada baza, en cada frase, los personajes toman vida propia y van construyendo el relato por encima del narrador. Pero ni su inquietante lucidez ni sus enigmáticos malabarismos consiguen en este caso (y valga la referencia al título) asesinar a su progenitora: Amélie Nothomb, hada de la literatura francófona en la cima de su talento.

Por Pepa Echanove
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