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Adolfo García-Sastre reconstruyó en 2005 el virus de la gripe española de 1918

Un español en Nueva York, a la cabeza de la investigación mundial de la gripe

viernes 21 de junio de 2013, 16:23h
Estados Unidos es el país de residencia de Adolfo García-Sastre desde hace dos décadas. Es allí donde este experto en virología ha desarrollado su carrera profesional, en la que destaca por ser una de las voces más reputadas en lo que se refiere a la gripe y el estudio de nuevos virus y epidemias. Es director del Global Health & Emerging Pathogens Institute de la Facultad de Medicina Monte Sinaí en Nueva York y principal investigador del Centro de Investigación de la Patogénesis de la Gripe - CRIP, en sus siglas en inglés-, que forma parte de la red de institutos nacionales de salud estadounidenses. Con García-Sastre este periódico inaugura un nuevo espacio dedicado a talentos españoles por el mundo.
Atiende la llamada de este periódico desde Granada, pero reside en Estados Unidos desde hace 22 años. ¿Qué le ha traído de nuevo a España?
La semana pasada asistí en Burgos a un congreso de virología organizado por la Asociación Española de Virología y ahora me encuentro en Granada en uno internacional sobre virus RNA negativo. Suelo venir a España a menudo para estas cuestiones, pero también porque mis hijos pasan aquí el verano con sus abuelos. Nueva York no está tan lejos. El avión apenas tarda en llegar siete horas.

¿En qué consiste cada uno de los cargos que desempeña allí?
El de Monte Sinaí es un cargo de dirección parecido al de un cabeza de instituto en España. Por otra parte, soy el principal investigador de uno de los centros financiados por el Gobierno de Estados Unidos que pertenecen a la red de institutos de salud del país. No se trata de un centro físico, sino de una partida de dinero que recibo por haber sido aprobado un proyecto propuesto por mí. Es como recibir una ayuda estatal para un proyecto en España, pero a otra escala.

Lleva a cabo cuatro líneas de investigación: gripe, sistema inmune, virus emergentes y vacunas. ¿Qué son los virus emergentes?
Son virus que empiezan a dar problemas después de un tiempo de controlados. Un ejemplo es el dengue, que ha pasado de estar confinado en regiones tropicales con no muchos casos de afectados a extenderse en los últimos 10 años llegando a darse casos en el sur de Estados Unidos. Es decir, ya existía, pero ahora se está haciendo más común. Hay también virus nuevos que, aunque no parten de cero, se detectan por primera vez en humanos. Es el caso del virus Sars, que causó problemas hace casi diez años. Se trata de un virus respiratorio que venía de murciélagos de la fruta y que se propagó entre humanos. Hubo casos en Hong Kong, Canadá o Europa. Lo que ocurre con este tipo de virus es que, pese a afectar únicamente a animales debido, por ejemplo, a factores como el aumento de la población, el contacto se ve incrementado y entonces pueden saltar a las personas.

¿Nuestros hábitos pueden acelerar ese proceso?
Es difícil de predecir. No sabemos con seguridad qué virus pueden provocar problemas en los humanos. Un ejemplo son los casos del virus Nipah que se han dado en el sureste asiático, donde se propagó después de que la actividad ganadera de cerdos se trasladara a zonas más adentradas de la jungla, lo que fomentó el contacto de estos animales con murciélagos infestados con el virus. Los murciélagos pasaron el virus a los cerdos y de ahí pasó a las personas, a las que causa encefalitis.

¿Le preocupan más los virus emergentes o los nuevos?
El peor virus nuevo al que nos hemos enfrentado es el que causa el SIDA, que existe desde hace unos 50 años. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que ha sido documentada la presencia previa de un virus parecido en chimpancés que no afectaba a humanos, pero que terminó contaminándolos provocando la epidemia. El SIDA es sin duda una de las enfermedades víricas que sigue causando más trastornos a la humanidad.

¿Es el mayor reto de la virología?
El mayor reto de los virólogos es encontrar métodos de contención para virus tan complicados como el SIDA o la Hepatitis C. En antivirales se han hecho progresos, pero en vacunas estamos todavía un poco lejos de alcanzar el objetivo.

Tengo entendido que su equipo se encuentra investigando sobre el NDV -Newcastle Disease Virus- aplicado al tratamiento del VIH y del cáncer.
Así es, aunque no sólo nosotros trabajamos en esta posibilidad. Es un virus que tiene propiedades antitumorales, por lo que estamos intentando averiguar si es posible utilizarlo para tratar determinados cánceres.

Atesora siete patentes, ¿sobre qué?
Las patentes son una invención que puede tener una aplicación comercial. Tengo una que está clínicamente usada y que sirve para generar vacunas del virus de la gripe, aunque hay otras que todavía no han sido utilizadas.

En 2005, reconstruyó por primera vez el virus de la pandemia de la gripe española de 1918, que mató a entre 20 y 50 millones de personas en todo el mundo. ¿Lo considera su mayor logro?
Es por lo que soy más conocido. Considero más importantes las técnicas que desarrollamos y que hicieron posible rescatar el virus de 1918 que haberlo reconstruido en sí mismo. Esas técnicas sirven ahora para otras aplicaciones, como desarrollar mejores vacunas.

¿Qué recuerdo guarda de España?
En España fue donde me familiaricé con las técnicas de investigación, ya que fue aquí donde hice mi tesis. No pierdo de vista que, aunque he tenido más formación en Estados Unidos, mi primer contacto con lo que soy ahora se encuentra en Salamanca, así que creo que, de no haber sido por eso, no podría haber conseguido lo que vino después. Me hice con una beca del Gobierno para pasar dos años en Estados Unidos, donde busqué mi propia financiación para quedarme. Tengo presente que la razón por la que tengo mi laboratorio en Nueva York es porque hice mi tesis en Salamanca, porque tuve un director que me enseñó los principios básicos de la investigación y por la beca de la que hablo.

¿Se considera un afortunado ante la situación de la ciencia en España?
Me considero muy afortunado. No hay duda de que ahora mismo en España está muy mal la situación para los que se dedican a la investigación. Es muy duro lo que está pasando. Lo que ocurre es que a corto plazo no se ven los resultados en inversión de los proyectos científicos, pero son los que en diez o veinte años sacan productos para la salud que no sólo son importantes en ese sentido, sino también para la economía de un país. Aunque antes también había muchos científicos que salían de España para formarse, lo habitual era que regresaran. Ahora son más los que se van para no volver.






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